El pacto

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El plazo para formar gobierno tras las elecciones generales va llegando a su fin. No parece que las negociaciones vayan a llevar a la formación de gobierno y es probable que tengamos nuevas elecciones generales en unos meses.

El insólito panorama político salido del 20D nos ha ofrecido los primeros debates de investidura genuinos en la historia de la política nacional española. A través de este debate y de las negociaciones en general hemos podido comprobar el carácter cerrado y caciquil de los políticos españoles. Un carácter que nos diferencia claramente de otras socialdemocracias europeas y una de cuyas causas principales es nuestra lamentable legislación electoral (especialmente en lo que respecta al derecho de sufragio pasivo), que, entre otras “bondades”, favorece las mayorías absolutas o, como mucho, los pactos de gobierno a dos (siempre con grandes diferencias en número de escaños)

Sin embargo, puede que las negociaciones Sánchez-Iglesias nos deparen alguna sorpresa. El anterior NO rotundo de Iglesias a Sánchez ha provocado otra crisis en el partido malva que se saldó con otra “purga” tan típica del colectivismo de izquierdas. Además, la confianza de Podemos en mejorar sus resultados en caso de nuevas elecciones no parece ser tan sólida como antes y probablemente este “tic tac” esté siendo ensordecedor para muchos de sus diputados electos, sobre todo si acaban siendo interpretados por la ciudadanía como “culpables” de la convocatoria de nuevas elecciones.

Por su parte Sánchez y Rivera han dado un paso arriesgado acordando un programa de gobierno sin haber recabado los apoyos suficientes. Arriesgado aunque comprensible ya que ambos se juegan mucho en caso de nuevas elecciones. Sánchez tendrá que revalidar su liderazgo del PSOE (y su futuro político en general) en próximo congreso nacional y la formación naranja probablemente empeoraría sus resultados, sobre todo tras un acuerdo con el PSOE que les puede salir caro.

La más reciente cara del colectivismo patrio está empezando, como era de esperar, a ver los resultados de su discurso “atrapalotodo” intentando agrupar el voto socialista, conservador y (por qué no) el liberal, en un partido construido de forma apresurada. Al menos, a diferencia de Sánchez o Iglesias, Rivera no parece tener competencia interna en una formación cuyo escaso histórico de gobierno se distingue por su seguidismo y estómago generoso, más preocupado por el control de presupuestos y la ocupación de puestos de poder que por unos valores ideológicos claros, con la única excepción del nacionalista, lamentablemente común en toda la cámara.

Todo esto ocurre mientras la cara de Rajoy (se empieza a sospechar que en realidad está hecha de mármol) sigue inexpresiva mirando su sillón, estoicamente ignorando los casos de corrupción flagrantes del PP y su descomposición ideológica mientras espera que, esta vez sí, el miedo al totalitarismo de Podemos le vuelva a beneficiar en la repetición de elecciones y así poder seguir aferrado al mando del hiperestado. Un hiperestado que sale ciertamente fortalecido tras la legislatura popular, con el establecimiento de unos impuestos confiscatorios vergonzosos y un férreo control mediático y social y que se muestra, como siempre, como el gran beneficiado de la crisis económica.

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Acerca del autor: Daniel Martínez

Ingeniero informático. Autónomo y emprendedor. Secretario General del Partido Libertario (P-LIB) y Vicepresidente de la International Alliance of Libertarian Parties (IALP).

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