El populismo es la continuación de la socialdemocracia por otros medios

Avanza la estrategia de Unidos Podemos (UP), que acaba de dar un importante paso después de haber engullido hace unos meses al Partido Comunista, y con él a Izquierda Unida. Por ahora ha hundido al PSOE, ya veremos si no para siempre, partido que en el mejor de los escenarios será un alma errante por un buen período de tiempo. Entre personalismos, egos y terror a la  pérdida de poder en las filas psocialistas, UP ha sabido atizar el hemisferio bolchevique de Ferraz (donde también conviven nostalgias ideológicas con ambiciones personales) y le ha ido poniendo cada vez más difícil al ala psocialista denominada crítica su abstención frente a la socialdemocracia de derechas, íntima amiga de viaje del PSOE por las lides estatales, y sólo formalmente su enemiga. De hecho, si finalmente el grupo parlamentario psocialista, o parte de él, acaba absteniéndose en la investidura de Mariano, UP se encargará de recordárselo diariamente, hasta la extenuación, y eso, durante cuatro largos años, al PSOE se le hará eterno.

Además, si el sorpasso que UP perpetró el 1 de octubre en Ferraz, lo traslada finalmente al terreno electoral en las próximas Generales (se celebren en diciembre o más adelante), la socialdemocracia de derechas tendrá ya frente a sí, cara a cara, al monstruo que ella misma y su hermana la socialdemocracia de izquierdas han ido gestando a base de apesebrar a la sociedad y cercenar su libertad y creatividad. Al PP podrían asesorarlo perfectamente al respecto sus homólogos griegos, los socialdemócratas de derechas de Nueva Democracia, que, con un PASOK destruido, fueron derrotados por SYRIZA tras serios avisos de los comunistas en elecciones generales previas.

La socialdemocracia de izquierdas y derechas, que partidos como C’s pretenden apuntalar mientras que el P-LIB en solitario pretende superar, ha de asumir de una vez por todas que su agenda está agotada y que tiene que comenzar a levantar las persianas de la libertad en todas sus esferas. Ha abonado durante décadas el terreno para el populismo, y ahora que ha laminado los recursos no puede enfrentarse a él, simple y llanamente porque -parafraseando a Clausewitz- el populismo es la continuación de la socialdemocracia por otros medios. El populismo es hijo de la socialdemocracia (aunque el populismo pueda tener también otros padres), y no precisamente un hijo bastardo, sino un hijo legítimo, poco entusiasta de las libertades y mucho de la mano dura.

Lo que hay que cambiar justamente son esos medios; resulta por lo tanto imperioso comenzar el desmontaje del hiperestado, disminuir drásticamente la presión fiscal sobre los particulares y las empresas, permitir a los ciudadanos tanto la capitalización individual de las pensiones para garantizar su jubilación como la libertad de elección entre servicios universales privados o públicos, o suprimir obstáculos a la iniciativa empresarial y a la entrada de capitales.

En España las libertades llevan ya demasiado tiempo siendo atacadas, y puede estar muy cerca la estocada. De la socialdemocracia dependerá. Ella será la principal responsable.

Jose Antonio Peña

 

Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#ada700″ post_ids=”-8096″ category_id=”65″ limit=”3″]

¿Para cuándo la negociación con el Daesh?

Sí; escuchando con estupefacción, casi en directo, las noticias sobre la mortal carrera del tráiler en la bella Niza, me pregunté cuándo habríamos de sentarnos ya en la mesa negociadora con el Daesh, al socaire de negociaciones como las perpetradas con ETA o las FARC -éstas poseen incluso Web, para ensalzar a Tirofijo– y que tan positivas y decentes consideran muchos. En cambio otros las consideramos inmorales, y además la base de futuras organizaciones y acciones terroristas, toda vez que generan en ellas esperanzas de éxito, siquiera parcial. Dejando a un lado las eventuales conexiones y entramados entre algunas organizaciones terroristas y determinados aparatos estatales, que han hecho correr ríos de tinta tampoco desmentidos precisamente por las persistentes negociaciones y enredos entre unas y otros (a ver quién explica de una vez qué es el Daesh, qué pretende, y quién lo apoya), lo cierto y verdad es que en muchos casos los estados mantienen hacia el fenómeno terrorista un comportamiento variable, irresponsable, desconcertante y hasta sospechoso, que permite a los terroristas albergar esperanzas de consecución de sus fines, o al menos de ser finalmente amnistiados u obtener trato favorable, en lugar de transmitirles que su probabilidad de éxito es igual a cero y que jamás serán objeto de excepción alguna (lo que no significa que determinadas demandas de los terroristas -demandas, no acciones violentas- puedan ser legítimas).

Sin ir más lejos, en España, casi 60 años después del surgimiento de una ETA autora de crímenes que podrían perfectamente ser considerados de lesa humanidad (existe una batalla judicial en curso), parece que tras múltiples negociaciones offshore finalmente la organización terrorista ha decidido replegarse (sin disolverse) después de un proceso negociador absolutamente opaco rumiado en las cañerías estatales. La inmoralidad, y el error cara a futuro, son sublimes. En primer lugar, desde el momento en que el estado establece algún tipo de negociación con una organización terrorista, está ya directa o indirectamente concediéndole el rol de interlocutor válido y ascendiendo a los terroristas desde el estatus de meros delincuentes al de actores políticos. En segundo lugar, en la medida en que el estado, por contra, no negocia con violadores, maltratadores o ladrones de chalets -ni con perturbados como el de Múnich-, está reconociendo aunque sea implícitamente que la demanda terrorista es digna de ser introducida en la agenda política, y también implícitamente que ha sido introducida bajo presión y que por ende requiere un abordaje singular y soluciones singulares, con ulteriores consecuencias también singulares para los terroristas, lo que subsiguientemente convierte en incómoda la existencia misma de sus víctimas, que es ya cuando la miseria moral alcanza su máximo grado.

En España, la larga y penosa lucha contra ETA que llevaron sobre sus hombros miles de guardias civiles y policías -que se jugaron la vida, perdiéndola muchas veces- la enturbió el estado al contravenir su propio ordenamiento jurídico mediante una guerra sucia inmoral e ilegal que acabó con la vida de varias decenas de personas (además de ser un fatal error estratégico) y al negociar repetidamente con etarras, hablando de mano dura unas veces y de mano blanda otras, sin asumir que la cuestión no va de manos, ni duras ni blandas, sino de cumplimiento de la ley, sin más, ni con durezas ni con blanduras. El contenido de la última negociación seguramente no lo conoceremos en profundidad en décadas, pero en cualquier caso no podemos dejar de interpelar al estado sobre qué ha dialogado con una banda terrorista que tiene a sus espaldas 858 asesinatos consumados y más de 10.000 en grado de tentativa, y miles de heridos, extorsionados, perseguidos, secuestrados, torturados y obligados a abandonar Euskadi (cifras ampliamente superadas por otras, como las propias FARC). Los liberales y libertarios defendemos el impecable cumplimiento de las leyes -que deben ser pocas y nítidas- y la igualdad ante ellas, plenamente conscientes de que la seguridad completa no existe y de que la civilización no inmuniza completamente frente a un terror ante el cual las cesiones y concesiones son inmorales -y además no funcionan-, más aún si sus beneficiarios son terroristas que han desposeído a otros de su cuerpo -de su vida-, aquello que según el formidable Rothbard es lo primero que cada individuo posee.

Nos reencontraremos en septiembre.

Jose Antonio PeñaAcerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#ada700″ post_ids=”-6154″ category_id=”65″ limit=”3″]
[td_block_ad_box spot_id=”sidebar”]

No hay mayor demócrata que un islamista (turco)

Vaya por delante que Turquía ocupa en el Democracy Index 2015 de la The Economist Intelligence Unit la posición 97ª entre 167 países. Según este Índice, Turquía es un régimen híbrido, sumido además en una deriva que lo conduce inexorablemente hacia un régimen autoritario, pues desde 2011 viene cayendo posiciones, concretamente desde la 88ª. Turquía, que, incómoda en la Primavera Árabe, encontró mejor acomodo en el Otoño-Invierno (Neo)Islamista (que es también fascismo y populismo), sale particularmente mal parada en el apartado de libertades civiles, tan detestadas, antes como primer ministro y ahora como presidente, por Recep Tayyip Erdogan y la caterva islamista del AKP, con un pavoroso 2’94 de 10 -frente al 4’71 de 2011- que significa empatar con Cuba o el Congo en la posición 144ª y estar sólo por delante de Myanmar, Bielorrusia, China, Gambia, Yibuti, Bahréin, Burundi, Sudán, Eritrea, Yemen, Laos, Irán, RDC, Uzbekistán, Tayikistán, Guinea-Bissau, Arabia Saudí, Turkmenistán, Guinea Ecuatorial, República Centroafricana, Chad, Siria y Corea del Norte (todos ellos, podrá comprobarse, países ejemplares en materia de libertad). Por su parte, el Índice de Libertad Moral de la Fundación para el Avance de la Libertad, que mide una cuestión particularmente relevante en lo que al islamismo respecta -la moral-, sitúa a Turquía por detrás de Cuba y prácticamente en el pelotón de países con insuficiente libertad moral.

Conviene aclarar esta realidad porque, siguiendo muchos medios de comunicación la madrugada del 16 de julio (en la que hasta nuestro 23-F salió a relucir) y declaraciones posteriores de dirigentes políticos, podía el ciudadano medio interiorizar que Erdogan es George Washington y que estaba perpetrándose el golpe en Nueva Zelanda o en Suiza; sin embargo, nada más lejos de la realidad, por relevante que Turquía sea para la OTAN y la UE, y para los corredores energéticos regionales (que ésa es harina de otro costal…). Y es que en nuestro notablemente idiotizado Occidente muchos consideran libertad prácticamente cualquier cosa que no sea el apaleo sistemático de la población por parte del aparato del estado (principal fuente histórica de sufrimiento humano), más aún si han mediado algunas elecciones en las que decidir sobre cualquier aspecto de la vida individual y donde por tanto tienen todos la oportunidad de imponer su criterio al resto. Hasta de democracias contextuales tenemos que escuchar hablar frecuentemente, que ya son ganas de canallería. Los conceptos, ya se sabe, los carga el diablo; y los necios, que son peores que el diablo. Es como si a las mujeres alojadas en casas de acogida que menor maltrato han sufrido las consideramos “mujeres contextualmente respetadas por sus maridos” (en Turquía, por cierto, la calamitosa situación de la mujer la evidencian cifras como los 200 asesinatos por honor de mujeres que según fuentes se perpetran anualmente, mujeres en muchas ocasiones arrojadas al vacío o en numerosos casos inducidas al suicidio, para limpiar la honra familiar).

No podemos cejar en el empeño los liberales y libertarios de hacer entender, por ardua que resulte la tarea, que como siempre todo se reduce en última instancia a una cuestión de libertad individual, y no de procedimientos democrático-electorales (como los que sin duda existen, aunque disminuidos, en Turquía) para imponer posturas vía estatal y aritméticas parlamentarias coyunturales, menos aún bajo la permanente sombra de las Fuerzas Armadas, por más guardianas del laicismo que sean o afirmen ser, o por más que muchos instintivamente empaticen, como en la madrugada del golpe, con cualquiera que se oponga a la élite califal. Ésta, por cierto, pese a haberle visto al lobo las orejas y la cabeza entera, y pese a haber recibido seria advertencia castrense (que como en otros casos quizá quedó en eso por deserciones in extremis), rápidamente anunció limpia y ordenó masivas detenciones de sospechosos de colaboracionismo, entre los cuales muchos están cayendo que nada tuvieron que ver y que pese a ello serán objeto de abusos. La gran limpieza continúa, afirmaba nada menos que el ministro turco de Justicia -palabras muy apropiadas para el ministro del ramo- un día después del golpe, cuando las detenciones se contaban por miles y alcanzaban incluso al entorno presidencial (el 18 de julio superaban los 7.500, y en ascenso). Ya el día posterior al golpe, de hecho, ante la previsible purga y venganza que los islamistas llevarán a cabo, surgieron las primeras reacciones de dirigentes estadounidenses, alemanes y franceses, menos entregados que el día anterior a la causa de un Erdogan que pretende reintroducir la pena de muerte -abolida para postularse a la UE- y que incluso ha sido acusado de perpetrar un autogolpe, y que por su parte se ha revuelto contra Obama a cuenta del papel que Estados Unidos y el clérigo turco Fethullah Gülen -allí exiliado- pudieran haber jugado en él.

La plena separación entre estado y religión, y la laicidad, que además por supuesto no aceptan los islamistas, resultarán en Turquía insuficientes, como se ha evidenciado en todo el mundo, sin -para empezar- una legislación adicional que garantice a cualquier padre la plena libertad educativa de sus hijos (también inusual en un Occidente donde según el Democracy Index hay sólo 20 democracias plenas), incluida la esfera religiosa, sin intromisión del estado turco, ni de los imanes ni del conjunto de la sociedad. Ésta, por difícil que resulte de asumir en Turquía incluso a medio plazo, por lejana que hoy se antoje, es en realidad la única solución. Otra no existe, salvo que prefiramos permanecer en el error de aceptar que todo continúe dirimiéndose vía electoral, y que, por tanto, al ser hoy mayoría los islamistas turcos siguen legitimados para, mediante una masiva e instrumentalizada democracia, imponer al resto su cosmovisión. Precisamente por ello el islamismo turco no cuestiona la democracia (al contrario, a su legitimidad apeló Erdogan en la enloquecida arenga vía FaceTime), y también precisamente por ello se resiste a la separación entre estado y religión (más aún a la plena libertad educativa para los padres). ¿Cómo si no podría continuar imponiendo el islam?

Jose Antonio Peña

 

Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-5831″ category_id=”65″ limit=”3″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”NOTICIAS” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-5831″ limit=”2″]

Gamberrismo institucional

Avanza el mes de julio y ya todas las quinielas sobre combinaciones y recombinaciones aritméticas parlamentarias, entre socialdemócratas o entre socialdemócratas y comunistas, han sido expuestas. Como en lo esencial el acuerdo entre todos es prístino y nítido -mantenimiento del statu quo y tirar para adelante con los bueyes socialdemócratas-, también todos llevan desde el 21 de diciembre a la gresca institucional comportándose cual auténticos gamberros para apropiarse del mayor trozo posible de pastel, incluso después de haber celebrado las segundas elecciones generales, hasta el punto de que en este momento ni siquiera están completamente descartadas unas terceras, para otoño, que a unos les vendrían mejor que a otros. Para colmo de desvergüenza e irresponsabilidad, algunas de las quinielas incluyen payasadas de diferente orden, por ejemplo la que permitiría a Mariano ser investido en la foto finish ya bien entrado agosto y en pleno despiste vacacional y de fiestas patronales, de manera épica: unos diputados del PSOE se abstendrían (mediando seguramente alguna algarada o performance, al ERC o UP style) a la vez que otros, a mayor gloria del acto, se quedarían escondidos en los aseos, en la cantina o vaya usted a saber dónde, mientras cara al respaldar de su escaño contaría en voz alta Pedro como en el juego del escondite hasta que efectivamente todos estuviesen escondidos.

Que sean éstas fórmulas que realmente baraje el futuro poder legislativo para investir al presidente del poder ejecutivo (al menos no se contempla aún que Mariano concurra a la Secretaría General del PSOE) y que la convocatoria de terceras elecciones dependa más de cómo unos y otros podrían escapar en ellas, que de la consideración como irresponsable de la convocatoria misma, resulta impropio de un país democrático con instituciones sólidas y serias -que ni tienen por qué ser demasiadas ni necesariamente estatales-, del cual peligrosamente nos aleja la cada vez más gamberra socialdemocracia (mención aparte merece la situación en Cataluña, con una Generalitat pionera en el deterioro político e institucional y que, tras numerosas elecciones al Parlament y consultas on y off shore en pocos años, se prepara para unas previsibles nuevas elecciones autonómicas, también en otoño, ya con CDC vestida de Partit Demòcrata Català y la CUP como el camarote de los Hermanos Marx –perdón por el chiste fácil–.

Resulta inaudito y vergonzoso, y peligroso para el conjunto, que grupos parlamentarios dirigidos por cúpulas partidistas que en lo fundamental -y en muchísimos detalles- comparten programas y agendas estén dispuestos a estrujar las instituciones y a poner a prueba las costuras políticas e institucionales del país hasta ese extremo, en beneficio propio (a cargo, por supuesto, del contribuyente, humillante denominación que en el consenso socialdemócrata recibe el saqueado ciudadano). Dichas cúpulas continúan pasando Rubicones, sin mediar eso sí la heroicidad de Julio César cruzando con sus legiones el río Rubicón -frontera con la Galia Cisalpina-, sino el ahondamiento en la degradación política e institucional del país, ahora a lomos de una incomprensiblemente festejada recuperación económica a la española, basada en el chiringuito de playa, el tintorro y la sustitucioncilla estival.

Además, y salvo sorpresa, el gobierno que a duras penas se conforme difícilmente agotará los cuatro años de legislatura, por lo que no saldremos de esta endemoniada situación; que la socialdemocracia esté herida de muerte y carezca de programa político más allá que el de deambular por caminos erráticos la convierte en más peligrosa aún para los ciudadanos dada su firme disposición a autoconsumirse antes que a reconsiderar siquiera otros caminos. Resistir, y conservar, mientras llega la defunción, el patrimonio moral de siglos de liberalismo, es lo que corresponde a los cada vez más numerosos amantes de la libertad. Otra cuestión es cuándo llegará el deceso, y cómo y quién gestionará la demolición y la reconstrucción. Veremos. Siempre con ilusión.

Jose Antonio Peña
Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-5457″ category_id=”65″ limit=”3″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”]

Ya sólo se puede ser liberal

Tras la absurda borrachera electoral a la que nos vimos sometidos el 26-J, resultado del desacuerdo en la repartición del pastel estatal tras el 20-D en el seno de la socialdemocracia transpartita, ésta continúa a lo suyo: perpetrar esta vez sí el reparto (toma fuerza la investidura-cártel PP+C’s+PNV+CC+el polizón de NC en el cayuco del PSOE, para llegar a los 176 raspados) a la par que no aborda, siquiera parcialmente, una sola de las grandes reformas que necesita el país en materia de libertad económica, mercado laboral o sistema de pensiones. Bien mirados, únicamente sorprende realmente de los resultados electorales la pedrada a C’s, que ha perdido en sólo 180 días un quinto de sus escaños: avance del PP y retroceso del PSOE nada escandalosos y mantenimiento del bolchevismo; meros reajustes, por tanto, que, pese a la tómbola de porcentajes y al estrangulamiento de datos y cifras que ofrecen partidos y medios, edulcorados con el número de abstencionistas y los votos en blanco y los nulos, permite concluir que estamos como estábamos… y que resulta más necesaria que nunca una fuerza política liberal que permita hacer palanca en un parlamento colonizado por socialdemócratas de todo jaez y por comunistas. El Partido Libertario (P-LIB), único de estas características en España, volvió a concurrir el 26-J y ha más que demostrado que no es flor de primavera y que cualquier vía de agua importante en el consenso socialdemócrata vendrá de su mano y de quienes se vayan sumando a su proyecto de transformación, gradual pero profunda, de la realidad.

La primera en jugar al centrismo liberal (fórmula vacua donde las haya) desde el CDS, pese a ser también plenamente socialdemócrata, fue UPyD, hoy de cuerpo presente, y después C’s ha pretendido coger el testigo, también pese a su condición socialdemócrata (debería ser objeto por parte de las ciencias de lo oculto el que reiteradamente fuerzas socialdemócratas se presenten como liberales para encima terminar invariablemente escaldadas más pronto que tarde). C’s tiene a día de hoy muchas posibilidades de desaparecer a corto o medio plazo, al estilo magenta, en cuanto se rehagan la socialdemocracia de derecha, liderada por el PP, y la de izquierda, que por ahora seguirá liderando el PSOE, dos formaciones con programas electorales simétricos pero de larga tradición que han sabido solidificar en el imaginario político colectivo dicho eje falaz de izquierda-derecha a base de mediáticos debates pretendidamente acalorados y exagerados sobre asuntos religiosos, identitarios o el aborto, en los que a la postre, por otro lado, han convergido bastante (no hay más que ver las legislaciones al respecto de uno y otro en el gobierno). Así que C’s deambula buscando acomodo socialdemócrata entre ambos, sin aportar absolutamente nada nuevo y reincidiendo en las erróneas recetas socialdemócratas, agarrado al salvavidas de la corrupción y de las caras nuevas (que ya comienzan a no ser tan nuevas) y al rol de muleta del PPSOE que quizá durante no demasiado tiempo pueda ejercer.

Por ello, fuera del ecosistema socialdemócrata y comunista español sólo puede haber ya vida liberal, la cual en el siglo XXI y después de que Iglesias II hace no mucho afirmase nada menos que también Podemos es heredero de la tradición liberal, tiene irremediablemente que ser libertaria, en lugar de redundantes formaciones socialdemócratas de aluvión que aprovechan ventanas de oportunidad dentro de la propia socialdemocracia y que no son sino coyunturales reajustes internos de la misma. De hecho, lo normal en muchos países de nuestro entorno cultural, y de otros entornos culturales, es la presencia institucional de un partido liberal, y en Estados Unidos las encuestas auguran un excelente resultado en las elecciones presidenciales de noviembre para Gary Johnson, candidato del Libertarian Party (cuyo homólogo en España es el P-LIB) que ya desarrolló una brillante labor como Gobernador de Nuevo México entre 1995 y 2003. Nuestro país, cuna del liberalismo, no merece continuar siendo por más tiempo una excepción.

Jose Antonio Peña

 

Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-5117″ category_id=”65″ limit=”2″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”]

El disparo fue en un solo pie

Le comento a mi amigo Antonio Santos que la gran enseñanza que deja tras de sí, entre tanta zozobra, el 26-J, si es que es queremos aprenderla, es que ningún elector debería tener una capacidad tan desorbitada como la actual para disponer de la vida, la libertad y la propiedad de los demás. La democracia ha devenido en un sistema furibundo y primario en el que unos ciudadanos pueden decidir un domingo de junio buscarle la ruina a otros por el santo rostro y con total impunidad, vilmente amparados en mayorías y aritméticas de diferente calaña. Democracia no consiste en votarlo todo y a todas horas (algo, por cierto, típico de muchas dictaduras), sino en proteger al máximo el espacio de cada individuo y decidir en común sólo aquello que irremediablemente haya que decidir en común. Sí, sólo lo que no quede más remedio, y aceptando el mal menor de la lógica mayoría-minoría pero teniendo también permanentemente presente que, como Leoni explicó con una simplicidad aplastante, no deja de ser eso, un mal, además profundamente inconsistente y una de los grandes mantras de las dos últimas centurias, que sin embargo ha cegado a intelectuales colectivistas de todas las épocas, como si el binomio 51-49% desplegase auténticos efectos mágicos en la resolución del conflicto social.

Sin embargo, ¿con qué derecho unos ciudadanos, más o menos ricos o pobres, decidirían por ejemplo que deben ser absueltos de pagar el IRPF -sabia decisión, por cierto- y que otros tienen que soportar un eventual 70% de tal impuesto?, o, ¿con qué derecho se autoconceden ayudas y subvenciones con los dineros de todos? Si la noche del 26-J había, como sigue habiendo hoy, gente honrada, de bien, conteniendo la respiración a la espera de que sus conciudadanos decidieran o no buscarles una completa ruina, es porque estamos haciendo un uso fraudulento y degenerado de la democracia que permite a unos electores concluir, después de profunda, brillante y desinteresada reflexión, que lo mejor para el bien común es que ellos no paguen impuestos -sabia decisión, insisto- pero que sí los paguen, y cuantos más mejor, los vecinos del 3º y el tendero de la esquina. Y no, no saquemos nuevamente a colación la retahíla de que en democracia no hay resultados buenos ni resultados malos en función de quién ganó, perdió o empató el 26-J; no es ésa la cuestión de fondo, que es otra: la profunda inmoralidad que supone someter a una votación prácticamente ilimitada la libertad y la propiedad de cada individuo.

Por ello resulta absolutamente perentorio reformar la Constitución socialdemócrata de 1978 -acicalada con perfume comunista- para blindar la propiedad privada y restringir enormemente las expropiaciones y nacionalizaciones, el expolio fiscal, el gasto público, y la emisión de deuda pública. Resulta igualmente necesario que las leyes, claras como el agua clara, y concisas, sean una bota de ferralla en el cuello del poder ejecutivo y permitan a un poder judicial independiente defender, como perro de presa bajo el imperio de la ley, la propiedad y la libertad de cada ciudadano, de los ataques del propio ejecutivo y de los demás ciudadanos. Si todos tuviésemos la garantía constitucional efectiva de que ni socialdemócratas ni comunistas (el 100% de las actuales Cortes) tienen la posibilidad de elevar el IRPF al 70% o de despojarnos de nuestras propiedades, muchos menos relevante sería el partido o partidos que ocupan coyunturalmente el poder ejecutivo. Si el gobierno, que nunca merece mejor trato que el peor enemigo traidor, estuviese bien amarrado, cual mulo en un establo (entiéndase por favor literalmente el símil), en vez de estar trotando alegre y desvergonzadamente por las praderas clientelares y de la deuda pública, mucho menos habría que temer.

Y quienes deseen pagar más impuestos convencidos del bienestar que generan, no deberían retrasarse ni un minuto más en comunicarlo unilateralmente y por escrito a la Agencia Tributaria, que a buen seguro aceptará gustosamente, o en donar en vida sus bienes al estado, en lugar de endosar el pago de impuestos a los demás; igualmente, quienes ansíen recibir múltiples ayudas y subvenciones de otros, que mancomunen sus dineros y los repartan siguiendo sus propias reglas. Y que permitan a los demás pagar menos impuestos, sobre todo si desean hacer uso de los universales servicios privados y no de los estatales, y vivir también según las suyas.

Jose Antonio Peña

 

Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-4816″ category_id=”65″ limit=”3″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”]

Ciudadanos socialdemócratas (C’s)

Si el gran Gila estuviese hoy entre nosotros y en plena forma nos regalaría seguro unas risas sobre el partido socialdemócrata Ciudadanos, que, cual tonto que coge la linde, pretende obstinadamente hacerse pasar por liberal, arrastrando de paso por el fango los principios e ideas liberales por un puñado de votos. C’s es más defensor de la socialdemocracia que quien la inventó, un pavoroso engendro de mercadotecnia naranja y aluvión que orbita en torno a una persona -a lo sumo, varias-, al que han arribado, por cuestiones de toda índole excepto ideológicas, extraviados socialdemócratas de todo el flower power macedónico socialdemócrata: popular, socialista… más las cenizas magenta.

Como todo el mundo sabe, un partido que se autodefine como de centro-izquierda en la página 1 de su Ideario y que defiende reiteradamente un modelo socialdemócrata, lo normal es que acto seguido se defina como liberal; ¡claro, que iba a ser si no; pues liberal! Por eso, es típico de partidos liberales autodenominarse de centro-izquierda y defensores del modelo socialdemócrata; es lo normal. De hecho, Ron Paul y Gary Johnson no hay día que no amanezca en que no afirmen ser de centro-izquierda y férreos socialdemócratas. No falla. Por cierto, Albert, explícanos, cuando afirmas en la página 2 de dicho ideario que C’s se nutre del liberalismo progresista y del socialismo democrático, cuál sería a tu entender el liberalismo no progresista, porque desconocemos cuál es ése. En cambio, haces muy bien en hablar de socialismo democrático, aclarando el asunto con el socorrido adjetivo, que permite al lector no salir corriendo a la primera de cambio. Otras veces afirma C’s ser centrista o social-liberal, que vendría a ser un espacio indeterminado a mitad de camino entre lo de social y lo de democracia, o entre lo de social y lo de liberal, pasando por la carretera secundaria de Cangas do Morrazo.

C’s es lo que es, un partido socialdemócrata, y no otra cosa, que encima lo niega y dice que es lo que no es, así que menuda carta de presentación (aunque también es perfectamente comprensible que a estas alturas de la tragedia le resulte vergonzoso reconocerse socialdemócrata). Por eso, ya en el segundo 1 se buscó como colega de juerga intervencionista al PSOE (en el monó4ogo podrían haber compartido atril), partido de intachable tradición liberal sin mácula intervencionista alguna con el que firmó hace unos meses un Acuerdo para un gobierno reformista y de progreso (ahí es nada) que ambos pretendieron hasta el último suspiro que Podemos validase de algún modo para al menos echar a rodar -aunque fuese por algún canto- la legislatura. De un eventual gobierno socialista presidido por un socialista investido por el propio PSOE, C’s y los nacionalistas de Nueva Canarias, con la abstención del chavismo (y la socialdemocracia de derechas en la oposición), sólo se podría haber esperado medidas liberales, qué duda cabe.

C’s viene a reforzar la ruinosa socialdemocracia, fundamentalmente con propaganda, frescura (en todos los sentidos) y nueva política, pero los liberales están ya de la frescura de C’s hasta los mismísimos Keynes, como lo estaban del talante de ZP, founding father de la neopolítica y de la socialdemocracia del siglo XXI ahora públicamente idolatrado por Pablo II para disparar al PSOE su Tomahawk diario, Pablo que por cierto en otro alarde de nueva política ha fundido a Podemos con un PCE que en 2021 celebrará su 100º aniversario; pura neopolítica.

Hasta 2015 la estadounidense James Randi Educational Foundation, dirigida por el famoso mago James Randi, hastiado de las estafas del mundillo paranormal y pseudocientífico, ofrecía 1 millón de dólares a cualquiera que demostrase en directo poseer algún tipo de poder sobrenatural. No logró el dinero ninguno de los muchos que lo intentaron, que se escudaban en múltiples excusas y mentiras para justificar su fracaso. Yo solicito poner en marcha la misma experiencia aplicada ahora al ámbito de las ideas y los programas de partido. Imagínate, Albert, tú, que sabes de sobra que ni eres liberal ni lo has sido: 1 millón de euros por demostrar el liberalismo del mencionado acuerdo socialdemócrata con el PSOE. Vale usar potente microscopio.

Jose Antonio Peña

 

Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-4686″ category_id=”65″ limit=”4″]

El Monó4ogo

Se agotan cada vez más los adjetivos especificativos para descalificar deplorables espectáculos como el monó4ogo del lunes 13 de junio, protagonizado por los cuatro candidatos más presidenciables, cuales jinetes del Apocalipsis: tres socialdemócratas del siglo XXI -que hacen ya buenos a los del XX- atenazados por su peor criatura: un socialista del siglo XXI vestido a ratos de socialdemócrata fantasmagórico, presto a meterles las cabras en el corral cuanto antes e inaugurar el chavismo en Europa meridional, siguiendo la estela griega. El PP, el PSOE y C’s representan el sector más duro, rancio y carcomido de la socialdemocracia, dirigidos por cuadros que ya hace mucho tiempo se echaron completamente al monte, o nacieron directamente en él. El monólogo de cuatro, que, como no podía ser de otra manera y para no perder las buenas costumbres, dedicó sus primeros veinte minutos a dar cera a los pequeños, medianos y grandes empresarios, fue un cuádruple derroche de mentiras reiteradas y descaro hacia la ciudadanía, que escuchó durante más de dos horas en prime time los planes de la élite extractiva para continuar malversando su libertad y sus dineros, con ofertas de 3×2 y todo a 100 refutables con papel y lápiz por cualquiera al que el bienestar del estado se haya dignado a medio alfabetizar y no anhele con fervor ser vilmente engañado.

Baste señalar los nuevos cheques-bebé de Mariano, la pretensión de Albert de dragar la sociedad en busca de evasores fiscales, el impuesto finalista de Pedro para sufragar pensiones (que según él pagarían las multinacionales, con las que por tanto debería estar muy agradecido…), o una de las primeras medidas chavistas para crear empleo: un plan de mejora del cierre de ventanas y puertas de viviendas para hacerlas eficientes energéticamente, que realizarían desempleados subvencionados por el estado (desconocemos si al menos dejará elegir Pablo II entre madera, aluminio o PVC), y que, aparte de tratarse de la típica medida de dictadores -que primero de todo se meten en las casas de los ciudadanos a disponerles la vida-, no generará riqueza porque simplemente moverá recursos de un lado a otro, sin atender las necesidades de los agentes económicos en el Mercado.

Los ciudadanos, sobre todo los que menos tienen, son quienes van a pagar las trágicas consecuencias de los eslóganes, ocurrencias y lugares comunes keynesianos, cuando no directamente marxistas, de cuatro cartomantes irresponsables que se niegan a bajar los impuestos y a liberalizar la economía, más aún a la espera de que la entidad socialista Bruselas comience a apretar el mismo 27-J. Este estado saquea a unos, a otros, y a los de más allá, al tiempo que hace creer a todos que todos viven a costa del estado y que son otros los que pagan la fiesta. ¡Como si los vendedores de clínex de los semáforos no pagaran el IVA de los alimentos! (gran medida social el gravar los bienes de primera necesidad), ¡como si los que menos poseen no pagaran el criminal 21% de IVA!… ¿cómo?, ¡ah, entiendo, que el estado primero te lo quita para luego devolvértelo de otra manera!, ¡entonces sí!….

Ése precisamente es el gran fraude del último siglo y medio de la Humanidad, que un mal estudiante de primaria podría descubrir por sí solo haciendo su Vacaciones Santillana tumbado en la arena de la playa, pero que la sociedad en su conjunto se resiste a entender, por múltiples razones, como el imperio de la mentira -la primera de las fuerzas que dirigen el mundo, según Ravel-, pero también la naturaleza acomodaticia de muchos, o la pereza, no por casualidad siempre ensalzada por el socialismo, por ejemplo en El derecho a la pereza, de Lafargue, yerno de Marx que colaboró en España con Pablo Iglesias I, fundador del PSOE. El 15-M, el mayor ejercicio colectivo de pereza mental, escasez de ideas y servidumbre estatal de las últimas décadas, fue la consecuencia de la abyecta socialdemocracia, y la causa de la tragedia que nos ronda. Ya entonces no vimos carteles en las plazas defendiendo la propiedad privada, ni exigiendo la supresión de la cuota a los autónomos y la liberación fiscal de los ciudadanos, ni defendiendo a los pequeños ahorradores y la libertad en materia educativa y sanitaria. Vimos lo que vimos. No otra cosa. Y eso tenemos. Que no olviden nunca los que nos sucederán, aunque difícilmente las generaciones mantienen buena interlocución entre sí, que antes de inaugurar en nuestro país el socialismo del siglo XXI, habíamos inaugurado la socialdemocracia del XX.

Jose Antonio Peña

 

Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-4535″ category_id=”65″ limit=”3″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”]

Hacia el precipicio

Pablo Iglesias continúa estrangulando conceptos y teorías, y avanzando en la elaboración de su relato destructor de la democracia (dicen que lo menos malo conocido, aunque hoy esté concebida para que todos decidan alegremente sobre cualquier aspecto de la propiedad y libertad de cada uno). Durante la entrevista que la semana pasada le practicó Piqueras (que tuvo que aguantar cómo a media lengua Pablo reconocía que pretende lustrar con betún de Judea a la prensa libre) aseguró el líder de Unidos Podemos que son ellos quienes tienen que liderar el cambio (sustantivo vacuo ideado para meter en el mismo establo a toda la ralea socialdemócrata, leninista, trotskista…) con independencia de que obtengan más o menos escaños que un PSOE que podría verse pulverizado, ya que a su juicio en democracia lo relevante son los votos y no los escaños, y que negar esto es no ser demócrata.

Fíjense cómo con ese discurso Unidos Podemos va consiguiendo ya ser visualizado, aún a falta de tres semanas para las elecciones, sí o sí, como el segundo partido, sea o no el segundo en número escaños. Pero sobre todo consigue que ya haya ciudadanos que comiencen a cuestionar a priori el verdadero resultado del 26-J… siempre y cuando éste no sea favorable a Unidos Podemos, claro. Verás, Pablo, el sistema electoral español es manifiestamente mejorable (por cierto, no se os ve, ni a C’s, por la labor de suprimir o reducir sustancialmente el número de avales que muchos partidos han de recabar para concurrir electoralmente… ¿o es que sois ya neocasta?), pero de ahí a tener en cuenta votos en vez de escaños para establecer quién será segundo, y a hacer interpretaciones y re-interpretaciones libres de lo que en realidad han votado los ciudadanos, va un trecho que ya sabemos tú pretendes pasarte por el forro de Gramsci (compañero de Mussolini en el ala radical del Partido Socialista Italiano en 1914, antes de que el Duce fundase el Partido Nacional Fascista y Gramsci el Partido Comunista Italiano, valga la redundancia).

Entre tanto, PP, PSOE y C’s -valgan nuevamente las redundancias- se encuentran cada vez más agobiados por el Frankenstein de Unidos Podemos, de autoría socialdemócrata, que, para mayor presión, a ratos asegura ser eso, socialdemócrata, concretamente en versión nórdica (ayer 6 de junio, en el Ritz de Madrid, Iglesias afirmó que Marx y Engels también fueron socialdemócratas, lo cual le está muy bien empleado a la socialdemocracia). ¿Sabrán Pablo y la cuadrilla socialdemócrata multicolor que los países nórdicos hace ya treinta años comprendieron que, o acometían reformas en clave liberal, o se veían hundidos por la socialdemocracia?; ¿sabrán que Dinamarca es uno de los países del planeta con mayor libertad económica, prácticamente empatado con Estados Unidos, y que carece de salario mínimo, mientras que Venezuela es el tercer país con menor libertad económica, por delante de Cuba y Corea del Norte?; ¿sabrán que los demás países nórdicos, pese a mantener un estado mastodóntico que los lastra, se encuentran a la cabeza en libertad económica y han generalizado los copagos sanitarios, o que las pensiones suecas se encuentran parcialmente capitalizadas? Porque, claro, al igual que puede verse últimamente en los actos de Unidos Podemos la gloriosa bandera soviética, todo el mundo sabe que no hay balcón que se precie en Copenhague u Estocolmo que no luzca orgulloso hoz y martillo.

Igualmente, cualquiera que haya viajado a Oslo se habrá encontrado una ciudad empapelada con fotos del Che y de Chávez, y a nadie se le escapa que el finlandés de bien envidia no tener un sindicato como el SAT para okupar tierras finesas en desuso. De modo que PP, PSOE y C’s, sentados sobre un barril de pólvora espoleados por los comunistas de Unidos Podemos, continúan rebuscando en la chatarra programática socialista abandonada por los propios nórdicos para continuar con el vergonzante aquelarre de promesas, propio de un país a la deriva y desguazado por un fascismo fiscal que la socialdemocracia ha logrado infligir a la sociedad y que la mayoría asume acrítica o resignadamente. Promesas todas ellas propias de trileros que pretenden además engañar necesariamente a alguien: o a la ciudadanía, o a Bruselas -instancia socialista cuya gran contribución a la libertad es obligar a los gobiernos que no reducen gastos a incrementar impuestos-, o a ambos. Resulta inconcebible que a estas alturas buena parte de la ciudadanía trague aún con que se va a aumentar el gasto sin aumentar los impuestos, o aumentándoselos sólo a otros (el rico, que ya a estas alturas según la socialdemocracia es aquel que come tres veces al día). Que la propuesta de la socialdemocracia para aumentar, por ejemplo, el 1% la cuantía de las pensiones (sepan de una vez por todas que el sistema de pensiones está quebrado) sea detraer previamente vía impuestos ese 1% a los jubilados para luego devolvérselo en la paga, convierte en sofisticado cualquier episodio de Barrio Sésamo, y al bueno de Coco en Oppenheimer.

Mientras no logremos que la ciudadanía entienda que la única manera para detener la hemorragia es una drástica disminución de impuestos para todos, para los que tienen más y para los que tienen menos, y la liberalización de la economía, todo irá a peor. Entretanto, es necesario ir acorralando moral, intelectual y políticamente al socialismo obligándole a responder con absoluta claridad y precisión (queda invalidadas por tanto como respuestas la naturaleza social del ser humano o su pertenencia a una comunidad política) a esta cuádruple pregunta, sencilla pero certera: ¿cuántos impuestos tiene que pagar al estado cada ciudadano, en función de qué, para pagar qué cosas, y por qué razón tiene que hacerlo?

Jose Antonio Peña

 

Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-4352″ category_id=”65″ limit=”3″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”NOTICIAS” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-4352″ limit=”2″]

De compras por Caracas con Íñigo… y con Albert

Hace unos días se recordaba, Íñigo (según algunos eres comunista moderado, valga el oxímoron), tu comentario sobre que los venezolanos están haciendo colas en los supermercados porque ahora son más ricos y  porque tienen… ¡simple curiosidad al ver que tanta gente lo hace! También, por supuesto, por culpa del Mercado y del boicot del empresariado, tremendamente interesado en reducir ventas para obtener pérdidas y, a ser posible, arruinarse. Como todos sabemos, cuando uno pasea por Zurich, Sidney o Wellington, lo primero que ve son ricos ciudadanos suizos, australianos y neozelandeses haciendo colas de largas horas para curiosear a la par que esperan para comprar papel higiénico o hurtar mendrugos de pan. También uno ve enseguida lustrosos niños suizos, australianos y neozelandeses husmeando en la basura, con hambre y vendiendo por las calles cigarrillos y gasoil. ¿Quién no ha visto a los habitantes de Ginebra en masa asaltando badulaques para hacerse con rábanos, pijotas y arenques? Como todo el mundo también sabe, Suiza, Australia y Nueva Zelanda no son tres de las economías más libres del planeta según el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage (que podrían serlo muchísimo más aún si los estados retrocediesen), sino economías planificadas quinquenalmente por  dirigentes políticos y burócratas. Es normal, a más riqueza, más desabastecimiento, más colas, y más curiosidad por ver quién hay en ellas.

No me molestaré esta vez en calificar tu posicionamiento, Íñigo, que es propio de un hombre mesurado, cabal y lleno de principios. Con Íñigo y Asociados, Albert, es con quien tú, hace unas semanas, antes de viajar a Venezuela y quedar conmocionado por su cruda realidad, te reuniste, junto a Pedro, a ver si en el último suspiro (hasta el rabo todo es Diablo, ¿no?) entre los dos metíais a Podemos en el saco de la abstención de la investidura. Luego, al salir de la reunión, después de que Pablo os diese sopas con honda -consciente de que la olla está a presión y no toca poner el fuego al mínimo-, dijiste que no, que era sólo por probar, por ver si Podemos cambiaba de parecer, porque no hubiera dudas… Como todo el mundo sabe, una conversación de una sola hora en una sala, con la prensa agolpada en la puerta, basta para que un puñado de socialdemócratas convierta a un puñado de comunistas en anarco-capitalistas… es lo que suele ocurrir en estos casos. Así nos va: socialdemócratas convenciendo a comunistas de que se hagan socialdemócratas, y comunistas convenciendo a socialdemócratas de que se hagan comunistas (casi más sentido tiene esto último, ya puestos…).

Albert, ¿de qué conversasteis con Pablo?, ¿le afeasteis su emoción en la televisión venezolana al escuchar al difunto Chávez? (Me emociona escuchar al comandante. Se le echa mucho de menos. Cuántas verdades nos ha dicho este hombre: https://www.youtube.com/watch?v=4Q-ZKIwXCAo); ¿en qué puntos creíais que podíais converger? Ilústranos. Porque en Francia, nadie se sienta a hablar siquiera con los políticos del Frente Nacional (versión francesa de Podemos), que de hecho no disfruta de mayor poder político porque no encuentra aliados. ¿Sabes por qué? Porque defiende cosas como priorizar a los nacionales franceses en los hospitales. Cosas no mejores defiende Podemos, y sin embargo ya han entrado en muchas instituciones políticas gracias a pactos con los socialdemócratas de todos los partidos. Si es que, Albert, sois muy dialogantes con las nuevas fuerzas políticas, y también con las viejas, a la par que muy duros contra los regímenes enquistados; de hecho, como todo el mundo sabe, en el parlamento andaluz C’s tiene al gobierno socialista en un sin vivir, sin pegar ojo por temor a caer en cualquier momento. Se nota, sí, Albert, se nota muchísimo la mano de C’s en Andalucía. No sabes cuánto. Por cierto, la próxima vez -la habrá…- recuerda a los dirigentes de Podemos la carta que en 1858 Marx escribió a Engels en la que se refería a Simón Bolívar, figura que se ha apropiado el chavismo, como el “canalla más cobarde, brutal y miserable”.

La diferencia entre Mariano, Albert, Pedro y Pablo, es de grado -y de algún elemento estético de vestimenta y formas-, pero nunca de esencia. Es muy fácil entenderlo con este ejemplo: si la cochambrosa socialdemocracia de derechas del PP sube el IVA del 16% al 21%, ¿por qué ahora no iba a poder subirlo Podemos al 26%?, ¿por qué?, ¿cuál es el argumento? Mariano, ¿con qué argumento y legitimidad moral acusáis ahora de comunista a Pablo?, ¿con el de que va a laminar la separación de poderes?, ¿con el de que va a manipular los medios de comunicación estatales?, ¿con el de que va a subir los impuestos y gastar lo que no se tiene?… Eso ya se viene perpetrando desde hace años, no lo ha inventado Pablo. Eso sí, Pablo lo va a perfeccionar, con brocha fina, pero el boceto socialdemócrata ya se lo habéis hecho. La secuencia comienza asemejarse a la griega: la socialdemocracia de derechas y de izquierdas hunde a una sociedad con escasa tradición democrática y débil cultura política, y luego se la pone en bandeja a los hombres de negro marxistas (que vienen ya vestidos de riguroso luto para ir adelantando…), expertos en situaciones adversas, pues décadas de hambre y miseria moral curten lo que no está en los escritos.

Los próximos carnavales políticos se nos avecinan únicos e inolvidables: socialdemócratas de derechas e izquierdas disfrazados de comunistas para cumplir su auténtico sueño al menos una vez en la vida, comunistas vestidos de socialdemócratas para rememorar con añoranza los años de tibieza e ingenuidad, y recaudadores fiscales disfrazados del Conde Drácula para limpiar su imagen. Y los ciudadanos jugando al juego de las sillas, hasta que la música pare…

Jose Antonio Peña

 

Acerca del autor: Jose Antonio Peña

José Antonio Peña es profesor de universidad y Doctor en Ciencia Política. Y según él mismo confiesa “Poeta a ratos”.

[td_block_11 custom_title=”Jose Antonio Peña” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-4186″ category_id=”65″ limit=”1″][td_block_11 custom_title=”NOTICIAS” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-4186″ limit=”4″]