El epistemócrata

La una de la madrugada y sigo despierto. No sé qué escribir. Para acompañar el insomnio decido charlar con Séneca. “Os lo ruego, no os espantéis de esas circunstancias que los dioses inmortales aplican a los ánimos como aguijones: un desastre es una oportunidad para el valor”, me dice Séneca. Me repito el último inciso de nuevo: “un desastre es una oportunidad para el valor”. Esa forma de ver la realidad, tan estoica, me recordó lo que en alguna ocasión leí decir a Nassim Taleb del propio Séneca. Para Taleb, Séneca tenía una forma antifrágil de ver la vida, entendiendo por antifrágil aquello que se beneficia del desorden o, dicho de otra modo, aquello que no solo no sale perjudicado de una crisis sino que sale fortalecido. Y esa frase estoica, “un desastre es una oportunidad para el valor”, hizo que me viniera a la mente este concepto de antifragilidad.

MontaignePero entonces recordé también, seguidamente, un fragmento de El Cisne Negro, de Nassim Taleb, en el que hablaba de un gran francés, Michel de Montaigne. La conexión no es del todo arbitraria, pues Montaigne, a su vez, tenía en muy alta estima a Séneca. El caso es que Taleb describe un concepto, el del epistemócrata: el humilde epistémico, en contraposición al arrogante espistémico. ¿Que qué es un epistemócrata? Algo que escasea, desde luego. Más aún en estos tiempos que corren. Pero prefiero que lo explique Nassim:

“Alguien que tenga un elevado grado de arrogancia epistémica no es demasiado visible, como el tímido en un cóctel. No estamos predispuestos a respetar a los humildes, aquellos que tratan de suspender el juicio. Hoy en día existe la llamada humildad espistémica. Pensemos en alguien que sea muy introspectivo y al que le torture la conciencia de su propia ignorancia. Carece del coraje del idiota, pero tiene las raras agallas para decir: “No lo sé”.  No le importa parecer loco ni, peor aún, ignorante. Duda, no se compromete, y le preocupan las consecuencias de estar equivocado. Introspecciona, introspecciona e introspecciona, hasta llegar al agotamiento físico y nervioso. 

Esto no significa necesariamente que no tenga confianza, sólo que piensa que sus conocimientos son sospechosos. A ese individuo lo denominaré epistémico; a la provincia en que las leyes se estructuran teniendo en mente este tipo de falibilidad humana la llamaré epistemocracia. 

El principal epistemócrata moderno es Montaigne.”

A uno se le viene a la mente un tipo humilde e introspectivo que se limita a vivir su vida, que no se mete en la vida de los demás ni pretende hacerlo; un tipo escéptico, consciente de su ignorancia y de las limitaciones humanas. Un tipo que, de creer en algo, cree en el aprendizaje a través de los errores y, por tanto, en la libertad para errar, lo cual lleva necesariamente a la idea de responsabilidad, esto es, a ser responsable de las propias acciones y de sus consecuencias. Un eterno aprendiz.

Arrogante epistémicoPero también, tras reflexionar un poco, irremediablemente, se le aparece a uno la otra figura, la del arrogante epistémico. Este último es un cantamañanas que dice saber mejor que tú qué es lo que quieres, hasta tal punto que pretenderá imponerte su visión de las cosas “por tu bien”. El arrogante epistémico no solo se compromete, sino que se mete y entromete en tu vida, y sí, a él sí le importa parecer un loco, por eso tratará de hacerte creer que el loco eres tú, y, de ese modo, justificar la posterior imposición de sus ideas. No le tortura la conciencia de su propia ignorancia, pues su arrogancia le impide ver su ignorancia. Tiene el coraje del idiota, y no tiene las agallas para decir: “No lo sé”. No se lo puede permitir. Es más, no le preocupan las consecuencias de estar equivocado, pues siempre podrá recurrir a algún chivo expiatorio sobre el que descargar las culpas. Y la pregunta: ¿Dónde abundan los arrogantes epistémicos?

Como dice el propio Taleb: “Lamentablemente, para ejercer la autoridad uno no puede aceptar su propia falibilidad. Esta circunstancia queda manifiesta en una patología social: los psicópatas congregan seguidores”. Vivimos en un mundo de demócratas, no de epistemócratas. 

Mario CachineroAcerca del autor: Mario Cachinero

Mario Cachinero es estudiante de Derecho y Administración y Dirección de Empresas.

 

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El epistemócrata
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Una respuesta a “El epistemócrata”

  1. Prezado Mario Cachinero
    Na primeira linha em que você cita texto de Taleb, penso haver um equívoco:
    – o correto é : “baixo grau de arrogância epistêmica” e não “elevado” como você transcreveu.
    Abraço
    Jésu

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