Opinión

El caso Indra y los contratos estatales

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

Salta a la palestra estos días la noticia de que la CNMC ha sancionado a varias empresas y administraciones públicas por el amaño de contratos. Indra redactaba los pliegos informáticos de los servicios de la Agencia Tributaria, por ejemplo, y entre Indra, IBM y Atos se repartían el pastel. En marzo de este año terminó el transitorio de la nueva Ley de Contratos del Sector Público y ya están totalmente traspuestas las Directivas Europeas al respecto en el ordenamiento jurídico español, con la bondadosa intención de que estos tejemanejes terminen y la cosa sea transparente y límpida.

La realidad es bien distinta, como pueden imaginar. Sobre todo para la administración local, aunque cualquier administración de cualquier tamaño sufrirá las consecuencias de tener que redactar pliegos para casi cualquier contrato, que es lo que ocurre con la nueva Ley. La especificidad de ciertos contratos implica que la administración ha de tener equipos muy bien formados en áreas muy concretas para poder redactar los pliegos por sí misma. Las consecuencias son evidentes. Por un lado, se incrementa el funcionariado, con el sobrecoste para el contribuyente y por otro el avance tecnológico que las propias empresas desarrollan para competir termina por desfasar a este personal, por lo que acaban necesitando de empresas que redacten los pliegos y que sepan de que va el asunto. Un pliego técnico ha de redactarlo alguien que esté perfectamente preparado y sea experto conocedor de las tecnologías que se van a emplear. De esos hay muchos más en las empresas privadas que en el sector público, y al final, como todos tendemos al mínimo esfuerzo (que es la máxima eficiencia) acaban las cosas como acaban.

Cualquier ley de contratación del sector público es inequívocamente una merma en el bolsillo del contribuyente. En aras de la transparencia se crea un monstruo imposible de manejar y es la propia administración la que debe saltarse sus leyes para poder ser mínimamente operativa. Se lo dice alguien que lo sufre día a día, que también redacta pliegos.

Una empresa privada puede incrementar su burocracia interna hasta cierto punto, pues esta tiene un coste que acaba repercutiendo en sus clientes. El sector público o una empresa que trabaja íntimamente ligada a él, como Indra, no tiene por qué. Trasladan estos costes a los Presupuestos Generales del Estado y de ahí a cada uno de nosotros. Mientras la vaca de leche se puede seguir ordeñando. Se trasponen un par de directivas y a funcionar.

Por mucho que se empeñe la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, la administración pública seguirá necesitando del apoyo de las empresas que acabarán siendo las contratistas para poder preparar los contratos. En ciertos sectores no son tantas y sus servicios son de altísima especificidad. El riesgo a que se repartan el pastel, como ha ocurrido, es casi del 100%. En aquellas administraciones de menor tamaño ocurrirá lo mismo. Pese a incrementar el personal, el Estado se mete en tantos lugares en los que no debería, que nunca alcanza a tener suficientes técnicos preparados para todo. Y en esa espiral estamos. Más funcionarios con más pliegos y contratos para conseguir la misma transparencia cada vez a mayor precio. Suma y sigue.

Compartir

Leer respuestas y comentar (0)
Compartir

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

Opinión

Taxis, licencias y Estado

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

Es un hecho que de la misma manera que la luz eléctrica acabó en gran parte con la industria de fabricantes de velas, el gremio del taxi tiene los días contados. A los ya existentes servicios de Uber, Cabify, BlaBlaCar o Muving se irán uniendo todos aquellos cuantos puedan imaginar que puedan ofrecer una rentabilidad a sus promotores. El coche autónomo sin conductor no es el futuro, es el presente. Estamos, aquí también, inmersos en la revolución de las nuevas tecnologías y ciertamente es imposible adivinar en qué acabará todo esto. Quizá el video no matara a la estrella de la radio. Internet las matará a ambas en su formato de los años 80.

El Estado, siempre a remolque, tarde, mal y nunca, como decía mi ínclito profesor de ciencias Don Félix Arranz, se empeña en alargar la agonía, haciendo buena la frase de Reagan: “El gobierno no soluciona los problemas, los subsidia”. Es decir, nos los traslada a los contribuyentes para que los paguemos, queramos o no. Cuando la cosa es inevitable, llegan las dolorosísimas reconversiones de los sectores que se han quedado fuera de mercado, llegan los llantos y el rechinar de dientes. Y aumento del gasto para paliar los daños. He dicho Estado y no gobierno porque en realidad, todos los partidos políticos cumplen con el postulado de Reagan para este caso (como para todos, en realidad). El interés es mantenerse en el poder y contentar tanto como sea posible a los lobbies que entren en una situación difícil, engrosando en el presupuesto y los impuestos, para seguir pagando estómagos agradecidos.

Poco importan los inicios del sector. Nos pilló la cosa en plena dictadura. Corramos un estúpido velo. No jugaremos la carta de Franco en este post. Lo bien cierto es que existe un sector cerrado en el que no se permite el libre comercio, mantenido por la coacción estatal que ha acabado amparando, no solo un modelo de negocio obsoleto, si no comportamientos incívicos cuando no delictivos. Empresarios que no saben que lo son y políticos que saben a lo que juegan mintiéndoles para justificar el oneroso pago que hicieron en su día por una licencia. Una licencia que no es más que la promesa, falsa, de que Papa Estado mantendrá el sector cautivo y cerrado, poniéndole puertas al campo, o sea a la creatividad empresarial.

Aquí el asunto se pone espinoso, todos escurren el bulto y miran para otro lado. Los taxistas que quieren seguir exprimiendo su licencia y los políticos que no saben como tragarse el asunto y den por buenas cuantas prebendas les piden, aun a sabiendas que no es más que una patada hacia adelante, esperando que en la próxima legislatura la mierda se la coma otro.  Nadie a excepción del Partido Libertario, pone soluciones sobre la mesa, que ofrezcan una salida honrosa a los implicados, al engañado al que obligaron a pagar una licencia sin fin que está a punto de terminar, al Estado trilero y, por supuesto, al sufrido contribuyente que es el que acaba por pagarlo todo.

En realidad, la cuestión no es demasiado complicada. El sector necesita una liberalización y los taxistas que se les reconozcan unos derechos. Eliminar las licencias, liberalizando el sector solo cuesta un decretillo. Reconocer los derechos de aquellos que ya pagaron puede hacerse mediante créditos fiscales, es decir, introducir una compensación fiscal para los taxistas que se vieron obligados a pagar la adquisición de su licencia para ejercer una profesión que nunca tuvo por qué estar sujeta a licencia alguna o lo que es lo mismo que no paguen impuestos por su actividad hasta que compensen con ello los pagos asumidos. Eso compensaría su desventaja competitiva a largo plazo sin obligar a los contribuyentes a compensarles directamente por algo que, en el fondo, fue la compra de un privilegio ilegítimo.

El taxista recupera lo que nunca debieron quitarle, el sector se liberaliza y el contribuyente no lo sufre. El problema, claro está, es que esto mermaría los ingresos del Estado, reconociendo tácitamente su error. Además, es perfectamente aplicable a cualquier otra licencia otorgada por el Estado, del tipo que sea. Claro que viviendo en el paraíso español de la socialdemocracia no sé yo si esto serían capaces de asumirlo esos abundantes liberales del Congreso. Los de la bancada socialdemócrata y los comunistas ya sé que no. Pero ahí lo dejo.

Compartir

Leer respuestas y comentar (0)
Compartir

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

Opinión

Pablo Casado y Mr. Trump

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

Dicen que nadie aprende en cabeza ajena. Para ello es necesario el análisis desapasionado y sosegado. Es fundamental la autocrítica y la búsqueda de la objetividad, complicado sin duda, viendo todos los sesgos que nos acechan en cada línea que escribimos.

Salvando las distancias, la furibunda reacción de la prensa de izquierdas a la elección de Pablo Casado como líder del Partido Popular me ha recordado su comportamiento frente a la candidatura de Donald Trump con las consecuencias que todos conocemos, tan indeseadas para esa misma prensa, al menos en apariencia. Quizá así vendan más y den por bueno el oprobio.

Tanto Trump como Casado tienen un mensaje que conecta con su propio electorado. El americano tiró de nacionalismo y de orgullo patrio y fue a hacer campaña allí donde lo necesitaba, allí dónde se dirimía el meollo electoral, ignorando a los popes de la prensa y a las urbes, donde prima mirarse el ombligo. Fue y les contó lo que querían oír. El discurso de Casado va en la línea de recuperar a los hijos pródigos de la derecha, y se hacemos caso a las informaciones que ya se publican, va camino de conseguirlo.

Trump era un verso suelto en el Partido Republicano, de hecho, siempre fue simpatizante de los Demócratas. Casado se ha pasado por la piedra a la todopoderosa Saenz de Santamaría y a todo el apparatchik popular. Ha tirado de verbo y de voto oculto, como el neoyorkino pelirrojo. Ambos son el lobo de la extrema derecha para la CNN y sus acólitos. Ambos son atacados con inusitada fuerza. Sin embargo, las críticas no se centran en el fondo de sus ideas, si no en la forma o simplemente en la descalificación.

Trump y Casado tienen propuestas contra las que se puede argumentar, más allá de la ordinariez, pero es más sencillo quedarse en que el nuevo líder de los populares llamó subnormal a Bardem, sin caer en la cuenta de que la mayoría de sus votantes estarán de acuerdo con él, con casi total seguridad. Si no le quieren hacer el juego, es un error de párvulo. Parece que como el asunto universitario funcionó con Cristina Cifuentes, va a funcionar con todo el mundo, mientras que la realidad es que cada vez viene más cogido por los pelos. Veremos cuál es la próxima boutade y si sigue el derrotero que intuyo.

En el otro lado, todo parece de color de rosa. Sánchez se va de agenda cultural con el Falcon y los titulares hacen cabriolas para disculparlo. Hasta los socios de Compromís han puesto el grito en el cielo por la metedura de pata del presidente. Todo es bueno, como todo era bueno en Hillary Clinton.

Falta por ver cuanto voto es capaz de recuperar, pues con el bipartidismo difunto, parece difícil volver a una hegemonía tan rotunda como la acaecida en los años de Aznar y posteriores. Falta por ver si la senda emprendida por la prensa más opuesta la Partido Popular sigue haciéndole el juego. Falta por ver si la prensa y los aparatos de los partidos, están tan alejados de la sociedad como parece que lo están y cuan grande es la brecha. Faltan por ver muchas cosas aún, aunque muchos ya han visto a un mesías, y van…

Compartir

Leer respuestas y comentar (1)
Compartir

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

Opinión

Me gusta Pedro Sánchez

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

Me gusta Pedro Sánchez. Me pone. Como presidente del gobierno y como experimento sociológico. Como exponente de la estulticia hecha gobierno. Son muchas las razones.

Me encanta que quiera cumplir esa máxima no escrita de que, en el gobierno de España, cada presidente acaba siendo peor que el anterior. Me reconforta que, con un gobierno tan endeble, apoyado solo por 84 diputados, el jefe del ejecutivo se haya puesto manos a la obra para desbancar al de Pontevedra y arrebatarle el cetro de Presidente Más Dañino para los sufridos contribuyentes de la Piel de Toro. En un universo siempre cambiante, las reglas y patrones que se repiten nos hacen sentir más cómodos. Ahora que España vuelve a caer antes de cuartos en los mundiales, parece que me retrotraigo a la feliz infancia, y Pedro me ayuda.

Me pone que eligiera al efímero Máximo Huerta como ministro de cultura, un castellano hablante que valencianizó su nombre solo para ser más cool en la Capital del Turia. Aplica sin lugar a dudas el significado más despectivo y cutre de provinciano, y se opone sin ambages a cultura. Diana. Que se llevara como Ministra de Sanidad a la que ha incrementado paulatinamente las listas de espera o cuya gestión ha derivado en que dentro de nada no haya servicios de ambulancias a domicilio, es un triple 20. De la de Burjassot no me atrevo a reproducir los apelativos con la que la califican algunos históricos socialistas de la zona. Las cuotas, supongo.

Me sulibellan los esfuerzos de su gobierno por adelantar por la derecha a meapilismo más rancio, convirtiéndose por momentos en aquellos curas que te preguntaban si te hacías pajas, si lo hacías en grupo o si te acostabas con mujeres. Los pelos en las manos y los granos de pajillero se llaman ahora consentimiento expreso. Nos vamos a quedar ciegos. Rajoy subió los impuestos más que IU, Pedro propone meter a un Notario en la cama. No me digan que no es para levantarse en cerrada ovación.

Me envenena. Lo reconozco, porque además de ser un puritano inquisidor no se olvida de que Montoro era un ave de rapiña, un carroñero sin igual, un ladrón sin escrúpulos y pone al frente de Hacienda a alguien que no solo es de la escuela de randas del anterior ministro si no que viene dando contadas muestras de que hará todo lo posible por mostrarse más voraz y sanguinolenta. No quieres sopa, dos tasas.

Pedro Sánchez sabe que tiene poco tiempo, así que nos deleita con el espectáculo de la renovación que no fue de la cúpula de RTVE, con ¿globo sondas? que difícilmente se podrán aprobar en un Congreso en el que está en franca minoría. Juega la magistral carta de Franco, la del feminismo en las empresas. Aplicar estos últimos disparates en las empresas, por cierto, sería un interesante punto de partida hacia el socialismo de Hitler o al de Stalin, no sé si más hacia uno o hacia el otro. Pero es que Carmen Calvo es mucha Carmen. Carmen Calvo confunde sin sonrojo género y sexo. Se salta sin despeinarse la igualdad ante la Ley en sus propuestas. Parece que hable sin pensar por las atrocidades que salen de su boca, pero es que la señora es así de atroz. Por eso Pedro, sabedor que tiene poco tiempo para ser el peor y pocos votos para poder hacer nada la ha colocado en puesto de honor.

Lo dicho, Pedro me pone. Me revolotean mariposas en el estómago. Hacía tiempo que nadie daba argumentos tan firmes y rotundos contra la democracia. Que no era en sí mismo una sólida refutación de todo lo que dice defender. Y eso, que quieren que les diga, a mí me gusta.

Compartir

Leer respuestas y comentar (0)
Compartir

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

Opinión

El sí de las niñas

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma

“El sí de las niñas” es una comedia en tres actos, como bien reza en muchas de las publicaciones que de la misma se han hecho. La escribió Leandro Fernández de Moratín con el afán de mostrar lo inadecuado de los matrimonios de conveniencia. Las jóvenes deben poder casarse con quien ellas deseen, y no verse forzadas a celebrar nupcias con quién sus padres elijan, por aquello de la dote. Desde que suenan campanas socialistas anunciando reformas y contrarreformas modificando el código penal para incluir el consentimiento expreso para no considerar una relación sexual violación, no me quito el título de la cabeza. Todo en esta comedia encaja hoy como un guante.

Que sólo se otorgue a uno de los implicados el derecho al uso de ese consentimiento es claramente una discriminación por razón de sexo, si la relación es heterosexual, y por lo tanto inconstitucional. Como es su costumbre, los que estaban celebrando el Orgullo tan solo hace unos días, olvidan de repente los problemas que se presentan en las parejas distintas a las tradicionales. En cualquier caso, la Ley de Violencia de Género, sigue los mismos parámetros inconstitucionales y eso a nadie parece importar. Como tampoco importa que no sirva para nada más que para regar de fondos a organizaciones empesebradas que lejos de querer solucionar ningún problema, han hecho de la subvención un lucrativo medio de vida.

Que se planteen problemas operativos, es casi lo de menos. Si nos hemos acostumbrado y usamos el preservativo, quizá seamos capaces de tener un block en la mesita de noche o en la cartera. Seguro que una buena aplicación de móvil nos sacaría del apuro. De nuevo el mercado al rescate de los descerebrados que nos gobiernan.

Lo que me plantea serios dolores de cabeza y náuseas es la idea de fondo que subyace de estos planteamientos: un conjunto de ciudadanos por el mero hecho de cumplir una condición, en este caso ser hombre, son presuntos culpables de un delito, en este caso la violación. Por lo tanto, estos presuntos culpables son los que han de mantener en todo momento y lugar su inocencia bien documentada, si no, que vamos a pensar el resto. Cambien hombres por homosexuales o por albinos o por judíos y todos encontraremos regímenes totalitarios que castigaban a los miembros de un grupo por el mero hecho de pertenecer a él, aunque no pudieran evitarlo. La presunción de inocencia es un pilar básico de cualquier civilización libre. Básico e inexcusable. Ineludible. Sin presunción de inocencia no puede haber Libertad. De otra forma, cualquiera con la suficiente influencia o poder puede determinar que alguien es culpable y llevarle a dar el paseíllo en virtud de la presunta culpabilidad. Toca al denunciante demostrarla.

Igual que desde el 2004, cuando se publicó la Ley de Violencia de Género, no se ha avanzado nada y hemos gastado mucho, planteamientos liberticidas como este solo traen como consecuencia un aumento del gasto y de la burocracia que difumina judicialmente a las verdaderas víctimas, creando recelos y enfrentamiento en la sociedad y acabando en el desamparo de todos los ciudadanos frente a las instituciones. Eso sí, las redes sociales y las televisiones tienen asegurado el flujo constante de tonterías.

Compartir

Leer respuestas y comentar (1)
Compartir

José Luis Montesinos
José Luis Montesinos
Ingeniero Autónomo, miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB), Coordinador General de Valencia y autor de @johnnybbad_ y Nunca nos dijimos te quiero. Canto siempre que puedo. En serio o en broma