Un IVA de perros

Corrió como la pólvora por las redes sociales, y así me enteré, como de casi todo últimamente, la felicidad del diputado alavés de Equo, Juan López de Uralde, tras aprobarse la rebaja del IVA veterinario del 21 al 10%. Una excelente noticia de la que hay que felicitarse. Que los animales no tengan derechos, porque no los tienen y no los pueden tener en ningún ordenamiento jurídico mínimamente coherente, no significa que sus dueños, porque desde el punto de vista jurídico no pueden ser considerados más que posesiones de un humano, no puedan y deban prestarles la mejor atención médica, al mejor y más competitivo precio. Buena noticia, como digo, una rebaja de impuestos.

Mi Pepito Grillo interior, no obstante, más proclive a los rodeos intelectuales, me obligó a lanzar a esas redes sociales varias preguntas. Mi Pepito Grillo no le encuentra justificación alguna al IVA. Puede entender Pepito, entrando en un universo socialdemócrata que detesta, que los servicios que presta la Administración Pública, hayan de sufragarse de algún modo. Así las cotizaciones sociales pagan Sanidad o Pensiones. Pero impuestos como el IVA, Sucesiones o Transmisiones no hacen más que gravar, bajo coacción, actos entre particulares en los que el Estado no interviene más que para poner el cazo. Si no hay un servicio a prestar, no existe la mínima justificación. Ninguna más allá de meter mano a todo lo posible y así mantener el chiringuito y el pesebre. Con sus parroquianos y votos cautivos.

Sobre la mesa yo expondría además que, así como los poseedores de animales de compañía deben cuidar de sus animales al mejor precio, los padres deberían poder vestir mejor a sus hijos, con lo que se hace necesaria una rebaja del IVA de la ropa. También parece lógico y meridianamente cristalino, en estos tiempos de crisis y emergencias sociales, que una pequeña rebaja en el precio de los alimentos o del IVA de los alquileres – ¡Vivienda digna para todos! – es claramente deseable. Y claro, para cuidar el medio ambiente, bajemos el IVA de las bicis y de las zapatillas de paseo. Estoy pensando que rebajarlo al 10% ha sido poca cosa. Hubiera sido mejor al 5%. ¿No? Bajemos el IVA del cine, de los taxis y de los ordenadores portátiles. Visto así solo se me ocurre que no bajamos más el IVA porque hay que mantener el chiringuito y el pesebre. Con sus parroquianos. Y también con sus votos cautivos.

Pepito me dijo que se llaman impuestos, no propuestos o voluntarios, por algo. La coacción es necesaria para su cobro. Supongo que coacción viene a ser un sinónimo de extorsión legal. Porque si fuera que pagas el precio de un servicio, como puedes pagar la recogida de las basuras, algo que tiene mucho más sentido que el IVA, te enfadarías mucho y con razón si pagas más que el municipio de al lado y podrías ver qué está pasando. Estudiarse los Presupuestos Generales de todas las zonas que te incumben: estatal, autonómica, provincial o local, es un ejercicio de inútil masoquismo. Jamás encontrarás las relaciones biunívocas entre ingresos y gastos. Todo está orientado a tu confusión y pasmo. Todo orientado al chiringuito, que alimenta al pesebre, que cautiva votos.

Este es el mundo de las contradicciones del Estado del Bienestar. El que grava con impuestos para desincentivar el consumo del tabaco o el alcohol y grava con impuestos el trabajo para… ¿Incentivarlo? ¿Desincentivarlo? ¿Para ver hasta dónde aguantamos los contribuyentes? No hay por dónde cogerlo. Y aquí coger también puede tener un significado transatlántico. Que los jodidos siempre somos los mismos, vaya. Nosotros. Me alegro si tienes mascotas. Espero reciprocidad cuando bajen el IVA de los micros y los cables canon-canon.

José Luis MontesinosAcerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”Más de José Luis Montesinos” header_color=”#ada700″ post_ids=”-8102″ category_id=”27″ limit=”3″]

La musa porno del libre mercado

En mi Ancapia particular la señal de internet llega con buena calidad a través de un cable hermoso y blanco. Un buen router wifi la reparte por media calle. Las ondas nos traen bytes en distintos formatos. El video es uno de esos formatos. Estos últimos días dos videos han llamado la atención de quien suscribe y de algunos más. Quizá por distintas razones. Pero ilustran perfectamente quienes somos los humanos y por qué somos libre mercado.

En el primero de ellos Iker Jiménez, glosaba en algo menos de dos minutos las razones por las que se considera liberal. Y lo hacía con gracia y desparpajo. Con claridad meridiana. Con instructiva labia y destreza. No dejen de verlo, pues sirve tanto para los no iniciados como para los expertos que no se hacen entender y que buscan una explicación sencilla. Interesante el montaje de @demetrio_rich. He de decir que desconocía que Iker y yo tuviéramos formas similares de aproximarnos a estas cuestiones. Y, como cualquier ser humano, ser sociable, eso me hace empatizar con él. También confesaré que no he visto Cuarto Milenio ni cinco minutos en total. Contando todas las veces que haya podido pasar por encima haciendo zapping. Y que no creo que empiece el ¿domingo? El producto que vende interesará a otros. No a mí. No creo que se ofenda por ello. Como yo no me ofendería si dijera él que los shows de Metal Puppies carecen de fuerza, garra o son muy pop. Cada uno pone en la mesa lo que tiene y trata de ganarse la vida con ello.

El segundo ha trascendido ampliamente las fronteras de Ancapia. Los creadores de la campaña del Salón Erótico de Barcelona se han ganado el sueldo. Poner a Amarna Miller al frente de un video de esos que tocan la fibra, con una retahíla de clichés socialmente sensibles ha sido todo un acierto. El revuelo que han formado en propios y ajenos ha sido importante. Como no podía ser de otra manera, desde las filas de la propia Amarna, podemita confesa, le han llovido los palos por dejarse uno de los topicazos de lado. No aparece crítica alguna acerca de que existan mujeres, como la propia protagonista del spot, que se ganen la vida usando su cuerpo como les dé la gana, sin el permiso del progrerío biempensante. Bien sea como madres de alquiler o follando lo que les parezca. No tocaba viendo quien es el pagano del asunto.

También empatizo con Amarna Miller. Me gusta la gente que se gana la vida como quiere. Me gusta Henry Miller. Y me gusta lo que hace. Representa una de las razas más divertidas que campan por el Libre Mercado. El que triunfa en él criticándolo. Desde los tiempos de los Hermanos Lumière es bien sabido que a todos los hombres nos gusta ver cópulas varias y todo tipo de juegos de alcoba. Así el porno se ha convertido en una industria prospera. Con luces y sombras, como todas, pero que cubre un mercado potencial muy importante. Prácticamente todo el género masculino y algo del femenino. Los hombres vemos porno y tu Cari también, chata. Amarna puede decir lo que quiera en las charlas de Podemos, pero desde luego, participa del libre mercado. Como los gays con camisetas del Che o los que visten camisas con la cara de Marx hechas en Sri Lanka. En el Mercado caben todos. Incluso los que lo detestan.

Y lo mejor de todo es que seguiré siendo fan de Siniestro Total, por mucho que continúen saliendo a sus conciertos con el puño en alto. Me gusta la mierda que venden. Y seguiré viendo videos de Amarna Miller o de Brandi Love cuando me apetezca. Y, aunque me gustaría tomarme una cerveza con él, no me gusta el programa de Iker Jiménez, Cuarto Milenio, y no lo veré. Creo. Todos intercambiamos. Todos necesitamos intercambiar. No importa lo que pienses del asunto. ¿O le preguntas al tipo del bar a quién vota, sediento y con 40 grados a la sombra? No. Le pides una cerveza.

José Luis MontesinosAcerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”Más de José Luis Montesinos” header_color=”#ada700″ post_ids=”-8024″ category_id=”27″ limit=”2″]

Otro día mundial de la memez

Importa poco que los modelos que predecían algo así como el holocausto climático no dejen de equivocarse una y otra vez. Que para que se derritan los polos hace falta que en los polos suba la temperatura unos 50 grados. Que los muchos de los panelistas del cambio climático, los oficiales, vengan diciendo ya hace algún tiempo que no mira, que la cosa de la contaminación, el clima y el efecto invernadero van a ser una cuestión más política que científica. Los datos y la realidad importan poco o nada cuando de hacer política se trata.

Para hacer política lo interesante es otra cosa. Es gastar presupuesto. Inventar causas perdidas y molonas. Y dotarlas con presupuesto. Llenar las grandes ciudades de atascos. Perder y hacer perder el tiempo. Y justificar que se ha gastado el presupuesto.

Supongo que algún gurú del asunto cifrará el ahorro en toneladas de CO2 emitido el Día Sin Coche y será chachi piruli. Los cabreos y los retrasos no pueden ponerse en números tan fácilmente. Y digo fácilmente porque más de un gurú de los que hacen estos análisis suelen mirarse el paquete – qué soez y que machista eres, José Luis – y según lo tengan ese día dan la cifra. Eso o un método científico equivalente. Yo les voy a dar mi balance del día sin coche: un aumento del 10% en el recorrido y un aumento del 15% en el tiempo de estancia dentro del vehículo. Por mi parte he emitido más CO2 que el mismo día de la semana pasada. Soy un desalmado.

Para más inri, el transporte público – no todo, por cierto – era gratuito. Lo cual quiere decir que muchos de los que necesariamente lo usamos – sí, yo también gasto el transporte público cuando toca – no lo hemos tenido que pagar dos veces hoy, por fin. No obstante, un día en el presupuesto de las empresas públicas no será un gran desbarajuste, pero independientemente del tamaño, desbarajuste recae sobre los hombros de los mismos. Ya sabe usted quienes. No hemos ganado mucho, por lo que se ve.

Quizá los prebostes de la causa no se enteren pero el caso es que Tesla o Nissan o Toyota o cualquiera que esté realmente invirtiendo recursos en coches eléctricos hacen más por el medio ambiente que su ingeniería social. Mami y papi, – o mami y mami o papi y papi o mama, mami, papi, el tío, la abu, uf, qué dolor de cabeza – cuando lo hacen, hacen más por el medio ambiente que todos sus Días De. Qué el inventor del pen drive hace mucho más por el medio ambiente que ellos. Ellos básicamente detraen recursos, promocionan mentiras y se rascan la barriga condescendientemente, pensando que son la pera.

El planeta, queridos, hay que cuidarlo porque vivimos en él, no porque vaya a venir el Coco – o el Conde-Duque de Olivares, si eres flamenco. Igual que mantenemos la casa limpia para que no se nos coman las chinches. Para mantenerlo limpio y ordenado hay que basarse en lo único que realmente nos puede ayudar, la ciencia. Cuando la ciencia falla, maravillosa que es, es capaz de detectar sus propios errores. No hay que dudar de la buena voluntad de los primeros calentólogos, muchos de ellos son los están haciendo notar que los modelos empleados hace unos años eran erróneos. Para mantener el planeta limpio, por lo tanto, no hay que crear el Día sin Coche. Gastarse una pasta en campañas publicitarias. Y meter mano al presupuesto. Eso son memeces. Ingeniería social y memeces.

José Luis MontesinosAcerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”Más de José Luis Montesinos” header_color=”#ada700″ post_ids=”-7980″ category_id=”27″ limit=”2″]

Orgías de gasto y deuda

Por mucho que pasen los años hay muchas cosas que me siguen asombrando. Me asombra que cuelen tantos y tantos aspectos de las estrategias venenosas de la socialdemocracia. Me asombra que el comunismo y los comunistas no sean puestos en la picota como los nazis. Me asombra la alegría de los políticos y de muchos periodistas cuando rompemos de nuevo el record de endeudamiento del Estado, sólo porque nos la cobran más barata. Y me asombran las cantidades ingentes de dinero que son imprescindibles, según muchos, la mayoría, para hacer política. En realidad, todos estos asombros pueden ser considerados como el mismo, aunque con distintas puestas en escena.

Gastar por encima de lo que uno produce es del todo insostenible a medio plazo. Una mala tarde la tiene cualquiera y puede entrar en números rojos, díganmelo a mí. Pero vivir instalado en el déficit, solo puede traer miseria a la población. Díganmelo a mí también. La transformación de valores, donde el ahorro y el esfuerzo que conlleva, el sacrificio por un mejor mañana, se han convertido en una orgía del gasto y la deuda, me confunden. Cada uno en su casa puede pasarse la vida de juerga, de orgía en orgía, y tiro porque me toca. Su cuerpo y su dinero son suyos. Los crímenes sin damnificado no son tal. Pero el hígado del Estado lo pago yo con mis impuestos, y no me parece de recibo que se atice más gintonics de los imprescindibles. Mi cirrosis es cosa mía. La cirrosis Estatal se lleva a demasiados justos que por el camino pagan por los pecados de la casta dirigente.

Como consecuencia nunca habrá suficiente dinero para hacer políticas. Siempre en deuda. Así el Señor Ximo Puig se quejaba amargamente esta semana que no puede hacer nada sin el concurso del Estado. Los 17.000 millones del presupuesto de la Generalitat Valenciana, la más endeudad porcentualmente y la segunda en euros totales, son pecata minuta. Calderilla. Herencia de los manirrotos del PP. Pongo la mía porque me la sé, pero en sus comunidades autónomas la cosa seguro que anda por el estilo. Puig tiene que pagar deudas. Pero sigue metiendo gintonics al cirrótico hígado de la Generalitat.

Se precisa con urgencia una desintoxicación. Uno, sin embargo, es pesimista en ese sentido. Morirá el sistema actual de sobredosis de deudas – de impresión de dinero fiat, de intereses artificialmente bajos. Reventarán las costuras porque no se puede gastar más de lo que se genera. Generamos valor. Y lo confundimos con euros. Asociamos la buena diversión al consumo del estupefaciente crédito. No es lo mismo gastar bien que gastar mucho. No es lo mismo divertirse a tope que drogarse continuamente. Debemos tripitir hasta el hartazgo esta máxima. Desmontar la trampa estatal de que aumentando el presupuesto se mejoran políticas. No. Es falso. Y nuestro deber ciudadano es repetirlo una y otra vez. Gastar mucho o poco es muy distinto de gastar bien. Incrementar el gasto es constatar negro sobre blanco el fracaso de las políticas llevadas a cabo. Toca afear el gesto a nuestros políticos. Exigir criterios de eficiencia. De manejo eficaz de muy poco dinero. Y de no dejar que tengan efectivo a mano, que luego vienen Pujol, Rita, Griñán o Maleni, que pasaban por ahí.

Acerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro el Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”Más de José Luis Montesinos” header_color=”#ada700″ post_ids=”-7848″ category_id=”27″ limit=”2″]

Podemos vivir sin gobierno

Podemos vivir sin gobierno. A las pruebas me remito. Y no solo se puede vivir sin gobierno, sino que además el resultado es, desde mi punto de vista, bastante satisfactorio. Contra la opinión generalizada en los mass media de que urge formar gobierno estable la tozuda realidad, con datos en la mano – proporcionados por ese gobierno, que quiere dejar de estar en funciones – nos indica que se puede funcionar sin él, que los datos económicos son relativamente buenos, que se contiene el gasto al no poder aprobar nuevos presupuestos, que las instituciones y sus funcionarios siguen al pie del cañón haciendo su trabajo diario.

Si uno analiza por qué el empeño de los medios de comunicación y algunos de sus voceros, le vienen a la cabeza los rescates sorayescos y la publicidad de la DGT, entre otros órganos públicos. Básicamente, se diría, están reclamando su pan, visto el alto porcentaje que supone para algunos medios la publicidad institucional. Si no hay gobierno no hay presupuestos ni subvenciones ni, en definitiva, gran parte de esos ingresos de las supuestas esclavas del IBEX. Viven del gobierno.

Ustedes y yo no notamos esa asfixiante realidad, a no ser que dependamos del BOE, obviamente. Ustedes y yo, como seres humanos que han alcanzado la cúspide de la pirámide evolutiva – o al menos eso parece – somos seres adaptables. Ante unas condiciones de contorno conocidas somos capaces de jugar el partido, cada vez con mejor suerte. La curva de aprendizaje. Llevamos un año sin que cambien las condiciones, y sin ser éstas las más deseables, somos competentes para salir adelante, para reducir el paro y mejorar el desempeño económico y social del país. Disipadas las sombras del caos y la emergencia social que nos vendieron en periodo electoral, la verdad se abre paso. Y la verdad es que una criatura que es capaz de vivir el polo o en el desierto, puede hacerlo también en un país con centenares de miles de leyes. El nuestro, vaya.

Se puede vivir sin gobierno como demostraron los belgas hace unos años. Al principio de la crisis, de la que salieron sin el concurso de sus políticos, Bélgica también estuvo muchos meses en funciones y ni tan mal, oye. Una vez establecidas las leyes queda demostrado que un millón de páginas más al año de otras leyes son un gasto del todo inútil y absolutamente contraproducente. Las cosas que han de ser hechas, como limpiar las calles o regar los jardines, no suelen necesitar el concurso de los políticos, si no es para entorpecer. Los inspectores de hacienda siguen haciendo su agosto mes tras mes. Y no hay apagón de RTVE. El CIS saca barómetros, y tal. Ya he dicho que las condiciones no son las mejores. Estos ejemplos lo constatan. Así las cosas, si no va a entrar un gobierno que realmente mejore el contexto, y no es el caso, merece la pena quedarnos como estamos. Ya nos estamos adaptando. Y divinamente.

[td_block_11 custom_title=”NOTICIAS” header_color=”#ada700″ post_ids=”-7557″ limit=”2″]

Cargándose ideas cojonudas

La Comunidad Económica Europea era una idea cojonuda. El Mercado Común. Nada menos. Mercado es una palabra preciosa. ¿A quién no le gusta ir al mercado? Cocinillas expertos, profesionales y aficionados, nos acercamos a los mercados. Comparamos puestos. Y ahora además te puedes tomar una cañita o picar algo y ver que tal el género. Eleven esa idea a la enésima potencia. Piensen en las calles llenas de tiendas de similares productos del centro de su ciudad. O en los Centros Comerciales, que son sin duda una versión modernizada, y algo más fea, por qué no decirlo, de esos primeros mercados que mencionaba. Piensen en ello y elévenlo si no han olvidado sus mates. El resultado es un de mercado de mercados. Sean éstos lonjas de pescado o polígonos industriales. Vístanlos con el glamur de la caña, la tapa y una adecuada reforma si quieren. Piensen en la calle Laurel de Logroño. O mejor en la calle San Juan.

Nada había de malo en que lo que ya ocurría dentro de cada país, ocurriera entre varios países. Libre circulación de personas, productos y dinero en una zona determinada. Competencia entre los miembros para atraer a esas personas y a esos dineros a sus zonas de influencia, su propio territorio. A casa. La idea además se ha venido copiando en distintas confederaciones comerciales a lo largo y ancho del planeta. Así fue hasta que, sin que nadie se lo pidiera, los prebostes de la futura patria europea decidieran importar todo el imaginario estatista: parlamentos, constituciones, moneda fiduciaria, banco central, etcétera. Y se jodió el asunto.

Vinieron los Mastriques y las Lisboas. Sus Bruselas, sus Estrasburgos. Su Fráncfort del Meno y su Diario Oficial de la Unión Europea. Toda la parafernalia, digo. El Supraestado Europeo, la Supernación del Viejo Continente, que podría haber sido, por cierto, el sueño de cualquier fascista, mató una idea estupenda como el video mató a la estrella de la radio. La burocracia – los burócratas – se revolvió sobre sí misma, dándose cuenta para su propio beneficio y dolor de nuestros bolsillos y esperanzas, que la competencia comercial entre naciones lleva a naciones más eficientes, y por lo tanto menos burocráticas. En el Mercado Común Europeo, en la CEE, hubieras podido tomarte una cañita mientras degustabas un holandés o un finés – ahórrate los chistes, yo también los he pensado – antes de ver si comprabas más o no. Todo ello en un entorno recién restaurado para tu solaz y alborozo.

Esta vez le ha tocado a Apple, pero todos lo sufrimos a diario. Hasta el gobierno irlandés, ese que hizo las reformas en el sentido que marcaba la lógica de la eficiencia y atrajo a su zona de influencia al gigante de Cupertino y a muchos otros, ha salido en su defensa. El mero gesto me hace tener esperanza. Noruega o Suiza ya renegaban del mastodonte legal europeo, pero se apuntaban al comercial. Después de la rabieta británica, los flemáticos de la Pérfida Albión, me temo que abrazarán el mismo camino. Básicamente esto significa adoptar la mayoría de las ventajas de la UE y casi ninguno de sus inconvenientes. Qué quieren que les diga, yo haría lo mismo.

Así están las cosas. Hace algo más de medio siglo unos iluminados tuvieron una idea cojonuda. Y la pusieron en práctica. Y vieron que era buena. Y no quiero ni pensar que hubiera pasado si inventan internet 20 o 25 añitos antes. Era una idea brutal. Potente. Un sprint histórico en la dirección correcta. Y llegaron sus nietos, y le prendieron fuego. Y seguramente pensaron que el abuelo estaba gagá. Pon aquí el insulto que gustes.

Acerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro el Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”Más de José Luis Montesinos” header_color=”#ada700″ post_ids=”-7351″ category_id=”27″ limit=”2″]

Por el bien de los niños

Empiezas por dejar que el gobierno de turno te diga que no puedes llamar a tu hijo Lobo o como te dé la gana, y yo pienso en mi hermana, cuyo nombre oficial es María Amparo y a la que jamás nadie llamo de otra manera que no fuera Mara. Mi hermana se llama Mara. Luego, puesto que hay otros que saben más, dejamos que nos digan qué comer, a qué horas, en qué cantidades. Es lo saludable. Es lo correcto.

Si no queremos que los niños tengan problemas en el cole, causados por el mal gusto en el vestido de sus padres o por su poca categoría eligiendo prendas, mejor que un tercero, el gobierno del Estado, elija el color de las ropas que psicológicamente ayuden al niño en su periplo escolar, en sus juegos de calle o cuando cace pokemones. Obviamente otros mejor que los padres saben cuál debe ser el contenido del currículo lectivo que conviene a todo infante, saben de sus gustos y motivaciones, de sus inclinaciones y de sus aptitudes naturales. Es conveniente que la educación la regulen los que saben más que nosotros. Sabrán escoger bonitos uniformes.

También sabrán, ellos que saben tanto, a qué jugar o qué programas de televisión, libros o canciones son adecuados. No vaya a ser que la integridad del menor, su desarrollo y sus potenciales fortalezas no se manifiesten conforme a la normalidad establecida. Evitemos a toda costa traumas, golpes y caídas, físicas o mentales.

Hay lugares que no son adecuados para los niños. Lugares donde las mujeres fuman y te llaman de tú sin conocerte. O los hombres visten de bomberos solo un rato. ¡Qué regulen el acceso de los menores a los prostíbulos! ¡Hay cada padre! Y bueno, en los bares dónde se bebe – ¡qué ejemplo es ese! – y se dicen tacos porque hay fútbol, algo deberían de hacer. Y bueno, en los estadios también. Y en los parques esos columpios, qué quieres que te diga, yo no estoy tranquilo, están muy altos. Regúlense por el bien de las criaturas.

Son niños y debemos protegerlos. Debemos preservarlos de todo mal y velar por su correcto desarrollo. Cuidarlos. Quererlos. Procurar para ellos Un Mundo Feliz.

P.D.1.: Quizá parezca una estupidez, algo totalmente vacuo, protestar o no contra ciertas regulaciones, pues parecen del todo inocentes. Pero sí las permitimos, estamos aceptando implícitamente que el fin justifica los medios. Y así nos va.  

P.D. 2.: El día que tus padres te inscriben en el Registro Civil, es el día en el que quedas marcado. Y ya no puedes salirte legalmente del Estado. Tienen la obligación legal de hacerlo y tú de sacarte el DNI con posterioridad. No hay forma de escaparse sin saltarse – o cambiar – la ley. El día que regularon estatalmente tu nombre es el mismo día en el que te convirtieron – nos convirtieron – en esclavos del sistema. Por el bien de los niños.

Acerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro el Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”Más de José Luis Montesinos” header_color=”#ada700″ post_ids=”-6473″ category_id=”27″ limit=”2″]

La Libertad no es una cuestión de fe

Supongo que a todos los Libertarios, alguna vez nos han achacado que tenemos mucha fe en el género humano, si pensamos que en ausencia de gobierno que lo haga las carreteras, con sus puentes y sus rotondas, por ejemplo, serán llevadas a cabo por la empresa privada. Sus retornos económicos se nos hacen difíciles de ver, su utilidad para la empresa conforme la conocemos parece ser escasa y poco atractivos, por tanto sus réditos.

Yo personalmente no tengo ninguna fe en las personas. Ninguna. Somos capaces de asesinar a ancianos indefensos por las más estúpidas razones. De provocar guerras, hambrunas, genocidios y mil y una atrocidades que no glosaré para no seguir dando ideas. Y sin embargo a la mayoría nos conmueven los hechos luctuosos. La fibra se enerva. La solidaridad se hace patente y empatizamos con nuestros semejantes por las más diversas razones. Se nos salen por los poros los Je suis y las donaciones al número de cuenta. Desde el principio de los tiempos la pulsión de destrucción pelea intensamente con la de supervivencia. No se trata pues de fe si no de conocer un poco las “gestas” que hemos perpetrado como especie a lo largo de la Historia.

No es creer sin ver. Es constatar. Constatar que ya existen carreteras privadas en muchos lugares financiadas de las más distintas maneras. Un buen puñado en número de las suecas lo son, y quien sabe cuántas más serían si no estuviera prohibido por ley que las vías principales fueran privadas. El 30% de las británicas lo fueron hace un par de siglos, allá por el XIX, estás si eran principales. La iniciativa privada ha estado ahí desde siempre y no lleva visos de desaparecer. Esto sí se puede. En España, por contra,  cogimos la manía de rescatar autopistas privadas, como bancos y minas, y no le vemos el punto, me temo.

Es confirmar y reconfirmar, para tratar de eliminar ese pesado sesgo de autoconfimación que todos tenemos, que no se trata de aplicar una vaga teoría, si no de que cuando el laboratorio neoliberal, como lo llamó Garzón en su libro, de Irlanda aplica las acciones que uno –yo – desea, se topa con crecimientos brutales, con riqueza. Y uno duda. Y repasa. Y confirma. Y vuelve a dudar, a repasar y a confirmar que los modelos laborales de cualquier país con paro del 5% son casi intercambiables, y que por qué no los aplicamos aquí, para ganar sueldos dignos de 3.000 lereles.

La Libertad no es cuestión de fe, porque allí donde hay más Libertad, y con ella más propiedad privada y más defensa del individuo, todos indica que la gente es más feliz, que el aire es más limpio, parafraseando la canción: grass is greener allí en la Libertad. Sitios dispares con gente, razas y colores distintos, cada cual de su padre y de su madre, eso, mira tú, no influye. No tengo fe. Tengo hechos. Datos que dicen que no hay correlación entre mayor facilidad para conseguir o portar armas y mayor número de muertes. Más bien el número de muertes por armas de fuego por total de habitantes es mayor en los estados de EE.UU. donde el control es más férreo. La ciudad con más muertes violentas del mundo es Caracas, donde están prohibidas, y hay escasez de casi todo, que también influye lo suyo.

No cometeré pues el error de aventurar predicciones. Simplemente querré aplicar los mismos principios que otros ya han aplicado, esperando obtener respuestas similares. Asépticamente si se quiere. Lo contrario, tocar el mismo resorte para obtener distinto final es lo que me parece del todo absurdo. Quizá llegue el día de ser pionero. Entonces no queda más que releer lo que vengo exponiendo y aplicarlo. In dubio pro Libertas. Y evaluar. Dudar. Repasar. Confirmar. Como cualquier empresa que prueba su nuevo producto en el mercado. Y cuando la Libertad falle, si es que falla, ya me las veré yo con mis principios.

Acerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro el Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”Más de José Luis Montesinos” header_color=”#ada700″ post_ids=”-6303″ category_id=”27″ limit=”2″]

El Estado autonómico irresponsable

La visita del Oriol Junqueras a la capital del país ha tenido como consecuencia la activación de Fondo de Liquidez Autonómica para prestarle la nada desdeñable cantidad de 1.600 millones  de euros al Govern. Yo, hay meses que no los gano. Poco importa que de los 1.500 millones de déficit de las autonomías solo se hayan enjugado 100 y que Cataluña venga siendo una de las tradicionales incumplidoras. A la hora de la verdad, para la compraventa de votos, sean ciudadanos o de sus señorías sirve cualquier número de cuenta, cualquier partida presupuestaria. Cualquier paquete de miles de millones.

Si por algo se ha caracterizado el modelo autonómico español es por la falta toda de rigor y nula responsabilidad de todos los implicados. También por crear ominosos agravios comparativos, pues tradicionalmente los que dan y los que reciben suelen ser los mismos. Algunos emplean este agravio como excusa para justificar sus aventuras. Otros mienten sobre ello para solicitar más gasto. Y nadie, absolutamente nadie, hace gala de una economía equilibrada. Si el gasto es abrumador los mecanismos para seguir gastando son de sobra conocidos. Ahora son 1.600 millones. Yo no me olvido de los pagos a las farmacias en Cataluña y Valencia. Tiren de hemeroteca y recuerden el ímprobo camino de los boticarios. Un pestilente modus operandi el de todos los implicados, a excepción de los pobres afectados que tuvieron que tragarse sapos y culebras. Es solo un ejemplo.

En realidad a todos, menos a los contribuyentes, conviene que así sea. Si la responsabilidad se diluye en excusas y argumentos fácilmente manipulables, en absoluto transparentes para el votante poco experto en lides financieras, todos salen ganando en las negociaciones de lo que sea. Los dineros cambian de bolsillo como pago por el servicio que venga al caso. Usted y yo asistiremos indignados al espectáculo.

Los modelos de financiación de la Administración no han de ser solidarios – qué adjetivo tan tremendo para designar lo que en España es poco menos que una casa de putas – si no responsables. Esto implica necesariamente competencia fiscal entre las distintas administraciones, las autonómicas y por qué no, las municipales. Un modelo totalmente centralizado, lejano al ciudadano, concentra todo el poder y el resultado sería similar al que tenemos. Es lo que tenemos ahora salvo agravios comparativos. Es lo que viene ocurriendo desde que Franco murió en la cama, modelo tras modelo – de financiación. Un modelo responsable es el que está formado por compartimentos totalmente estancos. Es un  modelo sin vasos comunicantes, en el que el que gasta más de lo que tiene asignado – o recaudado – simplemente pierde partidas al año siguiente. Con la ventaja además de que a mayor atomización, mayor facilidad para el contribuyente de saltar de una localización a la de al lado, pudiendo premiar las buenas gestiones y no contribuir para financiar las malas.

Elegir entre un gran poder, con su correspondiente gran discrecionalidad y uno chiquitito con la suya bastante más mermada, no debería ser tarea complicada. No obstante, y siendo que a todos benefician el caos organizativo y el exceso de páginas del BOE – menos a usted y a mí, claro está – la pila de argumentos en contra de un federalismo real, también en lo económico, o incluso un municipalismo, será profusa y abundante. Se trata de nublar su juicio apelando generalmente a la bilis. Todos carecen de sentido si planteamos las cosas con naturalidad: no se puede gastar más de lo que uno ingresa, por muy gobierno que uno sea. Eso lo saben las abuelas, lo sé yo y lo sabe cualquiera.

Si la Libertad es uno de nuestros principios, la Responsabilidad es su consecuencia. Si queremos vivir en Libertad debemos exigir Responsabilidad a los que nos rodean. Y, vive Lemmy,  que el gobierno está en todas partes.

Acerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro el Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”José Luis Montesinos” header_color=”#ada700″ post_ids=”-5984″ category_id=”27″ limit=”2″]

Golpe contra la Libertad en Turquía

Ayer fue un día aciago. La resaca del atentado de Niza, toda vez que ISIS ha reclamado su autoría, con muchas cuestiones aun el aire, unida a un estío, que a uno le sienta especialmente mal, convirtieron el viernes en uno de esos días en los que arrastras los pies y el bochornoso calor – esa basca como se la conoce por aquí – se instala en tus neuronas. Así que más hastiado que otra cosa, me fui a cenar al bar de la esquina, donde pago las cañas que pierdo en apuestas inocentes y ceno, de cuando en cuando, el mejor solomillo de cerdo y el mejor rabo de ídem, que se puede comer uno en la capital del Turia. Mientras empezada la jarra helada de cerveza, me sorprendió en Twitter el golpe de Estado en Turquía, el país en el que más veces he estado, por voluntad propia, además de este en el que vivo. No es casual que mi blog se llame Comentarios Otomanos. En Santa Sofía habita mi alma. O así lo siento yo.

No puedo dejar de mencionar lo curioso que resulta vivir una situación como la de anoche, vía redes sociales. Yendo por delante de la información habitual, leyendo titulares del perfil de RTVE o agencias diez o quince minutos después que uno se hubiera enterado. Tratando de separar el grano de la paja o de discernir cuales son las claves, las verdades y los pufos. Anoche, otra vez se me pasó por la cabeza que la información, por fin, se les está yendo de las manos a los gobiernos de turno. Máxime en el transcurso del golpe, con Erdogan hablando vía FaceTime, mientras solo parecía estar cerrada la tele pública del país. No tienen sentido los medios de comunicación estatales. Anoche volvió a demostrarse.

Serían las tres cuando me fui a dormir, después de comentar la jugada, por Whatsapp y Telegram, con algún amiguete. Flotaba en el aire un tufo a chapuza. Una creciente sensación de que la cosa venía de dentro, de autogolpe, vaya. Cuando no se tienen los datos, mejor dejarlo en el aire. Daremos algunas claves, pero la cosa terminó en fracaso. Y con el sueño de una noche de verano a las espaldas, parece aún más chapuza.

Turquía es un país peculiar, como todos vaya, pero un poco más. Inventado, por así decirlo, por Mustafá Kemal, conocido como Atatürk, que significa Padre de los Turcos. Fue Presidente de la Primera República Turca, instauró un Estado laico tras el Imperio Otomano, transformó la escritura al alfabeto latino y murió de cirrosis. Trasladó la capital a Ankara por estar en el centro. Era militar y dejó al ejército como garante de las libertades y el laicismo, como contrapeso de poder al propio poder del gobierno. Y así ha sido siempre desde entonces, por curioso que pueda parecernos. No es casualidad que Turquía sea miembro de la OTAN. Su tradición castrense es decididamente occidentalista.

Erdogan, presidente del país, fue en su momento considerado un político pro occidental, europeísta pese a ser islamista, decían que moderado. Aún recuerdo a mis compañeros turcos de AEGEE, felicitándose porque su país parecía liderar una forma de hacer política respetuosa con la religión y a la vez con los valores occidentales de la Libertad. Todo quedó en nada. Ha terminado convertido en tirano. En geoestratega sin escrúpulos, instigador más que probable de lo que pasa en Siria. Apoyo moral como poco y real con casi total seguridad de los terroristas islámicos. Opresor de kurdos. Y tahúr que juega a tres o cuatro barajas en el tapete de la política internacional, mientras una creciente semidictadura teocrática se instaura en el país. Aun así 21 millones de votantes le avalan de unos 75 millones de turcos, por eso lo de semidictadura. No es la Venezuela de Chávez, los aliados de Turquía son otros, pero podrían ser historias paralelas.

Bajo estas premisas y una vez conocido el estallido del golpe, no fueron pocos los que pensaron, pensamos vaya, que un Golpe de Estado no es forma de derrocar un gobierno elegido democráticamente, pero ya que han metido la pata eligiendo el sistema, el ejército turco es mejor garante de la Libertad que el propio Erdogan, sin duda, así que puestos a elegir en este maniqueísmo de todos los días. Mejor que ganen los buenos. No hay mal que por bien no venga. Y a ver si sale algo positivo del desaguisado.

La cosa duró casi nada. 200 muertos darán triste testimonio de lo que fue anoche. Hoy todo huele a chapuza aun. El avión presidencial dando vueltas. Erdogan como el capitán del Costa Concordia. El Primer Ministro acusando a facciones gulenistas, y por lo tanto más islamistas y radicales que el propio Erdogan, del golpe. Merkel que no. Irán que sí. Gente que aplaude a los tanques en Baghdad Caddesi. Gente que se sube a ellos para pararlos. Y al final resulta que eran unos pocos mandados por un Coronel. Poco peso. Las piezas no encajaban. Tal cual esa película cuyo final no está bien atado. Quizá sea por ser el primer Golpe de Estado vivido en directo por Twitter. Queda un regusto agridulce que debe ser el sabor de la cutrez. Y la consecuencia es que la Libertad pierde. Vidas segadas para nada.

Ahora toca reestructurar el poder militar en Turquía, y eso es una muy mala noticia según hemos contado. Colocar afectos al régimen de Retuit Erdogan entre sus piezas clave. Eliminar molestias incómodas. Sin duda la Libertad pierde. Sin duda el aroma a autogolpe está ahí por esto. Ustedes pueden sacar sus propias conclusiones. El régimen sigue. Fuera quien fuera el cabecilla del Golpe, lo dio contra la Libertad.

Acerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro el Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

[td_block_11 custom_title=”Más de José Luis Montesinos” header_color=”#c4bd00″ post_ids=”-5735″ category_id=”27″ limit=”2″]