Sigue la dictadura

Ha muerto Fidel Castro, una de las figuras históricas del siglo XX y uno de los dictadores que más tiempo ha estado en el poder. 47 años al frente del gobierno autoritario que implantó al finalizar la Revolución Cubana, con el desbanco del anterior gobierno, dirigido por el general Batista.

Toda dictadura suele tener como método de cabecera la mentira y la imposición de unos postulados mediante la fuerza, incluso mediante mecanismos de terror. Y Fidel Castro no se iba a quedar atrás. La mentira la utilizó desde el momento que prometió devolver a Cuba la democracia y libertad política (elecciones libres y plurales, medios de comunicación independientes, pluralismo político) que la dictadura de Fulgencio Batista había apartado del camino. Nada de eso ocurrió cuando terminó victoriosa la revolución. No ha habido elecciones libres y plurales. No ha habido medios de comunicación independientes (solo es legal el Granma, afín al régimen, que se comporta como una rama del mismo, con la función de la propaganda). Tampoco ha habido pluralismo político; como ocurre en los regímenes de partido único, los demás partidos han estado ilegalizados y los que no han comulgado con las directrices del régimen, han sido perseguidos, muchos de ellos en el exilio, incluso encarcelados.

Los mecanismos de terror también han sido utilizados por el dictador cubano, al más fiel estilo de Lenin, quien impuso el «terror de masas» en lo que terminaría siendo la URSS, el cual se caracterizaba por la persecución del Otro, hasta su aniquilación, ya fuera social o física. ¿Cuál ha sido el «terror de masas» utilizado por el régimen castrista? Los campos de concentración conocidos como UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), cuya función era, entre otras, acabar con la homosexualidad (“El trabajo os hará hombres”). La Revolución Cubana persiguió a quienes no cumplían con el patrón sexual que impusieron los dirigentes revolucionarios. Las condiciones de vida en las UMAP eran pésimas, como en todo campo de reclutamiento forzoso. Y todo un aparato policial represivo, con persecuciones constantes y cárceles.

Como digo, en la Cuba castrista no ha habido libertad ni democracia. Tanto en el plano económico como político. Freedom House califica de “no libre” mientras The Heritage Foundation cierra su ranking de libertad económica con Cuba, solo superada por Corea del Norte.

Ha muerto Fidel Castro, pero Cuba sigue en manos de un régimen dictatorial encabezado por el hermano de la bestia, Raúl Castro. Los que anhelamos la libertad en la isla caribeña no debemos quedarnos aquí. Ahora es cuando más presión hay que meter. Ojalá podamos celebrar pronto el fin de la dictadura cubana. Libertad para Cuba. Cuanto antes.

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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Anti-establishment

Podemos definir «establishment» como aquellos poderes políticos y económicos-financieros (élites) que mandan en sus respectivos países, o incluso en varios de ellos a la vez a través de organismos supraestatales, como puede ser la Unión Europea; y la relación entre ellos. Dichos poderes son constantes en el tiempo, y no se trata tanto de personas, sino más de ideas y acciones políticas y económicas.

Han surgido en los últimos años multitud de movimientos anti-establishment a lo largo y ancho del mundo, como respuesta, principalmente, a la crisis económica que comenzó a partir de 2007 y la fractura de algunos sistemas políticos, como estamos viendo en España, basado en un aumento del descontento de la gente (que no desafección, la cual es más o menos constante a lo largo del tiempo) hacia sus clases dirigentes.

La idea de estos movimientos es clara: la crisis es causada por el establishment y la solución vendrá de la mano de los anti-establishment, por lo que a mayor nivel de crisis y más direcciones de estas, mayor espacio para su discurso [anti-establishment].

La crisis económica que comenzó en 2007 puso de manifiesto el contexto perfecto para los movimientos anti-establishment actuales, basado en un relato falso, necesario para las metas ideológicas de muchos de estos movimientos. Se ha hecho un análisis equivocado de las causas de dicha crisis, y por tanto, se ponen sobre la mesa soluciones también equivocadas para intentar solucionarlo. No dejamos de leer en algunos libros y periódicos y de oír en debates, mítines, programas de televisión, radio, etc. que la crisis actual ha sido consecuencia del capitalismo de libre mercado (laissez-faire): austeridad, desregulación, poder absoluto de los mercados, etc. En realidad, nada de eso ocurrió en los años previos, ni durante los años más duros de la crisis económica.

Así pues, los movimientos anti-establishment actuales son movimientos políticos que llevan en su agenda política más control, más intervención y la recuperación de la soberanía nacional (cedida a las multinacionales o a la Unión Europea, el Euro, etc.). Si la crisis fue culpa del liberalismo, necesitamos avanzar (dicen) en una nueva dirección, que sea anti-liberal, identificando en la mayoría de ocasiones al establishment con capitalismo radical y liberalismo (neoliberalismo lo llaman).

El anti-establishment per se no es la solución a nada; depende del foco político-económico y las propuestas que se lleven en la agenda política. Aunque la gran mayoría de los anti-establishment actuales son intervencionistas y anti-liberales, puede haber movimientos en contra de las élites que propongan menos intervención y mayor libertad y cooperación, de verdad, entre la gente. Que defiendan una devolución de sectores estatalizados a la sociedad civil. Como digo, el movimiento anti-establishment en cuestión depende de la óptica política y económica que defienda.

Como he dicho antes, una de las demandas de estos movimientos es la recuperación de la soberanía, cedida a entes que están por encima de los Estados, o incluso, a empresas y el ‘Capital’, según dicen ellos mismos. Recuperar soberanía puede sonar bonito, es verdad, pero estamos ante el mismo problema: no hay soberanía individual y sigue habiendo coacción desde la clase dirigente [ya sea considerada establishment o anti-establishment] a la clase dirigida.

«Establishment» o «anti-establishment», nos controlan desde su posición de poder, nos dirigen e intervienen en todo lo que pueden. Manejan la economía a su antojo. Se relacionan con empresas amigas, dando todo tipo de favores desde su posición privilegiada. Un movimiento anti-establishment no es la solución a nada mientras sigan haciendo un relato falso, con el que consiguen mayor espacio político. Mientras sigan proponiendo mayor control, mayor intervención, en definitiva, seguir aumentando el poder de la política y la burocracia sobre los individuos, seguiremos con el mismo problema, aunque lo disfracen de “democracia”, “pueblo”, “soberanía”, etc. También los cerdos de la granja de Orwell eran anti-humanos y acabaron sin poder distinguir quién era cerdo y quién humano.

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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“Liberalismo que nos invade”: más impuestos

Desde que comenzara la crisis económica a mediados de 2007, las Comunidades Autónomas no han dejado de crear nuevos impuestos, según dicen, para paliar la caída de la recaudación. Entre las CCAA que más impuestos nuevos han creado en estos años se encuentran Cataluña (de 7 a 13) y Andalucía (de 5 a 8). En total, las Autonomías controlan hasta 76 impuestos propios en la actualidad, por los 49 que eran a principios de la crisis. Solo dos CCAA no han aumentado el número de impuestos: la Comunidad de Madrid y la Región de Murcia.

Si un discurso ha sido predominante estos años de “recortes” e intervención estatal sin tapujos es que “el liberalismo nos invade” (o el neoliberalismo, como forma peyorativa de liberalismo). Así, no dudan en denominar como políticas económicas liberales a aumentar el gasto público, subir los impuestos y que aumente el déficit y la deuda pública. Nunca falla tampoco el denominar “liberal” al Banco Central Europeo, cayendo en el absurdo.

La realidad es bien diferente. En España no hay rastro de políticas liberales. Como pone de manifiesto el Informe sobre el Panorama de la Fiscalidad Autonómica y Foral, que realiza el Consejo General de Economistas, en España se legisla mucho, apreciándose un aumento considerable en los últimos años.

Según el propio informe, con datos del Ministerio de Hacienda, la recaudación tributaria de las CCAA bajó considerablemente entre el comienzo de la crisis y 2010 (de 82.700 millones a casi 65.800). En 2013 la película había cambiado y ya se recaudaba vía tributos más que al comienzo de la crisis. Entre IRPF, IVA e IIEE, las Autonomías recaudaban casi el 85% de sus ingresos tributarios en ese año.

Muchos dicen que “el liberalismo nos invade” pero eso es mentira. No se puede decir que haya liberalismo mientras aumentan los impuestos, se interviene más y los políticos siguen creando redes tributarias y legislativas que no dejan nada fuera de ellas. Lo que nos invade es el consenso socialdemócrata, el pensamiento único. El pensamiento de que gracias al Estado vivimos, comemos, nos vestimos y tenemos educación y sanidad. Como si el Estado fuera un ente mágico que nos da todo gratis y sin pedirnos nada a cambio. Muchos piensan así, son los idolatradores del Estado, como bien explica el profesor Huerta de Soto.

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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Podemos y el Frente Nacional, no tan diferentes

A principios de julio se celebró una conferencia de Pablo Iglesias, dentro de los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid, en la que han ido participando los principales dirigentes de Podemos. En su conferencia, el Secretario General de Podemos vino a decir algo así como que “gracias a Podemos no tenemos en España un Frente Nacional”, en referencia al partido político dirigido por Marine Le Pen en Francia.

Pero, ¿son tan diferentes Podemos y el Frente Nacional?

Ambos partidos son populistas. En el caso del partido de Le Pen es un populismo que va contra la inmigración, pero también contra el «establishment», tanto a nivel francés como europeo. Mientras, en Podemos solo hacen afán de un populismo en contra de las élites, de esa minoría «establishment», que va en contra de la mayoría social. Como he dicho en muchas ocasiones, siempre que he hablado de populismo, algo que muchos confunden continuamente con «demagogia» o «electoralismo», es la necesidad de la división de la sociedad para que dicho populismo tenga éxito. La división, entre «Pueblo» y «no Pueblo» responde a la necesidad de antagonismo que han propuesto los principales teóricos del populismo al que se atañe Podemos (al igual que los movimientos populistas latinoamericanos), como son Laclau y Mouffe. En el caso del Frente Nacional, la división también queda clara, y más a raíz de la inmigración masiva y de la oleada de atentados producidos en Francia a lo largo de los últimos meses.

Por otro lado, para que esa división se produzca, hay que encontrar al enemigo, algo a lo que se refiere (la siempre grande) Hannah Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo como el «enemigo objetivo», el “portador de tendencias” como si fuera el portador de una enfermedad.

Otro parecido lo encontramos en las medidas económicas y sociales que proponen ambos partidos. Abogan por la salida de la UE y el euro, por mucho que desde Podemos ahora lo maquillen por intereses electorales; era una medida del programa electoral de las elecciones europeas de 2014, cuando mostraban su verdadera cara, y no el invento de «socialdemócratas», cuentos para no dormir que no se cree nadie. Y es la aspiración de parte de Unidos Podemos.

Ambos partidos quieren hacer del Estado una máquina más grande. No han tenido suficiente con la expansión de estos años. Coinciden en que el «el neoliberalismo» es la causa de la actual situación. Coinciden en que hay que blindar los «derechos sociales», como educación y sanidad.

El FN aboga por recuperar la soberanía «nacional» mientras que Podemos quiere recuperar la soberanía «popular»; al fin y al cabo quieren su política monetaria, su propia política de fronteras (en el caso francés mucho más cerrada), y que el destino de sus países no quede en manos de la oligarquía de la UE (algo en lo que tienen razón, no así en la solución).

Tanto el Frente Nacional como Podemos han protagonizado su proceso de auge (aunque el Frente Nacional no sea de nueva creación, ha tenido periodos intermitentes de relevancia política, llegando en 2002, cuando Jean-Marie Le Pen consiguió 5.5 millones de votos en las elecciones presidenciales, y en 2012-2015, a su cima política), como ocurre con todos los populismos y movimientos autoritarios, en una crisis económica, política e institucional que ha asolado a prácticamente toda Europa. La crisis que se expresó a partir de 2007, bajo una forma financiera, y cuyos efectos han desestabilizado la confianza en la capacidad de las democracias occidentales de resolver los problemas causados por dicha crisis. A la crisis económica, padecida más en España, se le suma la crisis migratoria y de la radicalización islámica, padecida más en Francia.

Desde hace dos años, fecha en la que se constituyó la nueva legislatura, ambos partidos vienen protagonizando votaciones conjuntas en el Parlamento Europeo, algunas junto al UKIP, principal baluarte del ‘Brexit’, y otras junto al Movimiento 5 Estrellas, de Beppe Grillo. Las más famosas, aquellas contra la UE y el euro.

La trampa de Pablo Iglesias para decir que son diferentes al Frente Nacional es la escala ideológica izquierda-derecha (y el discurso de la inmigración, también). La trampa de siempre, cuando extrema izquierda y extrema derecha son prácticamente lo mismo, pero no les gusta que les relacionen. Es lo que hay. En una escala Estado-individuo, tanto Podemos como Frente Nacional están en Estado, son más favorables a políticas estatistas, en contra del individuo y de la sociedad civil en su conjunto. Ambos partidos son anti-liberales, y siempre que pueden, dirigentes y militantes se enorgullecen de tal condición.

Desde estas líneas le digo a Pablo Iglesias que en España no hay un Frente Nacional porque ya está Podemos, no gracias a él. Podemos no es muy diferente al partido galo. En economía son muy parecidos. La ‘eurofobia’ está inoculada en ambas formaciones. Se diferencian en el aspecto migratorio y en el énfasis de ‘nación’, que es mucho más pronunciado en el caso del Frente Nacional (Francia para los franceses, que diría Jean-Marie Le Pen).

Lo que queda claro, al menos para mí, es que tanto el Frente Nacional como Podemos son partidos autoritarios, que no salvaguardarían las democracias en sus respectivos países, ni mucho menos la libertad. Son un peligro para ambas, como lo fueron en su día el Partido Fascista italiano, el Partido Nazi alemán o el Partido Comunista soviético, por poner tres ejemplos concretos.

No es lógico que algunos vean con buenos ojos a una formación y vea como un peligro a la otra, cuando en esencia son muy parecidas. Es el caso de Chantal Mouffe, teórica política que tiene mucho que ver en la creación de Podemos. Mouffe afirma a lo largo de su obra que hay un populismo malo, de derechas, xenófobo, que excluye a los inmigrantes (el caso del Frente Nacional); y un populismo bueno, progresista, que defiende “la igualdad y la justicia social” (lo que sería para ella el caso de Podemos). En tanto que el populismo se construye cavando diferencias entre el «Pueblo» y el «no Pueblo», siempre fue y será excluyente. Los excluidos (el «enemigo objetivo») pueden ser los inmigrantes, las élites políticas y económicas, los judíos, los que no son de mi clase social o todo aquel que considere el líder populista, pero el populismo necesita excluir a una parte de la sociedad para hacerse fuerte.

En definitiva, Podemos y el Frente Nacional no son tan diferentes. En España no hay un FN porque ya está Podemos jugando el rol de partido populista que entra en el tablero parlamentario y gubernamental, no solo a nivel nacional, sino autonómico y municipal.

Y porque en España no hay un problema de inmigración y radicalismo islámico (creciente en los últimos años) tan característico como en Francia. En ello tienen que ver también las causas de la creación de cada partido. El FN nace como respuesta a la inmigración constante en Francia en los años 60-70 (que aviva la crisis económica, según el discurso frentenacionalista), mientras que Podemos nace del 15-M y una respuesta de hastío y protesta contra las élites políticas y económicas, la supuesta desigualdad y pobreza, como causa de las «políticas neoliberales» que han ido sumiendo a España en una crisis continua.

Yo detesto a los liberticidas. Y tanto Podemos como el Frente Nacional lo son. En el fondo, y como he expuesto, no son tan diferentes. Pablo Iglesias debería enterarse de que en España no hay un Frente Nacional porque ya está Podemos. Radicales y autoritarios unos como otros. Están más cerca ideológicamente de lo que creen, aunque lo nieguen. A mí (como a muchos otros) no me engañan.

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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Aragón sigue siendo nuestro Ohio

Con los resultados del 26-J en la mano, una conclusión es fácil: Aragón sigue siendo nuestro particular Ohio.

Desde las presidenciales de 1964, el candidato que se impone en el Estado de Ohio termina en la Casa Blanca. Ohio es uno de los ‘swing states’ existentes en EEUU, es decir, aquellos distritos electorales en los que la competencia política es más intensa y no existe un dominador claro, pudiendo ser el ganador de un partido u otro en cada elección.

En España ocurre algo parecido. Desde las primeras elecciones democráticas (1977), quien gana en Aragón, gana las elecciones generales. Algo que se ha ido mejorando en las últimas citas electorales, pues no solo el partido ganador es el mismo, sino el orden electoral, algo que no sucedía anteriormente.

Aragón es un fiel reflejo de lo que pasa en el conjunto de España, como indica el equipo Piedras de Papel en el prólogo de su libro Aragón es nuestro Ohio. En las Cortes aragonesas se produce un reflejo de la pluralidad política española, tanto en el plano ideológico (escala izquierda-derecha) como en el plano territorial. A los partidos de carácter nacional (PP, PSOE, Podemos, C’s e IU) se suman los partidos de carácter regionalista aragonés (Partido Aragonés, de centro-derecha; y la Chunta Aragonesista (ChA), de izquierdas).

Por otro lado, las tres circunscripciones electorales de Aragón son también un reflejo de lo que ocurre en el conjunto de España, ya que combina una circunscripción mediana y dos pequeñas.

El 26-J no podía ser de otra manera y Aragón fue el termómetro electoral de España, sin sorpasso de Unidos Podemos y con una victoria clara del Partido Popular, tal y como ocurrió el 20-D en esta misma comunidad autónoma.

Elecciones Generales 2016 - Comparativa Aragón - España

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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Programa económico del P-LIB: libertad y sentido común

Se acercan unas nuevas elecciones generales y ya podemos ir sacando conclusiones de qué partido político nos puede gustar más o menos. Está claro que en la política española impera lo que se conoce como «consenso socialdemócrata», explicado muy bien por Almudena Negro en una conferencia en el Instituto Juan de Mariana. ¿Pero todos los partidos están cómodos y contentos con dicho Consenso? No, ni muchos menos, hay partidos que aspiran a devolver a la sociedad civil todo lo que el Estado, por medio de políticos y burócratas, les ha arrebatado, como la educación, la sanidad, las pensiones, etc.

Uno de esos partidos es el Partido Libertario, más conocido como P-LIB, el cual defiende una amplia reducción de los ámbitos de actuación del Estado y una devolución de los sectores intervenidos a la sociedad civil. Al contrario que los partidos que encabezan las encuestas electorales, que apuestan por más Estado, más gasto, más impuestos, más estafa piramidal de las pensiones públicas, etc., en definitiva apuestan por más pensamiento único, esto es, más Consenso Socialdemócrata.

El programa económico del Partido Libertario es el único que me convence. Dicho programa, breve y sencillo de entender, defiende lo siguiente:

  • Abolición inmediata del Impuesto sobre Patrimonio.
  • Abolición inmediata del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones.
  • Progresiva eliminación de los Impuestos Especiales. Los productos solo se gravarían con IVA.
  • Flat Tax del 10% en IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades.
  • Transición del modelo de reparto a un modelo de capitalización individual en las pensiones.
  • Eliminación de la cuota de autónomo.
  • Liberalización de la circulación de capitales.

Aplicando dichas propuestas no se perseguiría a los ricos por el hecho de serlo, como siempre proponen desde la izquierda. También podrías recibir la herencia de tus padres sin tener que pagar (otra vez) por el dinero o pago en especies que tú heredes. Pagarías por la gasolina o la luz lo que costara, y no lo que los políticos de turno quieran inflar el precio mediante subvenciones a las renovables, tasas y más impuestos. En la actualidad, el precio de la luz y la gasolina doblan su precio real.

Con estas propuestas, cada uno tendríamos nuestro plan de pensiones que quisiéramos, no el que no impongan desde arriba, como en la actualidad. Podríamos optar a pensiones económicamente más viables y sin estafas piramidales. También dejaríamos de pagar por ser autónomos, algo que deberían defender todos los partidos, pues pagar por trabajar no me parece lo más correcto, ni moralmente aceptable.

La reducción de IRPF, IVA y Sociedades planteada por el Partido Libertario nos daría opción de crear más riqueza, de tener más dinero disponible para poder ahorrar e invertir (o consumir más). A su vez, junto a la eliminación del salario mínimo (un invento franquista de la que todos los partidos del consenso socialdemócrata están muy orgullosos), daría lugar a una reducción de la tasa de paro, creando empleo basado en la libre negociación entre empresarios y trabajadores, abriendo paso a la negociación individual.

El P-LIB, del mismo modo, se basa en la idea de la liberalización del mercado que defendemos muchos liberales, libertarios y demás familias del liberalismo. A su vez, el capitalismo como base de la sociedad. Pero un capitalismo de libre mercado, un capitalismo real, no el «capitalismo de amiguetes» que tenemos tanto en España como en buena parte de Europa, que no es más que proteccionismo e intervencionismo. Hay que recuperar la esencia capitalista, como protectora del derecho de propiedad privada y un comercio sin trabas ni aranceles.

Grosso modo, el programa fiscal y económico del Partido Libertario se resume en menos Estado, más mercado y más acuerdos voluntarios entre individuos. La propaganda estatista ha triunfado en nuestro país, haciendo ver que necesitamos de un Estado grande, que controle todo, para que podamos vivir sin caer en el caos (cuando el caos es un Estado de tal dimensión). Acabar con el consenso socialdemócrata sería un paso muy importante para recuperar cotas de libertad y apostar por una sociedad libre, sin coacciones ni intervenciones estatales en los planes de vida de las personas, siempre que no agreda la libertad, vida o propiedad de terceras personas, como es lógico. Libertad es prosperidad.

* Para conocer más propuestas del P-LIB, pinche aquí.

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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Unidos Podemos o por qué quedar 2º en votos no implica quedar automáticamente 2º en escaños

A falta de un mes para las próximas elecciones generales, la gran mayoría de encuestas y runrún político gira en torno al posible «sorpasso» de la coalición Unidos Podemos al PSOE. El 20-D el PSOE quedó por encima de Podemos y sus confluencias, toda vez que IU iba por su lado y fue el partido más perjudicado por el sistema electoral, como viene ocurriendo desde las elecciones de 1977.

Ahora bien, si todo apunta a que Unidos Podemos superará al PSOE en votos, ¿lo hará en escaños? Analizando el sistema electoral español se puede llegar a la conclusión de que no hay que tirar las campanas al vuelo sobre el adelantamiento de Unidos Podemos al PSOE en cuanto a escaños.

El sistema electoral español está formado por 52 circunscripciones provinciales (las 50 provincias más Ceuta y Melilla), que se pueden dividir en 3 tipos: pequeñas (eligen entre 1 y 5 diputados), medianas (entre 6 y 9) y grandes (las que eligen a partir de 10 diputados).

A su vez, el sistema electoral español, pese a considerarse proporcional, tiene un efecto mayoritario: demasiadas circunscripciones eligen poco diputados (de las 52 circunscripciones, más de la mitad (28) son pequeñas). ¿Qué se traduce de esto? Como es de esperar, en esas circunscripciones que eligen pocos diputados, son elegidos los candidatos de los partidos más votados, dejando fuera de la asignación de escaños, aunque consigan un alto porcentaje de voto, a terceros y cuartos partidos.

Esta es una de las claves donde puede estar un «sorpasso» fallido de Unidos Podemos al PSOE en cuanto a escaños. Como he dicho, el sistema electoral español, aun siendo proporcional, tiene un efecto mayoritario. En esas circunscripciones donde se eligen menos diputados, se fomenta más el bipartidismo a través del «voto útil», que es la percepción que tiene el votante de que el partido que le gustaría elegir no tiene muchas posibilidades de lograr representación, optando el votante entonces por un partido mayoritario.

En el siguiente cuadro se observa el resultado que obtuvieron el PSOE y la suma Podemos+IU en cada circunscripción (salvo Ceuta y Melilla, donde obtiene el escaño el partido más votado, generalmente el PP).

Circunscripción

Escaños PSOE Podemos

Diferencia de votos * (redondeo)

Pequeñas

Soria

2 1 40.000

Ávila

3 1

4.000

Cuenca

1

20.000

Guadalajara

1 1

1.000

Huesca

1 1 3.000
Palencia 1

7.000

Segovia

1 3.000

Teruel

1 1 4.000
Zamora 1

5.000

Álava

4 2 -29.000

Albacete

1 1

24.000

Burgos 1 1

-2.000

Cáceres 2

43.000

Lérida

1 1 -6.000
Lugo 1 1

10.000

Orense

1 1 10.000
La Rioja 1 1

7.000

Salamanca

1 13.000
Cantabria 5 1 1

1.000

Castellón

1 1 -17.000

Ciudad Real

2 1 45.000
Huelva 2 1

25.000

Jaén

2 1 85.000
León 1 1

9.000

Navarra

1 2

-40.000

Valladolid 1 1

13.000

Medianas

Almería 6 2 1

39.000

Badajoz

3 1 89.000
Córdoba 2 1

45.000

Gerona

1 1 -12.000
Guipúzcoa 1 2

-56.000

Tarragona

1 1 -18.000
Toledo 2 1

42.000

Granada

7 2 2 50.000
Pontevedra 2 2

-40.000

SC de Tenerife

2 2 -7.000
Zaragoza 2 2

-17.000

Asturias

8 2 2 -40.000
Baleares 2 2

-34.000

La Coruña

2 2 -40.000
Las Palmas 2 3

-35.000

Vizcaya

1 3 -103.000
Cádiz 9 3 2

12.000

Grandes

Murcia

10 2 2 14.000
Málaga 11 3 3

23.000

Alicante

12 3 3 -46.000
Sevilla 5 3

100.000

Valencia

15 3 5 -189.000
Barcelona 31 5 9

-303.000

Madrid

36 6 10

-297.000

*Para la diferencia de votos: (Votos del PSOE – votos de Podemos/IU). El signo negativo indica que en esa circunscripción ha sido más votada la suma de Podemos e IU.

Como se puede observar, el PSOE obtiene una diferencia mayor en las circunscripciones pequeñas y medianas que la suma de Podemos+IU en las circunscripciones grandes.

Escaños por tipo de circunscripción

Pequeñas Medianas

Grandes

PSOE

29 32 27
Podemos + IU 20 30

35

El PSOE obtiene una diferencia de escaños mayor conforme disminuye el tamaño de la circunscripción. Mientras en las circunscripciones grandes Podemos obtiene 35 diputados, en las pequeñas solo llega a conseguir 20. Lo que confirma el efecto mayoritario del sistema electoral español, por el cual, los partidos más votados (en este caso, PP y PSOE) obtienen una prima de escaños en las circunscripciones pequeñas y medianas.

Diferencia de votos por tipo de circunscripción

Pequeñas Medianas

Grandes

PSOE

278.000
Podemos + IU 125.000

698.000

La clave para entender por qué el PSOE puede ser 3º en votos, pero 2º en escaños la tenemos en la diferencia de votos. Para las circunscripciones pequeñas, donde el PSOE sacó 9 escaños de diferencia con Podemos+IU, obtuvo solo 278.000 votos de diferencia.

En las circunscripciones medianas, en las que el PSOE consiguió 2 escaños más, sin embargo, fue la suma entre Podemos e IU la que consiguió más votos. En total, la coalición obtuvo 125.000 votos más que el Partido Socialista.

Y en las circunscripciones grandes, donde Podemos obtiene más ventaja, la suma con IU les dio 8 escaños más. En votos, la coalición consiguió 698.000 votos más respecto al PSOE.

Esto nos hace una idea respecto al 26-J. En aquellas circunscripciones donde menos escaños se reparten, el PSOE obtiene una ventaja de escaños, pero no de votos, al ser provincias más pequeñas también en habitantes.

Por tanto, Unidos Podemos puede ganar en votos, pero entra dentro de lo posible que no supere al PSOE en escaños. Allí donde el PSOE ganó a Podemos+IU en escaños, lo hizo con una diferencia de votos menor a la existente donde ganó la suma de Podemos e IU.

Las claves del 26-J estarán, por un lado, en las circunscripciones donde PSOE y Unidos Podemos consigan atraer más votantes que el contrario, y, por el otro, en la edad de sus electorados.

Mientras las circunscripciones pequeñas (según el efecto del «voto útil») y el electorado mayor de 55 años sigan apoyando (y votando) al PSOE más que a Unidos Podemos, las opciones de «sorpasso» se alejarán. El apoyo a Unidos Podemos se encuentra, en mayor medida, entre las circunscripciones grandes y, por edad, entre los jóvenes, menos movilizados de cara a las elecciones, por lo que si aumenta la abstención, puede penalizar en buena medida el resultado electoral de dicha coalición.

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

Blog personal

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Pues sí, soy antisistema

El otro día, en un programa de «Eco_TV», presentado por Iván Ayala, un inspector de Hacienda le dijo a Fernando Díaz Villanueva que «el discurso liberal es un discurso antisistema». No sé si lo dijo por ignorancia o por ganas de ofender, pero he de decir que el señor tiene razón. Yo, que soy liberal, me identifico como antisistema. Anti consenso socialdemócrata, que es lo que impera en esta España y en la Europa del siglo XXI.

Estoy en contra de un sistema en el que se le da más importancia a cualquier colectivo antes que al individuo.

Estoy en contra de un sistema en el que nada queda fuera del Estado. Políticos y burócratas han ido tejiendo una red normativa y fiscal, que no deja incentivo alguno al progreso y solo quiere que los individuos sean parásitos de lo que ellos ordenen y manden.

Estoy en contra de un sistema en el que la educación queda en manos del Estado. En la que no puedes elegir. Puedes llevar a tus hijos a un colegio privado, sí, pero a la vez estás pagando la educación pública. Puedes llevar a tus hijos a un colegio privado, sí, pero no puedes elegir ni el contenido ni su forma de estudio. Todo queda regulado por ellos, el poder público.

Estoy en contra de un sistema en el que la sanidad queda en manos del Estado. Servicios públicos caros e ineficientes, como muestran varios informes. Como siempre ocurre en estos casos, surge «la falacia del proveedor único», que como dice Carlos Rodríguez Braun, es «la falacia del Estado que está», es decir, la creencia de que hay algunos aspectos que solo puede proveer el Estado, generalmente la educación, la sanidad y las pensiones, entre otros. Más falacias sobre la sanidad privada, como decir que los hospitales y centros sanitarios se guiarían más por obtener beneficios que por la salud de sus pacientes/clientes. Los beneficios llegan haciendo un buen trabajo, acoplándote a la demanda y haciéndolo mejor que la competencia. Por tanto, los beneficios llegan por medio de la salud de sus clientes; cuanto más curen, más rápido, etc., es decir, mejor desempeño tengan en su trabajo, más pacientes recibirán, cuestión del efecto llamada (entre dos o más hospitales, irás al que mejor fama tenga y en el que sus equipos médicos hagan mejor su trabajo). Algo tan obvio que un socialista/comunista no es capaz de asimilar.

Estoy en contra de que las pensiones queden en manos de una administración pública llamada Seguridad Social, un invento franquista (Ley de Bases de la Seguridad Social, 1963) del que socialdemócratas, socialistas y cualquier estatista está encantado de su existencia. Por cierto, la Seguridad Social es un fraude. Las pensiones públicas, también. Es el síndrome de Estocolmo en la política económica. El Estado, que utiliza el miedo y la psicología, intenta convencer de que sin él no tendrás pensión, que él te roba mediantes cotizaciones sociales (que no llegas a fin de mes por su culpa) para que cuando te jubiles “disfrutes” de una pensión mísera, pues resulta que lo que has cotizado no es para tu jubilación, sino para los que estaban jubilados mientras trabajabas. Lo llaman solidaridad entre generaciones. Yo lo llamo robo.

 También estoy en contra de un sistema que condena a jóvenes y/o sin estudios al paro por eso que conocemos como Salario Mínimo Interprofesional, otro invento franquista (1963), del que los estatistas de todos los partidos (copiando a Hayek) están satisfechos. Sí, en el PP también. Dicen de él que es un partido liberal, pero si de verdad lo fuera, lo hubiera eliminado hace años en alguno de sus Gobiernos. A mí no me la cuelan.

Estoy en contra de las dificultades que existen en nuestro país para crear una empresa, como parte de una libertad económica que hemos perdido con el paso de los años. Mientras que la media de la UE está en 11.6 días, en España se necesitan 17 días de media para crear una empresa. Casualmente, los países con mayor libertad económica tienen un espacio de tiempo menor. También estoy en contra del mercantilismo y proteccionismo a base de decretos, por los que unas empresas son privilegiadas por el poder político, a base de subvenciones, generalmente.

Estoy en contra, por supuesto, de que los partidos políticos pertenezcan al Estado y no a la sociedad civil, a quien debe representar. Financiación privada y adiós a las subvenciones.

Estoy en contra, en definitiva, de tantas y tantas cosas de este sistema político y económico que tenemos en España, el consenso socialdemócrata. Sí, soy antisistema y pueden llamármelo tranquilamente, pues no me ofenderá, todo lo contrario. Como contestó Fernando Díaz Villanueva al inspector de Hacienda, sobre el discurso antisistema: «Sí, totalmente».

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza. Blog personal.

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ESPECIAL VENEZUELA

Podemos-IU: no al progreso, sí a la destrucción

Ya aprobado por parte de las bases de ambos partidos, en lo que ha sido un mero trámite, los líderes de Podemos e IU sellaron hace pocos días el «pacto de los botellines», para concurrir unidas ambas formaciones a las elecciones generales del 26-J.

En las negociaciones posteriores al 20-D ya se habló de la necesidad de unión de las izquierdas (perjudicadas por la ley electoral española, todo sea dicho), que algunos líderes quisieron hacer realidad con un pacto PSOE-Podemos-Compromís-IU, el cual rechazó el PSOE por la línea roja marcada por Pablo Iglesias de no pactar con el PSOE mientras no rompiera su acuerdo de 200 reformas (que presentó a la votación de investidura) con Ciudadanos. Dicha unión de izquierdas, llamada por muchos el «pacto progresista y de cambio» ya ha unido a Podemos e IU y falta la confirmación de que las confluencias (En Comú Podem, Compromís y En Marea) vuelvan a sumarse con el partido de los círculos.

¿Progresista y de cambio?

La idea confundida de asociar progreso a partidos políticos que nada tienen que ver con políticas que hagan progresar a un país tiene un capítulo más con esta coalición.

La idea de progreso infundada tanto en Podemos (populismo socialista) como en IU (comunismo) se basa en una idea de la España de la II República, en la que una sociedad dividida en dos y el auge de la radicalización política acabaron en la Guerra Civil. El discurso de ambos partidos, de corte guerracivilista, tiene como objetivo, simple y llanamente cambiar una oligarquía por otra, como hicieron los bolcheviques en la Rusia de 1917, que nada tiene que ver precisamente con el progreso y la libertad. Este discurso se vuelve más efectivo con el caldo de cultivo de la situación actual, en una crisis tanto económica, como política e institucional. Y ahí han sabido sacar provecho.

La ideología de esta coalición no deja lugar a engaños: extrema izquierda. La transversalidad de Podemos, que engañaba a muchos, se ha descubierto finalmente como un mero truco para captar algún votante más moderado, pero el espíritu podemita siempre se ha demostrado más parecido al totalitarismo que a la democracia, y que recuerda a épocas que no debemos olvidar si queremos que no se repitan.

Propuestas económicas

La coalición Podemos-IU ha presentado un documento con 50 medidas, llamado «50 pasos para gobernar juntos», que, en caso de alcanzar ese «Gobierno progresista y de cambio» que tanto ansían, aplicarían, con el permiso de la Unión Europea (miren Grecia).

Como se podía prever, el documento iría en la misma línea de los programas electorales de Podemos e IU.

Más gasto público. Basados en el discurso anti-austeridad, falaz por su parte, que siempre han abanderado desde la extrema izquierda, proponen aumentar el gasto público en educación y sanidad y mantenerlo en otras partidas, como protección social.

¿Más ingresos? Mediante la lucha contra el fraude fiscal y una reforma fiscal progresiva, Podemos-IU pretende recaudar un 3% del PIB extra a lo largo de la siguiente legislatura. Según el documento que han presentado, pretenden lograrlo ampliando las bases tributarias, subiendo impuestos a empresas y subiendo el Impuesto sobre Sucesiones, Donaciones y el Impuesto sobre el Patrimonio, aparte de desarrollar un impuesto sobre las transacciones financieras.

Como siempre ocurre en estos casos, cuando sitúan al «no pueblo» en las rentas más altas y en las grandes empresas, se pretende recaudar más “subiendo impuestos a los ricos”. Como se ha demostrado en numerosas ocasiones, cuando se empieza subiendo impuestos a las rentas más altas, se termina subiendo impuestos a todos los tramos. Con Podemos e IU no sería diferente; la excusa de subir impuestos a los ricos termina afectando a todos.

Más déficit y más deuda. España se ha mantenido desde la Transición en un déficit público permanente (salvo en tres años, precisamente los de la burbuja: 2005, 2006 y 2007). Las propuestas de esta coalición no mejorarían el déficit, consecuencia de otra expansión de gasto público y unos ingresos ficticios.

A ello habría que sumarle la posible relajación en el objetivo de déficit (cumplirlo de forma más moderada), medida expresada en el documento, que aumentaría la deuda pública. El fantasma del impago, en programas electorales pasados de ambos partidos, surgiría de nuevo. No creo que fueran en serio, ya que impagar la deuda sería decir adiós a la UE y dejar a España marginada de los mercados financieros.

Piensan desde Podemos e IU que la solución para todos los problemas es más rigidez, un mayor endeudamiento y mayores impuestos. El objetivo es gastar. Paga usted. Los creadores del acuerdo piensan que si tenemos más déficit y más impuestos creceremos más y crearemos más empleo. Algo que siempre se ha demostrado, por un lado falso, y por el otro perverso para la economía de cualquier país, y en definitiva, para la sociedad en su conjunto.

En el acuerdo también entran las propuestas de aumentar el salario mínimo hasta 900€/mes al finalizar la legislatura. No se preocupe; si usted cobra por debajo de esa cantidad, no tendrá acceso a los 900€ y su camino será hacia el paro. Pero claro, es un pacto por el progreso y el bienestar de la gente. Siempre me hago la misma pregunta, y nunca han sabido respondérmela: si el salario mínimo es tan bueno, ¿por qué no subirlo a 10.000€/mes?

Hundir España es fácil: simplemente hace falta copiar las políticas económicas que nos han traído hasta aquí y se demostraron perversas, es decir, intervencionismo, rigidez del mercado laboral y un espíritu estatista (que llega a su culmen durante el 15-M), propio de uno de los padres de la socialdemocracia Ferdinand Lassalle: «El Estado es Dios».

El fondo ideológico del acuerdo entre Podemos-IU es volver a la España de los años 30, con una sociedad dividida y una radicalización de la política. Aplicar el programa económico que contiene dicho acuerdo sería volver hacia atrás. ¿A eso lo llaman progreso? No, mejor que lo llamen destrucción.

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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¿Liberalismo en España?

Ya saben aquello de que una mentira, por más que se repita, no deja de serlo. Es lo que ocurre en España con el liberalismo. Algunos, en tono de insulto, llaman neoliberalismo al sistema político de España, pero ya les digo que en nuestro país no hay rastro de liberalismo —ni de neoliberalismo, si utilizan el tono de la izquierda—.

El liberalismo se caracteriza por querer una reducción del tamaño del Estado, y por ende de su poder sobre los individuos; es decir, contención del poder político y burocrático, tanto en el plano social como en el económico. ¿Ha ocurrido algo de eso en España, y más concretamente desde la crisis económica? Veamos.

Analizando la libertad económica de España, ya podemos empezar a ver que no hay liberalismo. En el año 2007, cuando comenzó la crisis económica, España ocupaba el puesto número 27, con una puntuación de 70.87 sobre 100. Durante la crisis, España ha caído en libertad económica, desmontando una parte del mito de que nos «invade el liberalismo». Así pues, en el año 2016, la puntuación obtenida por España en esta clasificación era de 68.5, alcanzando la posición número 43.

Otro indicador que desmonta con gran facilidad este mito es el gasto público, junto a los ingresos y por tanto, el déficit público y la deuda pública. En el año 2007, el gasto público total de España estaba en torno a 420.000 millones de euros. En 2009 se alcanzó el gasto público total en su nivel máximo histórico: 494.000 millones. Para el año 2016 el presupuesto total está cifrado en 468.000 millones. En 9 años el gasto público habría aumentado 48.000 millones.

Como consecuencia de este gasto público desbocado desde los años de la burbuja, y dado que los ingresos han permanecido igual, surge lo que conocemos como déficit público. Con este indicador se desmontan dos mitos de golpe: el del liberalismo y el de la austeridad. España cerró 2015 con un déficit público del 5.16% del PIB, es decir, un desajuste presupuestario de algo más de 50.000 millones aproximadamente.

Como consecuencia de un déficit casi perpetuo —desde 1980 solo 3 años acabaron en superávit—, España ha echado mano de la deuda pública, cuyo aumento no tiene nada que ver con el rescate de las cajas de ahorros, que por otro lado tampoco tienen nada que ver con el supuesto liberalismo que algunos dicen está arrasando España y Europa. El capitalismo de libre mercado se caracteriza por privatizar tanto las ganancias como las pérdidas. Socializar las pérdidas, que es lo que se hizo mediante dicho rescate, por tanto, no tiene nada que ver con el liberalismo.

La deuda pública ha aumentado 650.000 millones desde que comenzara la crisis económica. El rescate de las cajas costó 60.000 millones, es decir, la deuda ha aumentado casi 11 veces la cuantía del rescate. Los que dicen que una cosa llevó a la otra simplemente mienten.

Otro indicador que nos sirve para ver que no hay liberalismo en España es la variación de empleados públicos. Como demuestra Manuel Llamas, hoy por hoy, el sector público emplea a más personal que en el pico de la burbuja inmobiliaria. A cierre de 2007, después del estallido de la crisis, el número de empleados públicos ascendía a 2.969.500 mientras que en 2015 acumuló un total de 3.000.700 de empleados públicos. Si el liberalismo, como he dicho antes, se caracteriza por querer la reducción de políticos y burócratas —donde se incluyen los empleados públicos—, ¿por qué se dice que hay liberalismo dominante cuando hay actualmente más empleados públicos que en plena burbuja?

Como muestra el siguiente gráfico, en el que se compara la evolución del empleo público —línea inferior— con el empleo privado —línea intermedia—. Se puede comprobar que el peso de la caída del empleo en España es puramente del empleo privado, el empleo público se ha mantenido intacto. La línea superior es el empleo total.

Encuesta de población activa EPA

Por último, otro indicador que demuestra el nivel de intervencionismo que padecemos en España es el número de páginas publicadas en los Boletines Oficiales, tanto a nivel estatal —BOE— como a nivel autonómico —Diarios Oficiales—. El BOE se ha mantenido más o menos en los mismos parámetros, mientras que las CCAA han dado rienda suelta al intervencionismo.

Páginas publicadas BOE

Como se puede comprobar, en España no hay ni rastro de liberalismo. Perdiendo libertad económica, con un gasto público desbocado, un déficit público casi perpetuo, una deuda que no deja de aumentar durante los últimos años y un rescate a las cajas de ahorros que hemos pagado todos los contribuyentes. A eso le sumas el número de páginas que nos regulan día a día y sale un coctel de intervencionismo que cualquier persona inteligente descubriría como nefasto para cualquier país. Pues no, en España algunos lo confunden con liberalismo demostrando una gran ignorancia e indigencia intelectual. Como siempre he dicho, algunos confunden intencionadamente intervencionismo con liberalismo para no reconocer la miseria intervencionista. Al fin y al cabo el adoctrinamiento y la mentira son habituales en la historia intervencionista, sea cual sea la ideología.

Acerca del autor: David Muñoz

David Muñoz Lagarejos (Madrid). Estudiante de Ciencias Políticas y Gestión Pública en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. En constante movimiento en la batalla de las ideas, para dar a conocer la libertad, secuestrada por ideologías colectivistas. Quiero un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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