Opinión

El PP en su laberinto primario

Juan Pina
Juan Pina
Juan Pina trabaja como directivo en el sector privado. Preside la Unión de Contribuyentes y es Secretario General de la Fundación para el Avance de la Libertad. Es autor del libro “Una política para la Libertad” (2014) así como de dos novelas publicadas en 2007 y 2011.

Este jueves se celebra la primera vuelta del extraño proceso de designación del nuevo presidente del Partido Popular. Extraño porque ni es congresual ni son unas primarias. Por cierto que está muy mal empleada la expresión “primarias”, pues esos comicios sirven para elegir candidato, no cargos orgánicos. En cualquier caso, lo que está haciendo el PP deprisa, corriendo y sin la menor idea de cómo gestionarlo, no es un proceso democrático de designación de su dirección. No lo es por tres motivos. Primero, porque, en lugar de presentarse ante la militancia una lista corta de candidatos, tras superar éstos los criterios y avales precisos o incluso una preselección por parte de los notables, se está haciendo justo lo contrario: primero la militancia escoge entre varios, quedan dos y serán los patricios colocados por el aparato quienes escojan a uno de ellos en el congreso. El mundo al revés.

El segundo motivo por el que no es democrático el procedimiento es porque quien finalmente resulte ungido podrá designar a su conveniencia la ejecutiva. Es decir, el PP sigue sin habilitar una elección abierta, secreta e imprevisible del máximo órgano ejecutivo cotidiano, y ese es en realidad el meollo del asunto. En los países que nos dan unas cuantas vueltas en esto de la democracia interna, para no hablar de la otra, lo normal es que las bases escojan una ejecutiva plural que las represente a ellas y no al presidente de turno. Así se garantiza que todas las sensibilidades estén presentes en la conducción ordinaria de la formación política. Pero en España, hasta donde sé, sólo el P-LIB elige a los miembros de su comité ejecutivo de esa manera. Me dicen personas próximas al PP que no pasa nada: el ganador del jueves podrá “integrar” a los demás. Esto ya es el colmo. No se trata de que el ganador, graciosamente, rescate a ciertos oponentes y a sus equipos, según le parezca, sino de que el presidente tenga que tragar con miembros incómodos del órgano ejecutivo durante su mandato, puestos ahí por una parte de la militancia. Y sin esto tan elemental, no se puede hablar de democracia interna sino de un partido top-down, que es lo que siempre ha sido el PP. Ahora, Génova no sabe siquiera gestionar las mínimas apariencias que requeriría presentarse como un partido con democracia interna. Además, ¿para qué demonios se hacen estas extrañas “primarias” si lo único en lo que parece coincidir todo el PP es precisamente en la necesidad de esa “integración”, y no paran de producirse llamamientos en ese sentido a quienes pasen el corte de este jueves? Lo que pasa es que hay mucho sueldo o negocio en juego, y mucha gente que se ve al borde del paro tras décadas de carrera en el PP. Pero en un partido normal, lo sensato es que los distinto candidatos expresen distintas visiones y programas, y que gane uno y, naturalmente, pierdan otros. No se trata de unas meras “oposiciones a presidente”, como desearían las hordas de abogados del Estado que pueblan ese curioso partido.

Y por último, el procedimiento no es democrático porque ni siquiera está claro el cuerpo electoral. Es increíble que precisamente una de las candidatas sea la secretaria general, es decir, la persona a quien la ley y el sentido común obligan a llevar un censo de miembros actualizado. Si los tan cacareados ochocientos y pico mil son realmente afiliados, ¿por qué y con qué derecho se les obliga a una extraña inscripción previa para poder votar? Podría en todo caso recordárseles su obligación de ponerse al corriente de pago para ejercer ese derecho, pero nada más. Y si por el contrario, como parece ser el caso, no hay más que unos setenta o setenta y cinco mil afiliados “vivos” (es decir, los que cobran sueldo u ostentan cargo local, y poco más), entonces, ¿no habría sido más ético y legal “limpiar” la base de datos antes de abrir el proceso electoral? Algo huele a podrido en Génova 13, y de no ser por la obediente condición de los peperos, esto ya habría sido motivo de impugnación judicial del procedimiento, a manos de cualquier ciudadano inscrito en el PP hace décadas y a quien no se le haya advertido de su exclusión por impago.

En definitiva, el PP continúa sumido en un laberinto primario que intenta hacer pasar por sofisticada democracia interna. No hay tal. Hay solamente la encarnizada pelea de las dos vetustas apparatchiks y la insolente carrera de un joven que se cree el Pedro Sánchez de su partido pero habla más como un cruce de Albert Rivera y Santi Abascal; y que intenta crear en torno a sí mismo una épica anti-aparato que tampoco podemos creerle a quien ha desempeñado determinadas funciones.

La única medicina aplicable al Partido Popular es ya la medicina forense, y bien harían los afiliados reales de ese partido en repensarlo de arriba abajo, en cambiar de nombre y de siglas e iniciar desde cero una formación nueva. Eso sí, con un marco jurídico interno realmente basado en el derecho de los integrantes, y circunscrito, como en Europa, a una sola de las importantes pero encontradas corrientes ideológicas que el PP lleva décadas intentando sin éxito maridar a la fuerza.

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Juan Pina trabaja como directivo en el sector privado. Preside la Unión de Contribuyentes y es Secretario General de la Fundación para el Avance de la Libertad. Es autor del libro “Una política para la Libertad” (2014) así como de dos novelas publicadas en 2007 y 2011.

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