Seremos los españoles capaces de decidir tener más autocontrol o por lo contrario seguir bajo el reino del Estado-control / PP-control / Soraya-control. He aquí la gran cuestión. Si esto no quedó patente tras las últimas elecciones de junio, creo que ahora ya ha quedado muy evidente. Durante meses hemos asistido al penoso y patético periplo de la “embestidura” de nuestra actual clase política “analfabeto-funcional” como bien la caracterizaba el periodista Fernando Díaz Villanueva en su reciente conferencia durante las jornadas de Students for Liberty.

No entraré a valorar lo que ya todos hemos valorado y se ha escrito y hablado durante meses sobre las luchas intestinas dentro de la plutocracia socialdemócrata transpartita comúnmente denominada así en el movimiento libertario. Tampoco hablaré del populismo barato del socialismo en descomposición putrefacta del PSOE con caudill@s, la arroba para que la baronesa Susana Sánchez se sienta incluida y aludida. O reírme por no llorar del triunvirato del PAP -Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias- entrenando para ver quién se lleva… la palma en ser el tonto útil del reinado del PPSOE marca registrada del “milagro” español de la transición anti…democrática. Y no quiero centrarme ni en el nivel de mugre por la ausencia total de la más mínima moral del sentido común de un PP cada vez más aupado al ahora internacional socialismo -recordemos las cincuenta subidas de impuestos, los 3 millones de euros en software para espiar a los ciudadanos, la ley anti-descargas, la ley de (in)seguridad ciudadana y otras fechorías- que puso de moda desde el día en que decidió aupar a un Pablo Iglesias para “divertir” a las masas y desviar su atención de los Gürteles, Bárcenas y demás vergüenzas de los herederos del franquismo, es decir de nacional socialismo.

Quiero centrarme sólo en esta pregunta: ¿Auto-control o Estado-control? No hay más. Cada uno de nosotros decidimos. De hecho yo siempre lo tuve claro: autocontrol, siempre recelando del Estado-control. Claro, como bien sabéis los que me conocéis, razones de no me faltaron nunca para desconfiar y recelar de todo modelo basado en el Estado-control, pues el comunismo es la expresión última de ese modelo y ya tuve bastante con vivirlo una parte de mi vida.

Entonces a qué me refiero cuando defiendo la opción del autocontrol frente a la del Estado-control como modelo de comportamiento dentro de la sociedad. Me refiero a que si asumimos el modelo de organización socio-política-económica y cultural basada en el autocontrol individual entonces nosotros, cada uno, seremos quienes decidamos los alimentos, la ropa, el móvil, el techo, el trabajo, la educación, la sanidad, las pensiones y por supuesto las carreteras y los aeropuertos. Y por qué los decidiríamos nosotros como ya lo están haciendo en los países más desarrollados del mundo, porque nos afectan directamente.

El sentido común y de auto-preservación del individuo debe prevalecer por encima del reformatorio socialista en el que el socialismo convirtió España y Europa. En el caso español, ya viene de lejos, puesto que las anteriores generaciones fueron “re-educadas” en el socialismo franquista y las actuales en el socialismo socialdemócrata BOE en mano por la gracia del analfabeto-funcional PPSOE y con la inestimable ayuda de sus bufones de turno, IU, UPyD, Ciudadanos y el gran bufón real: Podemos.

Y porque el sentido común es el más común de los sentidos, contrario a lo que pensaba el fundador del Partido Republicano americano, Horace Greeley, el nuevo cambio de paradigma me reafirma en este convencimiento. Al fin y al cabo es lógico, como no mezclamos el agua y el aceite, tampoco podemos mezclar libertades y liberticidas, al final se acaban separando por la ley natural igual que el agua y el aceite. El libertarismo, la evolución natural del liberalismo clásico, tiene su propio camino bien definido donde el capitalismo es el modelo de la sociedad del libre intercambio, la solidaridad y la cooperación pacífica en el ámbito de las relaciones humanas, sociales, culturales, políticas y económicas. Y el conservadurismo, igual que el socialismo, es el producto final del colectivismo; es, en resumen, un modelo basado en la amenaza, el chantaje permanente del más fuerte sobre el más débil, el menos organizado; es en definitiva un grupo de asaltadores decidiendo por todos nosotros en los aspectos más esenciales de la vida de un ser humano: la alimentación, la ropa, el móvil, el techo, el trabajo, la educación, la sanidad, las pensiones y por supuesto las carreteras y los aeropuertos. Así que repito: y para ti, qué será ¿Autocontrol o Estado-control?

Acerca de la autora: Roxana Nicula

Roxana Nicula es autónoma, de profesión jurista y traductora, actualmente desempeña el cargo de Presidenta de la Fundación para el Avance de la Libertad y de Secretaria General del Partido Libertario (P-LIB).

Roxana Nicula

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Autocontrol o Estado-control
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1 Comentario

  1. Es la propia sociedad la que produce la paz. El Estado es inútil para ello. No hay más que ver que en sociedades más prosperas, con menos Estado, también hay más paz. Incluso en cárceles, reducto totalmente controlado por el Estado, también depende el nivel de problemas del nivel social y de prosperidad del país. Ligar nada al Estado, ni siquiera la paz o la defensa es inútil. Depende de nosotros, nos guste o no.

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