Carreteras del Gobierno

En una sociedad sin estado, invertir en carreteras no habría sido rentable.

El concepto de la carretera está muy ligado al subconsciente civilizado, parece ser el eje sobre el que pivota nuestra civilización. Una carretera simboliza la esencia humana: curiosidad, descubrimiento, comercio. Si buscamos referencias a las primeras carreteras, siempre están ligadas al intercambio de bienes. Aunque su unión con el Estado moderno data desde que Roma las necesitara como infraestructura militar para mantener la paz, siendo esta la razón fundamental por la que el Estado ha deseado tener buenas vías de comunicación terrestre, especialmente en Europa. Es evidente que al Estado le conviene el desarrollo del comercio, siempre y cuando pueda tasarse y monopolizarse, pero esa no es la razón principal.

¿Qué hubiera pasado con la industria del automóvil si el Estado no hubiera estado detrás del desarrollo de infraestructuras?

Sabiendo que la necesidad humana de comerciar, viajar y comunicarse es inherente al ser, no cabe duda de que los humanos no nos hubiéramos quedado de piedra ante la necesidad de hacerlo.

¿Pero no tiene más sentido invertir cientos de millones en desarrollar transporte aeronáutico en vez de miles de millones en transporte terrestre? Siempre y cuando ese desarrollo aeronáutico no esté hiperregulado.

Es impresionante el crecimiento de micronaves teledirigidas en apenas pocos años. Un sector que apenas llamaba la atención acaba ofreciendo soluciones a amplios sectores de actividad: desde agricultura a seguridad. ¿Cómo se posible que ese desarrollo no se diera hace años para naves de transporte individual? O el desarrollo de aeropuertos y compañías aéreas pequeñas. A lo mejor el manejo de los vientos hace que estos aparatos sean difíciles de pilotar, ¿pero no es el consumidor el que debe decidir eso? La legislación actual no puede más que ir a remolque de los avances tecnológicos.

Si el desarrollo aeronáutico no es factible, ¿cómo se habrían desarrollado las carreteras privadas? Seguro que, por lo menos, habrían sido más eficientes: menos kilómetros por tramo. Seguramente, habría menos tramos. Y más tráfico. ¿Habrían monopolizado las empresas de construcción la distribución de combustible en sus carreteras? Es posible, y no lo veo negativo. Por un lado, el beneficio de los primeros llamaría poderosamente la atención de otros competidores, deseosos de ofrecer alternativas. Por otro, es un lugar donde ofrecer atención al cliente (¿existe eso para las carreteras actuales?). Y quizás habría resultado mucho más fácil hacer transformaciones a nuevas fuentes de energía: hidrógeno, electricidad o gas, por poner algunos ejemplos.

¿Habría favorecido la descentralización de servicios? Si no fuera tan fácil acceder a Madrid por carretera desde cualquier punto de España ¿habría habido más servicios en capitales de provincia? ¿Educación? ¿Comercio?

¿Cómo habrían reaccionado las comunidades privadas ante ésto? ¿Dejarían volar libremente a sus residentes? ¿Cómo se ordenaría el tráfico?

Precisamente, el tráfico, es quizás el lenguaje internacional más importante a la hora de viajar: señales y penas. ¿Cómo habría ordenado un mundo libre el tráfico aéreo? ¿O en realidad habría habido un fuerte desarrollo del ferrocarril? O puede que las telecomunicaciones hubieran avanzado más, siguiendo el principio “Si la montaña no va a Mahoma”.

El estado interviene hasta en los más profundos detalles de nuestras vidas, sin darnos cuenta, como los padres. Pero el Estado no te quiere y te mataría para sobrevivir. ¿En qué otras facetas de nuestras vidas influye de soslayo este Estado controlador y cómo habría sido vivir en un mundo libre?

Gerónimo Perea


Acerca del autor: Gerónimo Perea

Soy gestor de patrimonio inmobiliario. Autónomo. Emprendedor. Multidisciplinar. Lo más importante, mi familia. Página personal

 

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¿Cómo se construye la rebelión agorista?

Una pregunta: ¿cómo se construye una rebelión agorista? Nadie lo sabe, nadie vio una, habitan con los gamusinos en un rincón de nuestra fantasía. Pues dejemos ya las fantasías porque el Estado no puede dar respuestas a los problemas del futuro. Nadie nos regalará nada. Al P-LIB votando, y con el mazo dando.

Al respecto del mazo, me encuentro inmerso en el proceso de depuración de los estatutos de la Asociación para la Nación Sin Estado. El objetivo del colectivo (¡lagarto lagarto!) será la creación de herramientas para la gestión comunitaria sin la intervención del Estado.

Es decir, hay que buscar respuestas para registros, leyes, censos y toda la parafernalia estatista, pero sin Estado, sin administración central que todo lo supervise, con anonimato. Así, de primeras, ya resulta contradictorio.

¿Cuál será la consecuencia de esta asociación?

Lo natural será que acabe como una amplia base de datos. Los asociados serán aquellos que buscan métodos alternativos a la burocracia, será un lugar de encuentro para encontrar personas y herramientas. A partir de ahí, deciden los individuos.

Las herramientas serán los estamentos creados para no usar las vías estatales. Por ejemplo, BTC sería una de las herramientas más fáciles de usar. El blockchain puede ser la herramienta de gestión definitiva.

La asociación no pretenderá supervisar ni contar con registro de nada. La tecnología disponible hoy nos permite hacer censos no consultables, métodos de intercambio no registrados, registro de contratos sólo visibles entre las partes y un largo etc. Un registro de asociados, parece, será imprescindible.

Una vez seamos suficientes asociados que no usen los métodos estatales, podremos hablar de dejar de consumir Estado. Con bastantes trabajadores asociados, los trabajadores pueden decidir cobrar en BTC y no pasar por el registro de SS y Hacienda. Esa es la intención final: un grupo de gente que se provee de educación, trabajo, mercado, salud y demás servicios sin necesitar la intervención del Estado. Si lo reducimos a lo más simple: ciudadanos que han decidido dejar de usar la divisa obligatoria.

El reto más difícil es crear unos estatutos que no definan nada: sin reglas y sin mandatos. Tan sólo previsión de control sobre puestos administrativos propios.

Entiendo que uno de los agujeros de las propuestas anarquistas es la ausencia de un código penal experimentado, lo que provoca temor en el colectivizado. Si bien la teoría es útil, más lo será la adaptación práctica. Es también, pues, uno de los retos de la asociación el crear códigos de convivencia: la panarquía, la reparación del daño, los costes de aislamiento de individuos violentos y un sinfín de cuestiones.

Esta es tan sólo una iniciativa más de las muchas que están floreciendo en el mundo, es una manera más de luchar contra el Estado. Países nuevos, ciudades de iniciativa privada, proyectos de estados libres, todos muy ligados a la territorialidad.

Esa territorialidad debe trascenderse para romper uno de los parámetros fiduciarios labrados a fuego por el Estado: las fronteras.

Os invito a todos los que queráis participar a poneros en contacto conmigo: Geronimo.Perea@heraldpost.es.

Gerónimo Perea


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Un sistema moribundo

En estos días tecnológicos, hay quien aún paga con cheques. He podido funcionar toda la vida sin ellos, cuando abrí mi primera cuenta ya podía hacerse casi de todo por internet (en algunos bancos). En mi vida profesional realicé muchas transferencias por lotes (remesas). Jamás he tenido la necesidad de hacer un cheque, pero he cobrado muchos. Generalmente los deposito en mi cuenta, pero no siempre.

Hace unos días me fui al BBVA a cobrar un par de queques que sumaban algo menos de 3000€. No me quisieron entregar mi dinero. Me mandaban a la oficina central y, aseguraban, no estaba claro que me lo entregaran en el mismo día. Por supuesto, decidí montar un pequeño numerito. Me sentó especialmente mal que la cajera me indicara, incluso, un ‘para esas cantidades’…Le miré con cara de asco y me espetó…’bueno a lo mejor para usted no son tan importantes’…

La recuperación de mi propiedad, repentinamente, tomó un tinte moral. La cajera determinaba cuánto podía yo cobrar y cómo me debía parecer a mi eso, y lo realizaba no solo sin vergüenza, lo hacía con aires de justiciera. No conocía mis plazos de cobro, el trabajo realizado, la necesidad personal que podría estar pasando (o no), pero no se privó de realizar un comentario para arrojar un prejuicio ante lo que consideró reprochable.

Le exclamé que no hacía falta irnos a criterios personales, el Estado había ayudado a los bancos a mantener el dinero de sus clientes mediante la limitación de pagos en efectivo para/entre particulares. Ninguno de esos dos cheques superaba esa limitación.

Supongo que no hay que explicar que me fui gritando, pero sin mi dinero. Ante cualquier eventualidad, disponen de un hombre autorizado para ejercer fuerza contra clientes que pretendan retirar su dinero.

Hace un par de días recibí otra falta de consideración por otro banco, del que ya dejé de ser cliente en dos ocasiones pero tuve que volver a caer. Ya no tengo ganas de hablar con ellos, decidí marcharme a mi banco de referencia y solicitar lo que antes se llamaba orden inversa: le pides a tu banco que retire los fondos de otro banco, con una orden firmada.

Hace unos meses esa posibilidad desapareció. Ahora debes aguantar la paliza del comercial de ventanilla antes de poder retirar tus fondos, aparte de desvelar que te vas a otro banco, ya que no puedes retirar en efectivo determinadas cantidades sin llamar la atención (hablo de, por ejemplo, 5000€). Al carecer de la parte interesada (el banco al que te llevas los depósitos) estoy convencido de que el banco retendrá el dinero más tiempo del necesario. Hay que resaltar que las cantidades que ahora pelean los bancos resultan irrisorias comparadas con sus balances, pero no pueden permitirse la retirada de la más mínima cantidad de efectivo. Hay que recordar también que muchos bancos limitan las cantidades para las transferencias por internet.

Que un banco no entregara tu dinero habría desencadenado un pánico bancario hace apenas cien años. Hoy, recibí reproches al defender mi propiedad en una ventanilla bancaria: ya sabes cómo funcionan, es que necesitan unos días, qué culpa tendrá la cajera… patrañas, excusas de mal pagador.

Todos tenemos la culpa de aguantar este abuso en silencio. Somos la sangre de un sistema financiero corrupto y moribundo, cuyos síntomas saltan por doquier en cuanto reclamas la propiedad del dinero, en cuanto lo quieras físicamente. Es nuestro deber transitar hacia otros medios de intercambio si queremos eludir los próximos colapsos, para los que ya están preparados el FMI y el Banco Mundial. Escapar de la divisa oficial es dar un paso de gigante en la derrota del Leviatán.

Tienes derecho a ser feliz, prescinde de tu gobierno.

Gerónimo PereaAcerca del autor: Gerónimo Perea

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Doctrina TV

Programa En El Punto de Mira de Cuatro TV, allá por las 23 de la noche del 20 de septiembre. Estoy bastante adormecido, casi a punto de irme a la cama. Pero me faltaba la dosis básica de doctrina socialdemócrata y la tele quiso insistir en que la tomara.

Los reporteros empiezan a seguir a recolectores clandestinos de cartón (la misma expresión parece un oxímoron). Esta gente recorre las calles de Madrid recogiendo papeles y trastos, material para reciclar que luego entregan a las plantas correspondientes.

Viví en Madrid muchos años, hace ya unos cuantos. Recuerdo aún como, entre las 22:30 y las 23:00 de la noche, había que tener cuidado con la calle por la que entraba a casa en el coche. Era muy probable encontrarme a uno de estos criminales (según la ley). Para mi, eran un ejemplo de disciplina. Debo reconocer que eran más rápidos que el camión de la basura, y mucho menos escrupulosos: lo recogían todo, no sólo lo del contenedor. Además, recogían muebles y cualquier cosa que no fuera basura orgánica. Vamos, un ejemplo de precisión y prurito. Tenían mal aspecto, es cierto, pero exigir glamour al basurero no sé si sería conciencia social o pijismo capitalista.

Los reporteros de la tele, lejos de elogiar su disposición al trabajo, comienzan a acusarles de robo. No dicen muy bien de qué ni a quién, pero dejan muy claro que están robando. Yo, al observar, veía a gente recogiendo basura y trastos abandonados.

Pero se ve que una vez dejas al ayuntamiento crecer en tu corazón descubres que el ayuntamiento es amor y está en todas partes, es uno y trino. Por eso, todo lo que se deja en la calle debe ser cobrado al que lo deposita y al que lo recoge. Esto no aparece ante los ojos desnudos, debes cerrarlos y tener fe, y entiendes la presencia del Estado como aquel que nos creó como españoles y nos mantiene por misericordia. Esta era la visión editorial del programa.

Así pues, estos hombres recogen y entregan, cobrando a aquel que realiza un beneficio con el material: el reciclador. De nuevo, ante los ojos desnudos.

Ante los ojos del creyente pasan muchas cosas. La primera, que sólo puede recoger cartón aquel acreditado por el ayuntamiento (nótese que en este caso acreditado y extorsionado son sinónimos). La segunda, que sólo puede entregarse a aquellos acreditados por el ayuntamiento. La tercera, que el ayuntamiento debe recaudar parte del precio entregado al recolector por el reciclador (esto sin sinónimos, añadido a los impuestos y acreditaciones), o que el ayuntamiento se quedará con parte del dinero recibido por el recolector (cualquier punto de vista vale). Y, por supuesto, sólo puede tirar basura aquel que ha pagado la tasa correspondiente al ayuntamiento.

Observemos las tareas realizadas por el ayuntamiento en la recogida de cartón de las calles: el registro administrativo de los que deben pagar, desde el vecino hasta el reciclador. Pero no pone personal, no administra recursos, no gestiona nada. Pero debe cobrar en cada parte del proceso.

Me he tomado la pildorita socialdemócrata pero no me hace efecto. Me doy cuenta de que en un mercado libre la recogida de basura sería gratis, el reciclaje un mercado de dura competencia que pagaría altos precios por los materiales y que la policía tendría más tiempo para proteger a los ciudadanos.

Gerónimo Perea


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La libertad funciona

Parece que uno de los miedos más expresados a la convivencia en un sistema libertario es la seguridad personal. La ausencia de un sistema penal con una presencia represora monopolista, como la policía, crea la falsa apariencia de vulnerabilidad.

Si bien es el ideal la ausencia de la extorsión coercitiva, no podemos presuponer que todo viene gratis, o que nada es proporcionado. En un sistema libertario seguimos teniendo hospitales colectivos, fuerzas de seguridad colectivas o sistemas penales colectivos, pero no son obligados: existirá una oferta de servicios para estos productos. Habrá gente que prescinda de ellos, por supuesto. En esos casos, estoy convencido, se ejercerá presión social para tener respaldo de esos servicios.

Esta es una idea muy simple, que nadie puede poner en duda. Quizás ocurre que parece que jamás hemos tenido la oportunidad de ver o comprobar la viabilidad de un sistema así, hay un debate sobre esto muy interesante entre Juan Ramón Rallo y Miguel Anxo Bastos.

Eso ocurre porque no nos detenemos ante los ejemplos. Uno de los más importantes tribunales colectivos de gestión privada y jurisdicción voluntaria es el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Todos los clubes deportivos se someten a sus reglas, y algunos otros. Su funcionamiento es perfectamente copiable. Cuando se amenaza de no hacer caso al TAS, los distintos organismos deportivos se ponen de acuerdo de no admitir al rebelde, provocando una situación similar al destierro. Si esos tribunales fallaran constantemente de manera inapropiada o injusta, los rebeldes acabarían montando otra organización. Lo que viene a ser irse a vivir a otro barrio.

Ante la libertad de fuero, la responsabilidad de la vigilancia. La defensa individual constante es costosa y, para algunos, molesta. En muchas urbanizaciones vemos sistemas de seguridad privada patrullando y teniendo un control de accesos. De la misma manera tienen un censo de la zona. ¿Acaso en un mundo libre no se exigirán fuertes requisitos para poder acceder a determinadas zonas? No debemos pasar de largo ante una evidencia: la ausencia de fronteras estatales no es la ausencia de controles.

Es lógico que empresas de seguros y de seguridad compitan por ofrecer jurisdicción, y comprometan al asegurado a cierta pérdida de intimidad: entrega de huellas, documentación, ADN u otros…y acaso sea esta una de las mayores medidas disuasorias del delito. Una buena coordinación entre servicios de seguridad proporcionará una red de prevención e investigación del delito rápida y eficiente. Probablemente casi pasando inadvertidos, gracias a la tecnología actual. Pero eso no significará que debamos nuestra obligación de tener armas, puesto que nadie garantiza que esos servicios no se vuelvan violentos.

Para los sectores de ropa, alimentación y medicina hay demasiados ejemplos como para dedicarles media línea: Zara, Mercadona, VitalDent, grupo Quirón, IVI…sin salir de España. La pregunta es ¿Quién o quiénes serán los primeros en dar el paso hacia la rebelión agorista? El mundo es, en realidad, una anarquía. Tan sólo hay un grupo de humanos que se han puesto de acuerdo en mantener una ciudadanía reprimida, y tenemos que hacer que deje de funcionar.

Gerónimo Perea

 

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La lógica del socialismo

El pensamiento socialdemócrata nos invita a una línea de pensamiento, generalmente equivocada. Ejemplos de eso son que la ley y la constitución están para defender al ciudadano, o que la motivación del político es el bien común. El público, generalmente denominado como votantes, se vuelve loco intentando analizar las razones del comportamiento de sus representantes, que jamás parecen ser el camino más corto hacia un fin.

Quizás es que nos equivocamos. Hay un ejercicio que me gusta plantear a los fieles de nuestro sistema: si no tiene lógica lo que hacen, cambia los principios del análisis. Intenta pensar que nuestros representantes intentan arrebatarnos nuestra riqueza sin que nos demos cuenta. Insisto en que dediquen cinco minutos de cada día a observar la realidad bajo este paraguas y busquen, entonces, pautas de comportamiento. Todo cobra sentido.

Apliquemos eso a un par de casos. Por ejemplo, una pareja de policías locales se pasa por un bar en el momento de más trabajo para poner una multa por exceso de aforo en una terraza, justo como lo publicado en mi facebook hace unos días. Lejos de pensar que el dueño del bar está masacrando a sus clientes dándoles poco espacio para comer y poniendo en riesgo sus vidas, yo me inclino a pensar que ese autónomo no ha pagado las comisiones correspondientes a los jefes de policía o concejales de turno. Los clientes parecen respaldar mi suposición, acudiendo insistentemente al bar, año tras año. Luego observo otro bar que conozco bien y que supera, a simple vista, el aforo permitido y recibe constantes visitas de la policía sin multa ni amenaza. Después recuerdo todas las noticias sobre policías y locales en Magaluf, La Jonquera, Madrid…

Pasemos a otra población, Manises, también en la Comunidad Valenciana. Tras el cambio en el gobierno local, que ahora controla Compromís, la normativa permanece igual pero los criterios de aplicación cambian (la ley es papel mojado por si necesitamos más pruebas). Han limitado los aforos de las terrazas, y autónomos de toda la vida que tenían permiso para 150 personas han visto limitado el aforo a 100. Con la siguiente restricción: no se admiten mesas grandes, interpreta eso como puedas. Regularmente, una parte de mi familia organiza una comida anual en uno de estos lugares, siempre han sido alrededor de 40. Este año, separaron las mesas en dos, dejando a los niños en el interior. Qué ridículo.

La explicación de esto es que el ayuntamiento quiere repartir los beneficios entre todos.

Si se quiere repartir beneficios, está claro que hay formas más eficientes. Por ejemplo, aglutinar todos los comercios bajo una empresa pública y luego repartir beneficios de manera igualitaria, comunismo puro y duro, vaya.

Pero lo mejor sería que aquellos que no consiguen clientes aprendieran a ofrecer un producto que el público valore lo suficiente, en vez de intentar desviar demanda a agentes ineficaces e ineficientes. Si aprenden, a lo mejor captarán clientes. Pero este proceso de aprendizaje está siendo limitado por el poder de turno.

Yo lo que creo es que algún familiar o amigo o asociación de alguien del ayuntamiento quiere una parte del pastel sin aprender el oficio. Conocen los lugares con mayor afluencia, y querrán colocar ahí a sus negocios o conocidos, aunque sólo sea en época de fiestas donde la facturación se produce sin hacer esfuerzos. Todos aquellos beneficiados son potenciales votantes del gobierno que les favorece.

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Conseguiremos el ideal comunista

La empatía es hasta tal punto natural al ser humano, que su carencia se considera un trastorno. Kropotkin lo utilizó como argumento antidarwinista, y el discurso progresista se ha apropiado de esa cualidad universal. En realidad, todos los humanos deseamos una sociedad sin carencias vitales, donde el suministro de comida y vivienda fuera ilimitado y gratuito y nuestro tiempo se pudiera dedicar a lo que deseáramos.

El problema radica en la manera de conseguirlo. En principio, parece hasta utópico, pero grandes movimientos sociales dedican su esfuerzo en ello.

Hay una respuesta que parece inmediata: el reparto de la riqueza. Quizás eso exprese una confianza desmedida en las matemáticas, dejando de lado las evidencias que tenemos ante los ojos. ¿Qué pasa cuando se reparte la riqueza?.

Puede traspasarse la propiedad, pero no el conocimiento. Aquellos que han conseguido esa riqueza conocen la manera de obtener más riqueza con esos medios, y eso incluye también todas sus relaciones sociales y la educación y formación recibida junto con sus experiencias de producción o negociación o fijación de precios. Eso no se puede traspasar. Por tanto, aquel que recibe el bien no puede más que descapitalizarlo, perdiendo la oportunidad de generar más riqueza.

¿Qué ocurre si dejamos de perseguir el sueño? Centrémonos en que los medios sean justos, en vez de que lo sea el fin o la motivación. ¿Cuáles son los resultados de esa política? Dejemos acceso libre al egoísmo de las personas y su ánimo de lucro: libre mercado y competencia.

Si cogemos ejemplos de eso, resulta que los resultados obtenidos son equivalentes a la socialización de beneficios, aunque el proceso sea lento. Un emprendedor usa su dinero, perdiéndolo en caso de no producir bienes valorados en el marcado. Pero si obtiene grandes beneficios, otros emprendedores se lanzan a producir el mismo producto. La competencia genera reducción de precios. Esa reducción de precios redunda en el bolsillo del consumidor generando una socialización del beneficio.

Por tanto, el liberalismo económico y moral y su meritocracia redunda en una privatización de pérdidas y socialización de los beneficios. Esto es primordial, y que debe introducirse esta idea en nuestras discusiones de café con amigos. La motivación egoísta de la obtención de beneficios redunda en una socialización de los mismos. El proceso es lento, por eso es el lógico. Es necesario un proceso de aprendizaje social de las técnicas de producción para que se convierta en un conocimiento gratuito.

Es un ejemplo: muchos conceptos matemáticos, o la misma lectura. Si antes era necesario pagar un colegio para obtener esas habilidades, hoy los humanos somos capaces de transmitir esos conocimientos de forma autónoma. Más allá de eso, la educación libre y en el domicilio, aunque prohibida en España, e internet nos muestran que la educación es uno de los bienes más baratos y accesibles actualmente.

Hay infinidad de ejemplos: ¿a qué precio se puede conseguir una vivienda unifamiliar hoy en día, con la nueva construcción modular? ¿Puede el Estado conocer todas las maneras posibles de evolución y competir con miles de millones de mentes libres? ¿Puede el Estado conocer el futuro para dar a todos lo que necesita? ¿Puede el Estado conocer los deseos de todos y satisfacerlos? Para eso se necesita un caos creativo y buenos canales de comunicación, la respuesta es el capitalismo.

Gerónimo Perea


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Las crisis económicas

¿Qué es una crisis económica y cuales son sus causas y consecuencias? ¿Cómo explicarlo de manera sencilla? Intentémoslo.

Tenemos constancia de varias: desde la primera, de los tulipanes, hasta la última: la crisis inmobiliaria que inició en 2007. Decenas o centenares de capítulos después ¿No sabemos preverlas? Conocemos las causas, pero no especificar el momento en el que estallará.

¿Cuál es el factor común? La impresión de dinero que no existía. No la intervención de los gobiernos, aunque, tras la monopolización del dinero y su posterior sustitución por divisa, sean los únicos capaces de provocarlas, hoy.

Con los tulipanes se da la circunstancia de que se inventaron los futuros: se vendían promesas de venta y compra. Se compraba hoy la producción de dentro de seis meses, por ejemplo, a un precio cierto. Si en el momento en el que se cambiaba el bien de mano (seis meses después), el precio había bajado, el comprador perdía dinero (su patrimonio era menos valioso que el precio pagado). Si eso se multiplica por mucha gente y por muchas transacciones, resulta que todo el dinero pagado a priori se destruye. Si se destruye una parte importante del patrimonio, no se pueden afrontar pagos. Si mucha gente no puede afrontar pagos, hay una crisis. Hablando con propiedad, no es una crisis económica: no hay destrucción de bienes materiales y los sistemas de intercambio no se ven perjudicados, sólo los volúmenes. Como tiene que ver con la gestión del dinero, son crisis financieras.

Lo mismo ocurría con los pánicos bancarios del S XIX. Los bancos imprimían más contravalor (billetes) que dinero tenían en sus cajas (oro). Cuando se identificaba el problema, los depositantes corrían a recuperar su dinero y los bancos no podían entregarlo. Si la gente tenía todo su dinero en ese banco no lo podían recuperar, no podían afrontar pagos, y de ahí la crisis.

Podemos tener una crisis financiera sin intervención del gobierno. Por ejemplo, le dices a alguien que le vendes tu casa dentro de seis meses por 100.000 €. Te gastas ese dinero en la compra de una nueva casa en otra ciudad. Cuando llega el momento, no te pagan y tienes que vender la casa a otra persona por 90.000 €. No sólo no te han pagado a tiempo, te han destruido 10.000 €.  Esto es, muy básicamente, lo ocurrido en 2007. En el caso de los tulipanes, el valor llegó a 0.

Los bancos vendían a crédito casas a gente que no iba a poder pagarlas. Los bancos revendían esos créditos. El último comprador no cobró, y no pudo afrontar pagos. Y así sucesivamente.

Con la excusa de evitar pánicos bancarios, los gobiernos monopolizaron el dinero. Luego, eliminaron el respaldo por oro, para que no se pueda detectar si hay más dinero del que en realidad existe. Todo esto se hace a través de los bancos centrales. A partir de 1913 y, especialmente, de 1971, todas las crisis financieras se explican por el exceso de dinero impreso a necesidad de los gobiernos. Nada han resuelto, al contrario.

Gerónimo Perea


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La deriva totalitaria

Siento miedo ante el avance tecnológico de la sociedad. Creo que está alimentado porque soy consciente de las cosas que no puedo imaginar. A mi alrededor, me parece observar que hay muchas cosas que se mantienen simplemente por costumbre. Cosas que las nuevas generaciones, en dos o tres, harán desaparecer.

Me afecta directamente el hecho incontestable de que el hombre, como elemento biológico, es cada vez más prescindible. No tardará mucho en serlo del todo, estoy convencido. A veces, parece que es la presión del coste de la vida lo que empuja a las personas a crear familias.

La deriva totalitarista que demanda la sociedad europea puede ser la puerta de entrada a una producción de población controlada. ¿Acaso no podría ser la solución a los problemas de las pensiones, o eso opinan nuestros políticos? Todos los regímenes totalitarios han fomentado la procreación. Al fin y al cabo, ¿no encontrarían funcionarios que se dedicaran únicamente a masturbarse, para fecundar óvulos donados por funcionarias? ¿No es ese el pleno deseo de cualquier dirigente con obsesión planificadora? Para obtener ejércitos, para obtener fuerza de trabajo o para mantener las pensiones: los ganaderos siempre quieren tener total control de población.

Los científicos han conseguido recrear semen de ratón en el laboratorio. El siguiente paso es el humano. El objetivo será la creación de esperma para los hombres que no produzcan el suyo. Pero las derivadas no son tema baladí.

En  unos años no será necesario salir de casa, a no ser que se tenga un trabajo manual. Y sólo hasta que los robots sean lo suficientemente baratos. Si dejamos paso al turbocapitalismo, tal vez sea posible el día en el que las personas puedan elegir a lo que se dedican, si deciden que se dedican a algo.

La inercia social va, incomprensiblemente, en el sentido contrario. La sociedad exige cada vez más igualdad y control: de expresión, de armas, de salarios. Los juegos de ocio han desembocado en la individualidad. El varón blanco es cada vez más culpabilizado. Las parejas son cada vez más inestables.  La mujer es cada vez más libre e independiente. En el género humano, ¿somos los hombres realmente necesarios? Si dejamos de serlo ¿qué razón habrá para mantenernos? Si se elige mantenernos, ¿tendremos funciones asignadas antes de nacer? ¿Seremos seleccionados genéticamente? Escribía hace unos días sobre el mercado libre de niños: quizás ni siquiera exista demanda, se nos podrá pedir en el médico.

Como nuestros dirigentes no estarán preparados para atajar el progreso, procurarán detenerlo o monopolizarlo. Es decir, tras una larga resistencia, lo legislarán.

Acabaremos en una sociedad de individuos de poca interacción, que viven solos, cuya sociedad está planificada desde que se nace hasta que se muere. A pesar de todo el rechazo que me puede producir, todo el miedo y todas las dudas metafísicas sobre la existencia y utilidad del hombre, más vale aceptar que ese es el futuro, y empezar a averiguar cómo aportar valor añadido en una sociedad gobernada mediante la violencia, donde los robots no sólo son capaces de producir música, también crear humanos, y en la que se quiere llegar a controlar la economía. Y cuando hablamos de controlar la economía, hablamos de controlar todos los recursos disponibles.

Gerónimo Perea
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Huelga Japo

Hay ideologías que justifican mentir o incluso asesinar, para llegar al poder y así cambiar el statu quo. Aunque más parece que algún listo se ha ingeniado eso para poder dirigir un grupo terrorista y proclamarse Estado, legalizando, de esa manera, su extorsión. De hecho, monopolizando la extorsión y el crimen organizado. Hoy, la mafia se divide en dos poderes: ejecutivo y legislativo.

Formas de deformar el discurso para engañar sin mentir hay miles, estudiadas y documentadas. Una de ellas es la de excusarse en la pureza de los actos para limitar los actos impuros. Una especie de huelga a la japonesa de control de calidad.

Es una idea magnífica para destruir, por ejemplo, la iniciativa privada. Es decir: el que quiera eliminar la empresa y la propiedad privada jamás debe declararse enemigo de la misma. Debe proclamarse juez, de tal manera que pueda exigir unos requisitos previos a la apertura del negocio, llamados licencias, en lenguaje administrativo.

Si quieres destruir la iniciativa privada de transporte público, y ganarte el favor de los posibles usuarios, debes hablar de protección de la seguridad. Por el bien del público y la competencia limpia, deben exigirse una serie de licencias y superar una serie de controles. Eso no sólo permite una mayor extorsión al comerciante, mediante el cobro de las licencias: establece un poder de legislación sobre la iniciativa, de tal manera que permite una infinita cadena de licencias que lleguen a convertir el negocio en ruina. Cuando esa cadena sea suficientemente grande, cualquier iniciativa privada queda destruida. Al final, queda en el público la idea de que el emprendedor no quería garantizar la seguridad del cliente. Por tanto, sólo queda el Estado, mediante la extorsión, como proveedor de servicios.

Es un proceso lento, pero pacífico y, sobre todo, que goza de gran credibilidad. Además, permite atraer posiciones ideológicas muy alejadas, ya que se miente. Es la estrategia elegida para destruir la propiedad privada y la iniciativa.

Poco a poco, caerán. Colegios concertados, festivales de música, conductores o piscinas privadas de acceso público sufren la competencia desleal del Estado. Mediante la vía legislativa y, más importante, la vía policial. ¡Qué distinto sería el mundo sin protecciones legislativas!

La mentira y el abuso de poder, el tráfico ideológico y el discurso pervertido son sólo las armas no violentas que el actual sistema usa para mantener el poder, aún cambiando de protagonistas. Cuando se habla de elecciones o partidos políticos, no olvidemos cómo se juega en las altas esferas. Es ese juego el que se perpetúa elección tras elección. En parte, porque parece que mucha parte de la población querría estar sacando algo.

El escudo moral de la no imposición sobre otros, sobre el que se escuda gran parte de la abstención en este país, olvida los actos inmorales que el poder ejerce. Estamos ante una situación en la que tenemos una pistola apuntada en la sien, aunque no lo parezca. Si seguimos así, la última alternativa será defendernos a la puerta de casa, de una manera violenta. ¿En serio ese pensamiento os deja tranquilos?

Gerónimo Perea


Acerca del autor: Gerónimo Perea

Soy gestor de patrimonio inmobiliario. Autónomo. Emprendedor. Multidisciplinar. Lo más importante, mi familia. Página personal

 

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