El anti-mercado laboral

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Últimamente, especialmente desde el inicio de la crisis económica y la hecatombe que supuso ésta para el tejido empresarial de nuestro país, escuchamos muchas y diversas opiniones de iluminados y cortoplacistas sobre qué debemos hacer, qué políticas debemos diseñar, para conseguir reducir la tasa de paro y permitir que más gente pueda acceder al mercado laboral. No dejan de ser ideas banales, por supuesto. El problema llega cuando la dinámica política comienza a virar hacia esa perspectiva y no hacia la que realmente funciona: la desregulación.

En primer lugar, algo que debe quedar claro: el objetivo no debe ser crear empleo, sino crear riqueza. Crear empleo es muy sencillo, cualquiera puede hacerlo. Incluso el Estado, en su infinita ineficacia y falta de practicidad. Para visualizar esto, siempre viene bien exponer el caso de la visita de Milton Friedman a China. Allí, unos altos funcionarios del gobierno asiático le mostraron las obras de una gran presa, en las que trabajaba un número masivo de obreros chinos, que excavaban con palas las ingentes cantidades de tierra a retirar. Friedman, sorprendido por la rudimentaria forma de hacer este trabajo, preguntó a los mandatarios por qué había tanta gente cavando con palas en vez de optimizar la tarea utilizando maquinaria pesada y, por tanto, necesitando un menor número de capital humano. “Es que el objetivo es crear empleo”. La respuesta fue demoledora. Pero no más demoledora que la contrarréplica del economista norteamericano: “Entonces, ¿por qué no usan cucharas en vez de palas? Emplearían a mucha más gente”.

¿Qué quería decir el bueno de Milton con esta jocosa contestación en un país como China? Pues algo muy sencillo: crear un empleo que no genera valor no significa sacar a nadie de la pobreza. La revolución industrial fue criminalizada por los “defensores del trabajador” por destruir numerosos puestos de trabajo en ámbitos como la agricultura o la ganadería. La utilización y proliferación de la maquinaria redujo la necesidad de contratación de trabajadores humanos y, con ello, los costes que suponía la producción. Esto, lejos de ser algo negativo, maléfico y “neoliberal”, es un avance en la forma de crear riqueza, de mejorar los métodos de producción y de, con todo, hacer la vida más fácil al consumidor. Obviamente, los trabajadores que se descuelguen de este modelo productivo podrán encontrar trabajo en otros sectores que surjan en base a las nuevas dinámicas.

¿Qué se debe hacer para liberalizar el mercado laboral y facilitar la creación de empleo? Algo tremendamente sencillo: apartar las garras del Estado y los gobiernos de las decisiones que tienen que tomar, negociando, trabajadores y empresarios. Si los estatistas creen que el individuo es lo suficientemente mayor como para votar a sus representantes cada cuatro años, ¿qué les hace pensar que no es lo suficientemente mayor, también, para tomar sus propias decisiones en lo que a su vida, empleo y dinero respecta? Se trata, una vez más, de la tremenda arrogancia propia de los instrumentalizadores del Estado, que creen que su criterio es el que se debe seguir, en contra de la responsabilidad y el libre albedrío del hombre libre y maduro, único dueño de sus acciones. Una rebaja sustancial de las cotizaciones sociales, del Salario Mínimo Interprofesional, y de las regulaciones en lo que a contratos y condiciones laborales respecta – si no la supresión de todos estos elementos – es lo que puede ayudar a mejorar la situación del mercado laboral, tanto en nuestro país como en el resto del mundo.

En un planeta cada vez más globalizado, en el que la economía y el mercado reclaman cada vez más independencia de los agentes implicados en este proceso y la desregulación de todos los aspectos anteriormente nombrados, resulta un acto suicida tratar de resolver este grave asunto por medio de la presión estatal, de estrechar el cerco y de atar de pies y manos tanto a empresarios como a trabajadores.

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Acerca del autor: Carlos Navarro

Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Valencia. Miembro de las Nuevas Generaciones del PP. Co-fundador de Ágora Libertaria y miembro de ESFL Valencia. Blog personal 

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El anti-mercado laboral
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Una respuesta a “El anti-mercado laboral”

  1. Afirma usted que es necesario “apartar las garras del Estado y los gobiernos de las decisiones que tienen que tomar, negociando, trabajadores y empresarios”.

    Y yo le pregunto: ¿Qué le hace pensar que el poder de negociación es equitativo entre un empresario y un aspirante a ocupar un puesto de trabajo que este ofrece? ¿Por qué iba a ceder el empresario ante el trabajador cuando, en España, tiene una cola enorme de parados?

    Saludos

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