Cultura

El Pórtico de la Gloria recupera sus colores originales

Diez años después de que se iniciaran los trabajos de restauración sobre el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, la mitad que tardaron el Maestro Mateo y sus colaboradores en construirlo, la ciudad ha devuelto su esplendor a una de las obras, para muchos pieza cumbre, del artista. De estilo romántico este pórtico fue realizado por encargo del rey de León, Fernando II, entre 1168 y 1188. Ahora, y pese al estado de avanzado deterioro, tras una ambiciosa intervención que ha supuesto 50.000 horas de trabajo, el Presidente de la Fundación Barrié, José María Arias Mosquera, y el Arzobispo de Santiago y Presidente de la Fundación Catedral, Julián Barrio y Barrio, han presentado sus resultados.

Enmarcado en el Programa Catedral de Santiago, se trata este de un proyecto de conservación que ha permitido estabilizar el conjunto y preservar la policromía que todavía se conservaba. A su inauguración ha acudido la reina Sofía, así como el ministro de Cultura y otros cargos públicos.

Por su parte, fruto de esta restauración, además, se ha podido evitar que el pórtico sufra un riesgo inminente de pérdida definitiva y ha constituido una oportunidad única de profundizar en el conocimiento de esta obra y del arte románico en general, así como en los procesos de deterioro que afectan a los conjuntos de piedra policromada, poniendo a punto criterios de intervención y metodologías de trabajo que una vez sistematizados podrán servir de modelo para otras actuaciones.

El proyecto se ha desarrollada en varias fases gracias al mecenazgo de la Fundación Barrié, que destinó más de 6 millones al Programa Catedral. Así, desde 2009, se ha puesto especial énfasis en la investigación y la transversalidad, contando con especialistas de todos los campos y poniendo en práctica las cartas de protocolo de los organismos internacionales que velan por la excelencia y las buenas prácticas en las intervenciones. En 2015 se completó el montaje del andamio para poder acceder a todos los relieves del nártex, abordando la intervención directa sobre los materiales.

Conocidas las nuevas técnicas aplicadas, la reina Sofía se interesó por la perdurabilidad de la obra: una vez concluida la laboriosa restauración, el pronóstico de los expertos es que, si se cuida, podrán ser cientos de años. A esto se refirió también el propio José Guirao, que ayer hacía su primera visita a Galicia como ministro de Cultura, y que quiso poner el foco en una investigación, a su juicio, pionera y modélica.

Levantado el telón, lo más novedoso además de los secretos que desvela es el protocolo provisional que regulará las visitas a partir del día 27, cuando habrán rematado las obras en la fachada del Obradoiro. Las visitas seguirán siendo gratuitas, pero en grupos de 25 personas como máximo y sin opción de reserva previa.

En cuanto a la fase de intervención se confirmaron la existencia de tres policromados al óleo que cambiaron la imagen del Pórtico. Una primera policromía con decoración medieval de la que se conservan bastantes vestigios como se puede apreciar en el ángel que porta la columna o los que portan la cruz y que conservan por completo la primera policromía (azul lapislázuli). En esta parte se han podido identificar la cuidada técnica y los ricos pigmentos empleados para su ejecución: albayalde, lapislázuli, bermellón, pigmentos de tierras, pigmento-laca roja, resinato de cobre, cardenillo, negro carbón vegetal y negro de huesos siempre aglutinados con aceite de lino. Con láminas metálicas de oro puro y de manera puntual plata, las decoraciones de las vestiduras son fundamentalmente a base de medias lunas, formas polilobuladas, cuadrados y círculos, utilizando la técnica del estampillado sin relieve.

Un apartado destacable son las encarnaciones, ya que en gran medida aportan una información muy descriptiva respecto a la elaboración de la policromía de las figuras humanas, pues el color logrado es el que le da vida y expresión a las mismas. En esta primera policromía están aplicadas en capas muy finas, compuestas principalmente por albayalde, carbonato cálcico y bermellón, y de modo general el color que se aprecia es un rosado muy claro.

La segunda policromía data del siglo XVI, lo que coincide con las modificaciones primeras de la portada exterior y momento de importantes obras en el templo. La utilización del color es diferente en este caso; los azules son azuritas; para los rojos, utilizan bermellón y laca roja de cochinilla; para los verdes, verde de cobre, y para los blancos, pigmentos de plomo. Además, las encarnaciones son de color más intenso que en la primera policromía. Si bien los materiales utilizados no fueron tan exclusivos, la singularidad más destacable de esta segunda intervención es la decoración de mantos y túnicas con brocados aplicados, técnica de origen flamenco que consiste en imitar en relieve los ricos tejidos bordados con oro de la época.

La tercera policromía es la que se encuentra más visible en la actualidad. Parece que se realizó en el siglo XVII. La paleta cromática utilizada es muy similar a la renacentista. Destacando una mayor presencia de la lámina de oro, aportando un carácter barroquizante al pórtico.

Crispín de Evelino policromó los rostros, manos y pies en 1651, dejando constancia en un documento conservado en el archivo de la Catedral, único documento que se conserva sobre las policromías del Pórtico.

En cuanto al estado del Pórtico, estaba en una situación crítica con constantes desprendimientos de material y afectado por complejos mecanismos físico químicos de degradación de materiales. Además, los productos que se habían aplicado en las últimas intervenciones, muy poco compatibles con el monumento, agravaban aún más esta situación.

Los criterios de intervención han sido poco invasivos, manteniendo todos los restos de color conservados y retirando únicamente los depósitos nocivos acumulados sobre la superficie y que puedan afectar a la estabilidad de los materiales históricos, como es el caso de la suciedad, las sales, los restos de naturaleza biológica, los morteros de cemento y los productos consolidantes acrílicos poco compatibles con la superficie original. No ha sido necesario reconstruir las faltas en la policromía dada la unidad estética lograda con los tratamientos de limpieza y estabilización aplicados, poniendo especial énfasis en el sellado de fisuras y juntas integradas cromáticamente con el soporte pétreo.

 

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