Casi todos los partidos políticos defienden el Salario Mínimo Interprofesional. Cosa bastante comprensible porque, al fin y al cabo, el salario mínimo es popular y, además, como condena a millones de personas a la pobreza permite la compra de votos a precios asequibles mediante los pesebres estatales. Sin embargo es necesario denunciar contra viento y marea la gran mentira que es el salario mínimo.

El SMI genera desempleo para aquellos trabajadores cuya productividad es inferior al coste de contratación. Aunque el salario mínimo en España es de 9.080 euros, 648 euros en catorce pagas, el coste de oportunidad para el empleador ronda los 14.000 euros anuales, más de 1.100 euros al mes, debido entre otras cosas a las cotizaciones sociales. Esto lleva a que todo trabajador que no sea capaz de generar más de 1.100 euros al mes no sea contratado. Por lo tanto el SMI no es más que un precio mínimo al trabajo y, como tal, tiende a producir una bajada en la demanda. Lo mismo sucedería si los políticos pusiesen un precio mínimo de veinte mil euros a los coches. En este caso desaparecería la demanda de aquellos que no pudieran pagar esa cantidad, junto con los coches de gama baja, que difícilmente se venderían cuando por el mismo precio se ofrecen coches mejores.

Países europeos tan prósperos como Austria, Suiza, Dinamarca o Suecia entre otros no tienen salario mínimo, y los sueldos son más altos que en España al mismo tiempo que el paro es más bajo. Y países como Alemania, que acaban de introducir el salario mínimo, lo hacen no por motivos económicos y sociales, sino por puro populismo, o sea por votos. En este sentido la imposición del salario mínimo es el resultado del populismo político en medio de una bonanza económica, y no el resultado de una crisis económica. Pudiéndose considerar por lo tanto que el Salario Mínimo Interprofesional es un lujo caro sólo al alcance de las economías más prósperas y sólidas que siempre terminan pagando los ciudadanos con impuestos y paro. Al fin y a la postre, ningún país ha salido nunca de una crisis aumentando o imponiendo un salario mínimo.

Los parados deben al salario mínimo y a los convenios su actual salario de cero euros, que es el auténtico sueldo mínimo que imponen estas leyes liberticidas, convirtiéndose esos catorce mil euros anuales necesarios para su contratación en el auténtico umbral de la muerte por la existencia, precisamente, de un Salario Mínimo Interprofesional.

Así las cosas, la sensatez nos lleva a defender la supresión del salario mínimo y de los convenios colectivos obligatorios. Los trabajadores y empresarios deben poder pactar libremente sus condiciones laborales sin tener que supeditarse a lo que quieran la patronal, los sindicatos y los políticos de turno. Estas medidas, junto con una economía menos intervenida, la reducción del gasto público y la bajada de impuestos, nos permitirán salir de la crisis con salarios más elevados. Es impresionante que con un paro entorno al 20% y con la mitad de nuestros jóvenes sin empleo, los partidos políticos sigan aferrándose al salario mínimo. Ya que si lo que quieren fomentar es el consumo, sólo se logrará fomentando el ahorro mediante impuestos bajos y no con el paro clientelar generado por el Salario Mínimo Interprofesional.

Israel AlonsoAcerca del autor: Israel Alonso

Librepensador. Libertario. Uso la imaginación como argamasa de los sueños sobre los planos de la realidad para así construir un mundo mejor. Me metí en política activa porque este desastre sólo se cambia de una manera. Sé que juntos podemos cambiar las cosas.

 

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El engaño populista del Salario Mínimo Interprofesional
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