Hace unos meses celebramos una reunión de gestión con unos colaboradores comercializadores de servicios de una empresa cliente dedicada a la formación.

Tuvimos que recordar el incumplimiento a los colaboradores de algunas obligaciones legales, de obligado cumplimiento; cuestiones como su adecuación a la legislación de protección de datos o el cumplimiento de las formalidades en cuanto a la información que debía dársele a los consumidores (alumnos) de los cursos ofertados. Nuestro recordatorio lo era tras haberles indicado los pasos y trámites que debían dar y ponernos a su disposición para ayudarles en la gestión.

Las “excusas” de los colaboradores que habían esgrimido eran varias, desde “que no están acostumbrados a tantos requisitos” a que “mi asesoría no me cubre ese servicio, debería pagármelo la empresa que me lo exige “. Claro, nuestras observaciones sobre que “la empresa no lo exige” sino la legislación o que los requisitos los pone la legislación y no nuestro cliente caían en saco roto. Una de las colaboradoras incluso dijo que “se sentía reñida” con nuestra petición de cumplimiento de la legalidad…Incluso alegaban desconocimiento de que “debían darse de alta” como empresarios (a pesar de que el rendimiento de la actividad era muy jugoso).

La conclusión a la que llegaron los colaboradores, entre los que -por cierto – había uno de los hijos del propietario de nuestra empresa cliente, era que “éramos demasiado racionales y que debíamos actuar más con el corazón”. Nos reprochaban, y hasta nos indicaron que debíamos “hacer un curso” para darnos cuenta que la gestión “ha de hacerse con el corazón” (sic).

He de confesar que, por educación, tuve que reprimir mi carcajada. El ámbito de trabajo de estas empresas de formación y sus colaboradores es fundamentalmente el coaching y los cursos de inteligencia emocional y materias conexas.

Posiblemente la influencia de la llamada “psicología positiva” y otras corrientes de moda en ese ámbito son la explicación a la conclusión que, sorprendentemente, era común entre todos los colaboradores.

Y si hay una inspección de consumo por no respetar los requisitos de publicidad de la legislación, o de la Agencia de Protección de Datos por incumplimiento de deberes graves, ¿cómo se arregla “con corazón”? ¿Acaso el inspector nos acunará tras dos lágrimas permitiéndonos el incumplimiento legal?

Parece ser que las nuevas modas, entre ellas la de la “autoayuda” también han llegado al management empresarial, directa o tangencialmente. Conceptos y creencias patraña como “el Universo te da lo que le pides” o que “la visión racional de la realidad no es la más adecuada para conseguir tus objetivos” llevan a posiciones, como la relatada. Es una conexión con el pensamiento mágico de los individuos que incluso infantilizan las decisiones. Posiblemente este pensamiento mágico está detrás de la aparición de los espejismos de las formas rápidas de enriquecerse y que llevan a estafas masivas de sistemas piramidales o similares. Éxito sin esfuerzo.

La gestión empresarial, el management, como creación o resultado de la acción humana debe responder a los dos componentes existentes en los procesos mentales. Emoción y razón son dos componentes que deben ser complementarios, y no excluyentes. Es cierto que, para una sociedad acostumbrada a cierto paternalismo en lo político, lo económico y lo sociológico, los argumentos emocionales son más amables, y que la racionalidad es más árida. “Sigue el camino de tu corazón” es más popular que un silogismo lógico tipo “cumple los requisitos exigidos para no ser sancionado”.

A mi entender, unos procesos deben ser tomados de manera “racional” : la ley me obliga a cumplir algo por mi condición de empresario, por lo cual he de cumplirlo o me veré expuesto a las consecuencias del incumplimiento ; otros procesos en gestión deben incorporar un alto contenido emocional : la creación de sentimiento de equipo o las formas de comunicación con los trabajadores. Pero no mezclemos “churras con merinas”. No se puede tratar racionalmente lo que sentimos cuando nos abraza nuestra persona querida ni tratar “con el corazón” la confección de la liquidación del IVA…

Las modas de “lo positivo” y la sentimentalización reductora son características de nuestro tiempo que pueden afectar a la gestión de las empresas ya que las empresas no son ajenas a las corrientes de pensamiento que van apareciendo en la sociedad. Ya hemos visto que esta sentimentalización reductora está detrás de muchas corrientes políticas que ganan votos y posiciones, y con la posibilidad, a mi entender, de un auténtico empobrecimiento económico y cultural de toda la sociedad.

Es significativo que el Diccionario Oxford ha incorporado a su texto el término post-truth (post-verdad) –“lo relativo a o denotando circunstancias en las que hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a la emoción y a la creencia personal”– como la nueva palabra de 2016.

Esperemos que nuestros managers continúen gestionando desde el “truth” (racional o emocional) y no desde el “post-truth”


Acerca del autor: Filemón Galarza

Mentor, consultor empresarial y de asociaciones empresariales. Profesor Universitario de Post Grado (MBA) y estudiante eterno de antropología cultural. Desde 1996 asesorando organizaciones. Página web.

 

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