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Otro desacato de la mano del gobierno del PSOE-Compromís en Valencia. Después de escuchar paridas tales como el cierre de centros comerciales los domingos o la imposición de una tasa turística a una de las Comunidades Autónomas más importantes en cuanto al sector turismo se refiere, hoy tenemos… ¡expropiaciones de fincas de l’Horta valenciana!

Ya venían los compromiseros en campaña diciendo lo importante que era para ellos el patrimonio rural que supone la huerta que rodea Valencia. Sus campos, sus tradiciones, sus costumbres, su… en fin, su precariedad; que ya sabemos que es un valor que las izquierdas tienen muy en cuenta a la hora de defender causas perdidas. Pues, bueno: el Consell ha ampliado en un 15% el suelo protegido, alcanzando ya 10.000 hectáreas de la huerta valenciana. Todo esto con la excusa de “frenar la especulación urbanística” (algo que, como todos sabemos, está al alza actualmente después de desplomarse el 30% del PIB español con el sector de la construcción). Pero, ¿cuál es la razón verdadera? ¿Preocupados por el hecho de que dos o tres pobres ancianos propietarios de un pedazo de campo en desuso puedan enriquecerse vendiéndolo a un malvado cerdo capitalista que construya viviendas o algo peor, como un cansino? No, claro. Lo que quieren es volver a tener el control de la propiedad en manos del Estado. O, lo que es lo mismo, en sus manos.

La suprema Consellera de Vertebración del Territorio, Mª José Salvador, que ya parece concentrar más capacidades estatistas que Stalin en su momento álgido, propone lo siguiente: si una parcela de l’Horta lleva 3 años sin ser explotada por su propietario, la gestión de esta se podrá expropiar. Es decir, que, aunque no se atreven a requisar la propiedad del agricultor como tal, pretenden arrendar el derecho de explotación de la parcela a otros agricultores que se comprometan a cultivarla y hacer uso de la misma, para “revitalizar l’Horta y mantener intacto su valor cultural y medioambiental”, según el gobierno valenciano.

Vamos, resumiendo: que si a usted se le ocurre comprarse una parcela de huerta valenciana para, qué sé yo, hacer lo que le de la gana, y se le pasa por la cabeza la simple idea de atreverse a no plantar un naranjo en tres años, sepa usted que voy a llegar yo, el gobierno valenciano, y le voy a quitar a usted el derecho de uso de su parcela, aunque siga siendo suya como titular, y se lo voy a alquilar a un tercero, probablemente colega mío, que se compromete a plantar el naranjo y hacer como que protege el medio ambiente y ama con todas sus fuerzas l’Horta i la mare que la va parir. Lo que haga falta con tal de conseguir un poco de ingresos extra y la capacidad de no dejarle a usted hacer lo que le venga en gana con su propiedad.

Podríamos ser optimistas y pensar que estos ilustrados estatistas valencianos se están inspirando en Mendizábal y las desamortizaciones de hace unos cuantos años, que verdaderamente supusieron un avance sustancial en cuanto al aprovechamiento del terreno y el fin de las manos muertas. Pero no, obviamente. Tengamos presente que las desamortizaciones de aquel entonces tenían como objetivo esencial expropiar las tierras de los privilegiados elegidos a dedo por el monarca de turno para venderlas posteriormente a propietarios interesados en la explotación de las mismas. “Pero, oiga, ¿no es lo mismo?”. Pues no. ¿Por qué? Porque la propiedad sobre las tierras que tenían aquellos privilegiados no era legítima, mientras que la propiedad que pueda tener el tío Ximo sobre el trozo de huerta que compró hace medio siglo sí lo es. ¿Por qué? Porque la primera la concedía de manera tiránica un rey apoltronado a quien le caía bien, y la segunda la concede el derecho de propiedad adquirido por la compra-venta de un terreno al propietario anterior, o la herencia derivada de la compra previa por parte del titular anterior. La diferencia, en resumen, es que la desamortización original pretendía que la tierra tuviese una propiedad legítima y funcional; y el aborto de desamortización de Puig y Oltra pretende satisfacer sus ansias de concentración de poder y favorecer los intereses de su camarilla eco-progre. Es decir, una vuelta a la situación previa a las desamortizaciones antiguas. ¡Progreso!

En Valencia, como verán ustedes, vamos a bobada estatista semanal. No hay día en que no se viole algún derecho o libertad individual por parte de una totalitaria, que es la señora Oltra, y su marioneta favorita: el señor Puig. Seguiremos informando sobre la Valencia de las imposiciones y el desvarío tripartito.

[/vc_column_text][vc_separator color=”custom” border_width=”2″ accent_color=”#c4bd00″][vc_column_text]Carlos NavarroAcerca del autor: Carlos Navarro

Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Valencia. Miembro de las NNGG del PP y Vicesecretario de Acción Política de Unió d’Estudiants Valencians. Co-fundador de Ágora Libertaria y miembro de ESFL Valencia. Blog personal 

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Desamortización chapucera
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