Nuevos disturbios derivados del abuso de poder por parte de la policía en EEUU. Esta vez en Charlotte, Carolina del Norte, como respuesta al tiroteo de un hombre negro aparentemente desarmado al ser parado por las fuerzas de seguridad y tener que bajar de su vehículo.

Como de costumbre, se ha montado una buena trifulca en las calles de la ciudad norteamericana. Y no es para menos. Resulta indignante el mero hecho de vivir con miedo a que un policía te pare conduciendo y te dispare alegando que ibas armado o que pretendías herirle mientras tratabas de sacar la documentación que te ha exigido.

Pero, como de costumbre también, la lectura que hace la sociedad de estos hechos es errónea. Me explico: la opinión pública clama que la base de este problema es el racismo imperante en la sociedad norteamericana, que se ha implantado con fuerza entre los “matones” del Estado. Pero la realidad es bien distinta porque, si nos basamos en el simple hecho de que ha sido un blanco el que ha disparado a un negro, igualmente podríamos decir que existe racismo por parte de los afroamericanos hacia los blancos cuando, el otro día, un policía negro disparó hasta la muerte a un ciudadano blanco, en unas condiciones similares al caso de Charlotte.

En lo que debemos centrarnos a la hora de analizar este asunto es en la fuerza represiva del Estado, y no en algo tan banal como el color de piel de los agentes y del ciudadano asesinado. Lo preocupante es que el Estado haya ganado tanta fuerza como para decidir que sus agentes de policía puedan actuar de una manera tan liberticida contra la población. Y no me refiero a los delincuentes, sobre los que debe caer todo el peso de la Ley, sino a los ciudadanos de a pie, a los que van del trabajo a casa y viceversa, que en ocasiones se ven obstaculizados por los aires de superioridad de estos agentes y, en los peores casos, acaban perdiendo la vida porque estos tienen carta blanca para pegar tiros a diestro y siniestro a la mínima.

Que sí, que todos comprendemos que estén histéricos desde el 11-S. Pero seamos realistas: la grandísima mayoría de estadounidenses solo buscan vivir sus vidas tranquilamente, y no acribillar a la policía a tiros porque les manden bajar del coche en mitad de la autopista. Debemos detener esta espiral interminable de estatismo y cesión de soberanía y libertad al Estado en aras de conseguir una falsa seguridad que nunca llega. Con el pretexto de defender al ciudadano, estamos consiguiendo precisamente ser vulnerables desde dentro. Y eso es algo que no podemos consentir.

Carlos Navarro - 2Acerca del autor: Carlos Navarro

Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Valencia. Miembro de las NNGG del PP y Vicesecretario de Acción Política de Unió d’Estudiants Valencians. Co-fundador de Ágora Libertaria y miembro de ESFL Valencia. Blog personal 

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