El barrido de la salud por la marea

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Esta vez tocaba movilizarse a las calles de varias ciudades bata o camiseta blanca en mano para defender la “sanidad pública gratuita, universal y de calidad”. La retahíla de la prolífica jerga socialista nos lanza una tras otra paridas de nuevos derechos por supuesto con cargo a obligaciones y a que otros asuman la responsabilidad para que ellos, en las mareas, se sientan seguros, protegidos, sin asumir riesgo, ni tener que competir en libre mercado. Así pues la sanidad que eligen las mareas por todos nosotros es simple y llanamente equivocado y falso. Veamos:

Toda la sanidad es pública. No sólo la que defienden las mareas. Se  dirige a las demandas de sus usuarios: los pacientes, familiares, empresas y demás entidades que requieren estos servicios. Y a partir de aquí la cosa cambia. La sanidad pública del Estado es un monopolio artificial, es decir, de obligado paso en cuanto al pago por todos los ciudadanos, la usemos o no, nos guste o no. Algo así como pasaba antes cuando en telecomunicaciones sólo teníamos a Telefónica, empresa de telefonía del Estado. Alguien se acuerda de lo caro que era el teléfono entre las partidas de gastos de una familia y lo malo que era el servicio y por supuesto inflexible porque o era Telefónica o era Telefónica. No podíamos ELEGIR.

En el caso de la sanidad pública de titularidad estatal es lo mismo. Es algo así como esa antigua Telefónica: un ente gigantesco, opaco, lugar de cobijo para los “liberados” políticos -cuadros de los partidos, sobrinos, nueras, yernos y demás familiares…-, burocrático, inflexible, mediocre generalmente al faltarle la competencia y carísima.

La sanidad pública de titularidad privada, es decir la de hospitales privados, redes hospitalarias, clínicas y demás entidades con o sin ánimo de lucro que ofrecen servicios sanitarios a los usuarios funcionan al menos con un régimen de competencia algo más abierto, es la menos una especie de oligopolio artificial. Y digo algo más abierto porque recordemos que su principal  competidor directo es la sanidad estatal que juega con una ventaja bestial ya que el propio titular ejerce de juez y parte en el sector sanitario. Y también porque en gran el sector practica más el mercantilismo tan propio del oligopolio en vez del libre mercado. Hasta cierto punto también es entendible debido a la distorsión de la que hablaba antes al tener en frente a ese gigante competidor privilegiado: la sanidad del Estado.

La sanidad NO es gratuita. Desde el momento en que tenemos eso que llamamos impuestos, la sanidad es imposible que sea gratuita. Es importante que las personas entiendan que la sanidad igual que cualquier otro servicio que el Estado nos obliga a recibir de él se paga, lo pagamos. Vaya que lo pagamos. Un mileurista en realidad genera con su trabajo 1800 euros, pero hay 800 que ni ve todos los meses. El bisturí, la jeringuilla, el salario del celador, del enfermero o de la cirujana cuestan dinero tanto si se trata de un servicio prestado por un hospital estatal o por uno privado. De hecho, como decía antes, los mismos servicios, tratamientos y materiales habitualmente cuestan mucho más en la sanidad estatal que en la privada donde intervienen factores esenciales como la eficiencia, el incentivo económico, el control, directo de quienes ponen el dinero y el esfuerzo por conseguir la excelencia no sólo desde un punto de vista ético sino también económico. No rindes, no ofreces buenos servicios sanitarios tus usuarios paciente que también tienen la conciencia de ser clientes que pagan por un servicio, te van a exigir o si no, se irán a otro servicio médico y encima hablarán mal de ti a su entorno.

La sanidad privada puede ser universal. Los grupos de presión organizados en el sector de la sanidad estatal han distorsionado deliberadamente y con muy mala fe en mi opinión el significado de la universalidad. La universalidad significa para todos no significa que sea el Estado el que preste el servicio. Se puede simplemente limitar a hacer de mero instrumento de compensación económica para aquellos usuarios de servicios sanitarios que no se puedan permitir pagar un seguro médico en un momento dado. Ese porcentaje que no será más del 10-15 % de la población recibirían un cheque sanitario como el propuesto en las 80 medidas de gobierno del Partido Libertario por el precio medio del coste de mercado de cualquier seguro y vaya a elegir libremente el médico, hospital… que más le convenza y se ajuste a sus necesidades. Suiza o Corea del Sur son ejemplos mundiales de excelencia sanitaria donde toda la sanidad pública es de titularidad privada, ricos y pobres pagan por sus servicios sanitarios generalmente vía seguro médico y el Estado ejerce sólo de mero instrumento financiero, pero no presta el servicio en sí.

La sanidad estatal y la calidad, como el agua y el aceite. La calidad es el resultado de muchos factores combinados entre sí. La calidad se abre paso en aquellos entornos donde hay mayor competencia, por tanto libertad de actuación y una relación directa entre ofertantes y receptores sin intermediarios que burocraticen y encarezcan todo el proceso que lo que ahce e Estado.  Un sistema de libre competencia con reglas pocas y claras atrae mayores recursos  -materiales, profesionales, fondos- siempre surge y se afianza en aquellos entornos donde la presencia del dinamismo del mercado, es decir, de la sociedad civil, es mayor. Así los individuos podemos elegir con mayor libertad entre varias opciones e ir cambiando entre ellas siempre que no nos convenzan o no se ajusten a nuestras exigencias y / o necesidades personales.

Así que igual que la marea que llega a la orilla y va barriendo todo lo que encuentra a su paso, la marea blanca no hace más que barrer la libertad de elección de todos nosotros, los usuarios pacientes a la postre clientes de los servicios sanitarios. Nuestra sanidad requiere de menos mareas y más mercado, cuanto más libre mejor. Y ya saben, a cuidarse, la salud es esencial para el bienestar.

[/vc_column_text][vc_separator color=”custom” border_width=”2″ accent_color=”#c4bd00″][vc_column_text]Acerca de la autora: Roxana Nicula

Roxana Nicula es autónoma, de profesión jurista y traductora, actualmente desempeña el cargo de Presidenta de la Fundación para el Avance de la Libertad y de Secretaria Federal de Organización del Partido Libertario (P-LIB).[/vc_column_text][vc_raw_html]JTNDaWZyYW1lJTIwc3JjJTNEJTIyaHR0cCUzQSUyRiUyRnJjbS1ldS5hbWF6b24tYWRzeXN0ZW0uY29tJTJGZSUyRmNtJTNGdCUzRHRoZWhlcnBvcy0yMSUyNm8lM0QzMCUyNnAlM0Q0OCUyNmwlM0R1cjElMjZjYXRlZ29yeSUzRGdpZnRfY2VydGlmaWNhdGVzJTI2YmFubmVyJTNEMVNZR0o1WVBCU0JUOUJFWTM1RzIlMjZmJTNEaWZyJTIyJTIwd2lkdGglM0QlMjI3MjglMjIlMjBoZWlnaHQlM0QlMjI5MCUyMiUyMHNjcm9sbGluZyUzRCUyMm5vJTIyJTIwYm9yZGVyJTNEJTIyMCUyMiUyMG1hcmdpbndpZHRoJTNEJTIyMCUyMiUyMHN0eWxlJTNEJTIyYm9yZGVyJTNBbm9uZSUzQiUyMiUyMGZyYW1lYm9yZGVyJTNEJTIyMCUyMiUzRSUzQyUyRmlmcmFtZSUzRSUwQQ==[/vc_raw_html][/vc_column][vc_column width=”1/3″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-default”][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_18 custom_title=”David Fernández” header_color=”#c4ba00″ post_ids=”2915″ limit=”1″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”Roxana Nicula” header_color=”#bcb000″ category_id=”28″ limit=”4″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][/vc_column][/vc_row]

El barrido de la salud por la marea
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