Hemingway, Samuel Beckett, Neruda, García Márquez, Cela, Vargas Llosa, Bob Dylan. Aunque de primeras pudiera identificarse a un intruso en la lista, nada más lejos de la realidad, para desgracia de algunos. Desde la semana pasada todos ellos guardan en común haber ganado el Premio Nobel de Literatura. Robert Allen Zimmerman, mundialmente conocido como Bob Dylan, ha ganado –también- la mayor distinción literaria posible ante la incredulidad y crítica de muchos, y la admiración eterna de otros tantos. Nada nuevo para el trovador de Minnesota.

La crítica por la decisión parte más de la prensa que de los propios escritores, quienes han acogido con suma alegría la revolucionaria elección del cantautor como Premio Nobel 2016. En cualquier caso, público y especialistas se han mostrado muy contrariados ante la elección. ¿Es justo que Bob Dylan haya ganado semejante premio?

No se trata en este artículo de valorar si los restantes candidatos han hecho méritos para alcanzar el Nobel, si no de si alguien como Dylan es digno y justo ganador del mismo (tanto o más como lo podrían haber sido los restantes nominados, se entiende). Aclarado que el debate no gira en torno a los candidatos al premio, a los que probablemente buena parte de la crítica no ha leído nunca, nos centramos en la cuestión central del asunto: ¿es aceptable que un premio de literatura pueda darse a un cantautor?

Los más puristas argumentan que con la elección de Dylan música y literatura se han confundido y mezclado erróneamente, que son disciplinas totalmente distintas, de manera que no cabe la intromisión de la una en la otra y viceversa en lo que se refiere a estos premios. Nunca hasta este año se había promovido tal posibilidad por parte de la Academia sueca. A lo mejor el error ha sido la tardanza en aceptar que un cantautor, como un novelista, un poeta o un dramaturgo, también escribe. Algunos alucinantemente bien.

Bob Dylan - Premio Nobel de Literatura - Escribiendo¿Cuáles son los límites de la Literatura? Lírica, narrativa y teatro. Prosa o verso. Oral o escrita. Varios dramaturgos han recibido a lo largo de la Historia el Premio Nobel por sus obras de teatro, también muchos poetas. ¿Acaso la literatura acaba en la novela o es menos literatura apoyada en acordes? Por hacer paralelismos respecto a Dylan con cantautores en castellano, ¿alguien pone en duda el arte literario que encierran los versos de autores como Serrat o Sabina? Tanta es la relación entre música y poesía que no son pocos los casos en los que poetas han participado en las letras de canciones. Pretender disociar e incomunicar dos artes que combinan tan maravillosamente bien carece de todo sentido. A alguno le sonará, por ejemplo, un tal Luis García Montero (a los que no, escuchen/lean Nube Negra que, por cierto, le valió una nominación en los Grammys. ¡Sí, a un poeta!).

El Premio a Dylan es un premio a una profesión entera. La dignifica y reconoce mucho más tarde de la cuenta. Porque contar historias con una guitarra también es Literatura. En estos tiempos en los que la poesía muere cada día un poco más, la canción se alza como un estandarte de esperanza y difusión único que los literatos no pueden permitirse despreciar o desvincular del arte de escribir. Que Bob Dylan haya ganado el Premio Nobel es un hito y una gran noticia para el mundo de la música, pero lo es aún más para el mundo literario, que debe celebrar la posibilidad de resurgir y difundir masivamente la poesía por un canal tan accesible y universal como la música. La literatura marcha a la deriva si continúa alejándose del ámbito popular, si no logra conectar con lectores y oyentes está abocada al fracaso. Y justamente en el lado opuesto a esta posibilidad se encuentra el galardonado, quien ha acercado durante medio siglo con sus palabras la poesía a millones de personas de todo el mundo. Amor, religión, guerras, protesta, injusticias sociales, corrupción… No existe tema ni sentimiento que Dylan no haya plasmado en una canción antes. La influencia de su obra en la segunda mitad del siglo XX, incluso desde un punto de vista histórico, resulta innegable. La valiente decisión de la Academia Sueca supone un soplo de aire fresco para un género que corre el riesgo de quedar tristemente desfasado si no se moderniza y se sitúa a la altura de sus tiempos. Porque los tiempos todavía siguen cambiando.

Con lo que no contaba la Academia es con que Dylan, a sus 75 años, siguiera siendo tan ingobernable, provocador e incorregible como cuando su Like a Rolling Stone sacudió al mundo hace ya medio siglo. Por eso no es de extrañar que cuatro días después de intentar contactar una y otra vez con el artista para otorgarle el Premio, en Suecia se hayan rendido ante la insumisión de aquel que a nadie ha jurado nunca lealtad.

Santiago Soto Gómez

Acerca del autor: Santiago Soto

Abogado concursal sevillano con el doble grado en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, en la Universidad de Sevilla y en la Universidad La Sapienza de Roma. Miembro de la Asociación de Derechos Humanos de Andalucía y emprendedor a tiempo parcial. La cultura es la llave de la libertad.

 

Santiago Soto

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