Elecciones en Austria. Populismo y ultranacionalismo

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Austria ha abierto esta mañana a las 07:00 los colegios electorales para elegir al presidente entre seis candidatos de los que tres aparecen como favoritos para pasar a la segunda ronda dentro de cuatro semanas. Ninguno de los tres favoritos pertenece a uno de los grandes partidos en el Gobierno.

Unos 6,4 millones de austríacos mayores de 16 años están llamados a las urnas para elegir al que será el noveno jefe del Estado austríaco de la Segunda República, fundada en 1945. Si ninguno de los aspirantes logra la mayoría absoluta de los votos, algo difícil según las encuestas, los dos candidatos más votados concurrirán en una definitiva segunda vuelta el 22 de mayo.

Las elecciones presidenciales de Austria no sólo deciden quién ocupará los próximos seis años el cargo de jefe del Estado, sino que servirán también para evaluar la maltrecha popularidad de los dos grandes partidos tradicionales y el auge de los ultranacionalistas. Esta cita electoral es peculiar por varios motivos. Por un lado, concurren seis candidatos, el mayor número desde 1951. Además, ninguno de los dos partidos que han dominado la política desde 1945, el Popular y el Socialdemócrata, aparecen con opciones de poner a su candidato como jefe del Estado. Y el aspirante del ultranacionalista FPÖ podría pasar a la segunda ronda.

Tres candidatos a los que los sondeos dan más opciones de llegar a esa segunda vuelta.

Alexander Van der Bellen es un economista de 72 años y fue líder de Los Verdes entre 1997 y 2008. Aunque se presenta a las presidenciales como independiente, cuenta con el apoyo de su antiguo partido y es, para muchos, el candidato favorito de un centroizquierda austríacos que cada vez gira más hacia el populismo. Las encuestas lo sitúan como el aspirante más apoyado en la primera vuelta, con hasta el 25 % de los votos.

Le sigue Norbert Hofer, hasta ahora tercer presidente del Parlamento austríaco y candidato del ultranacionalista FPÖ. Los sondeos le otorgan el 24% de los votos. Su partido es euroescéptico, se opone a que Austria acoja a más refugiados y tiene, en general, posturas duras ante la inmigración. Las encuestas indican que en unas elecciones generales esta formación sería la más votada, con más del 30% de los apoyos. Por eso, en el cierre de campañaeste viernes, el FPÖ dijo que si ninguno de los candidatos de los partidos del Ejecutivo -Socialdemócrata y Popular- llega a la segunda ronda, debería interpretarse con una moción de confianza a la coalición de Gobierno y habría que convocar elecciones legislativas anticipadas.

La tercera candidata con opciones de ir a la segunda ronda es Irmgard Griss, antigua presidenta del Tribunal Supremo, de 69 años y la única mujer entre los presidenciables. Su falta de experiencia política y unas declaraciones ambiguas sobre que los nazis no mostraron desde el principio sólo “una cara mala” han sido criticadas en general y, en particular, por Van der Bellen, que la puso en el punto de mira en su acto de cierre de campaña. El veterano político sabe que en una segunda vuelta contra Hofer tendría asegurado el apoyo de votantes de derecha e izquierda que coinciden en no querer a un ultra ocupando la más alta institución del Estado.

Si no hay una gran sorpresa, los dos candidatos gubernamentales, el socialdemócrata Rudolf Hundstorfer, hasta este año ministro de Sanidad; y el conservador Andreas Khol, ex presidente del Parlamento, tendrían resultados muy pobres que les dejarían fuera de la segunda vuelta. El sexto candidato es el extravagante empresario Richard Lugner, quien podría obtener hasta un 3% de los votos.

De cumplirse los pronósticos, sería la primera vez desde 1945 que el cargo de presidente y comandante el jefe del Ejército no sería ocupado por un candidato respaldado por uno de los dos partidos hasta ahora mayoritarios en Austria. Esa situación podría tener consecuencias para la estabilidad de la “gran coalición”, la fórmula de Gobierno que ha imperado en Austria en los últimos y en la que las diferencias ideológicas entre socialdemócratas y populares suelen bloquear o ralentizar grandes proyectos y reformas de Estado.

Los refugiados en la campaña

La campaña electoral ha estado marcada por la ola migratoria, que ha traído a este país de 8,5 millones de habitantes a unos 100.000 refugiados, sobre todo de Siria, Afganistán e Irak. Todos los candidatos, con la excepción de Van der Bellen —él mismo es hijo de refugiados que huyeron de la Unión Soviética— han coincidido en la necesidad de poner límites a la inmigración. El más radical, como era de esperar, ha sido Hofer, que incluso ha criticado que el presidente saliente, Heinz Fischer, se hiciera fotos con refugiados en Viena.

Es muy preocupante que en la política austríaca también se represente el auge del populismo en Europa, que en el caso de Austria se refleja en los candidatos Alexander Van der Bellen y Norbert Hofer. Ésto a su vez destaca el peligro cada vez mayor que corren los derechos y las libertades de las personas en la Unión Europea, que si ya de por sí se encuentran fuertemente amenazadas por las últimas modificaciones y propuestas legislativas en el parlamento europeo, sólo hace falta para rematarlas el que las ideologías fuertemente intervencionistas y liberticidas suban al poder en los diferentes países miembros de la Unión.

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Elecciones en Austria. Populismo y ultranacionalismo
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