Opinión

España, Tercer Mundo

Carlos Navarro Ahicart
Carlos Navarro Ahicart
Articulista de opinión y redactor. Co-fundador de la plataforma Ágora Libertaria. Miembro del European Youth Parliament desde 2014. Responsable de Comunicación del PP de la provincia de Valencia.

La crisis migratoria que sufre a día de hoy nuestro país es innegable. El sueño húmedo de la progresía española y del propio George Soros parece hacerse realidad a pasos agigantados: cada vez más inmigrantes ilegales llegan a territorio nacional por todas las vías disponibles y la violencia no deja de escalar. Tenemos el ejemplo más reciente: un turista americano en Barcelona atacado brutalmente por varios manteros de la ciudad condal. Es más que evidente que las culturas de estos inmigrantes son incompatibles y contrarias a la base más elemental de la civilización occidental. Y, ahora, ¿qué hacemos?

Hay quien dice que España debe tener sus fronteras abiertas a cualquier tipo de inmigración. Que debemos ser responsables y «humanos» y acoger a cualquier persona que ponga su vida en peligro para cruzar el bravo Mediterráneo en una patera de tres al cuarto. Hay quien cree que debemos retirar las concertinas de las vallas de nuestras fronteras sureñas mientras desea por lo bajini que las sustituyamos por escaleras mecánicas que conduzcan a un generoso banquete de bienvenida con nacionalidad desregulada y servicios sociales gratuitos. Porque, sí: tontos hay hasta en las mejores familias.

Por contra, hay quien habla de un «Plan Marshall» para África. Una propuesta que ha sido recibida por la opinión pública como poco menos que una broma, pero que tiene mucho de cierto y de coherente. Es una idea que se ha ido popularizando paulatinamente durante los últimos tiempos y que cobra cada vez más fuerza entre los círculos intelectuales y estratégicos que tienen la mirada puesta en África. Evidentemente, el avance y la capacidad de desarrollo de cualquier nación extranjera y ajena a cualquiera de nuestros tratados vigentes no es asunto nuestro per se. Pero empieza a convertirse en algo, como mínimo, de nuestra incumbencia, cuando es precisamente esa falta de capacidad lo que empuja a cada vez más inmigrantes a emprender el camino hacia nuestros países.

Italia está desbordada. Nosotros, camino de estarlo a pesar de la insistencia de nuestro presidente y de las fuerzas políticas irresponsables de la izquierda que insisten en hacer un enérgico llamamiento al «café para todos» dentro de nuestras fronteras. Al otro lado del océano ya empezamos a ser vistos como el centro neurálgico de las mafias de tráfico de personas, de manteros y de otros tantos criminales que se lucran cada vez que un desvalido negrito pone un pie en nuestras costas. Debemos tomar las riendas de la situación de manera urgente.

Ya sea estimulando el crecimiento y el desarrollo en los países de origen, endureciendo nuestra política fronteriza o ajustando el sistema para que no seamos el buffet libre de la inmigración ilegal; lo que está claro es que no podemos aguantar mucho más tiempo así. La paciencia de los españoles tiene un límite, así como la capacidad de asimilación entre culturas contrapuestas. Seamos responsables y pongamos las cartas sobre la mesa. Soros acecha, sediento de un Occidente derruido e irreconocible. Y nosotros tenemos la responsabilidad de conservar nuestro modo de vida para no caer en las tinieblas teístas de las culturas invasoras.

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Carlos Navarro Ahicart
Carlos Navarro Ahicart
Articulista de opinión y redactor. Co-fundador de la plataforma Ágora Libertaria. Miembro del European Youth Parliament desde 2014. Responsable de Comunicación del PP de la provincia de Valencia.

OpiniónPolítica

Guerracivilismo contemporáneo

Carlos Navarro Ahicart
Carlos Navarro Ahicart
Articulista de opinión y redactor. Co-fundador de la plataforma Ágora Libertaria. Miembro del European Youth Parliament desde 2014. Responsable de Comunicación del PP de la provincia de Valencia.

El gobierno de Sánchez recupera la memoria histórica. Es una frase habitual en los titulares más recientes, a raíz de la inminente orden para exhumar los restos de Francisco Franco de su sepulcro en el Valle de los Caídos, un monumento que rinde luto a los fallecidos de ambos bandos (nacional y republicano) durante la Guerra Civil española. Una medida bien recibida y esperada por muchos, así como rechazada e innecesaria para otros tantos. Lo bien cierto es que, sobre cualquier otra cosa, es una decisión hipócrita viniendo de quien viene.

El planteamiento es el siguiente: se supone que se trata de una medida destinada a la dignificación de las víctimas de la guerra civil. Suponiendo, claro está, que las únicas víctimas que hubo fueron de la cuerda del señor Presidente. De acuerdo: ganó el bando franquista y eso significa que el dictador no puede estar ahí. ¿Por qué, entonces, una de las primeras medidas de este Ejecutivo Frankenstein ha sido ceder ante el independentismo vasco con el acercamiento de los presos etarras al País Vasco?

ETA cesó su actividad hace algunos años y se disolvió oficialmente hace bien poco. Franco, por su parte, lleva más de 40 años muerto y va a hacer precisamente 40 años desde que se aprobó nuestra Constitución, que supuso el fin de la etapa en dictadura y el inicio de la democracia en nuestro país. ¿Alguien es capaz de explicar por qué los españoles debemos perdonar y olvidar los crímenes de ETA y aceptar concesiones a asesinos; mientras tenemos que ponernos en pie de guerra contra un monumento a los caídos en guerra y contra el cadáver de un dictador que ni siquiera corresponde a nuestra generación? Sinceramente, y creo que hablo en nombre de muchos cuando enuncio esto: me parece una soberana tomadura de pelo a los españoles.

Este es el gobierno de las concesiones a los criminales. Primero a asesinos etarras que ahora vivirán un poco más felices cerca de sus seres queridos, no como los familiares y allegados de los 829 asesinados durante la historia de ETA. Después, a los golpistas independentistas catalanes, que encontrarán en Sánchez un perfecto títere que manejar a su antojo mientras siguen atentando contra la unidad de nuestro país, la legalidad y la propia Constitución. Entretanto, mientras cerramos a marchas forzadas las heridas del terrorismo y del golpismo, reabrimos la terrible fractura de las dos Españas de la Guerra Civil con actos de simbolismo político puro y duro contra los fantasmas del franquismo.

Hemos entrado en una vorágine del absurdo en este país. Solo faltaba la caída de Rajoy para que se terminase de materializar el discurso del odio que PSOE, Podemos y el resto de sus muletas del poder quieren imponer en la sociedad. Divide y vencerás: una máxima que ha sobrevivido a lo largo de los siglos por su precisión y veracidad, y que tienen muy clara los ingenieros sociales del comunismo patrio. Cargarse la marca España, la unidad de los españoles, es esencial para que puedan alcanzar el poder. Lo han hecho, a la larga, y seguirán intentándolo hasta que el sentido común y el sentimiento de pertenencia a un mismo pueblo acaben por desaparecer y pueda, por fin, reinar la discordia y la división guerracivilista que tanto añoran. Porque necesitan ganar una guerra, aunque sea así.

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