Los conservadores en España estarán de enhorabuena, ya que tanto el PP como el PNV han ganado sus particulares elecciones. El PP arrasando en Galicia y el PNV revalidando su mayoría en el País Vasco. No cabe ninguna duda de que en la izquierda pintan bastos y también espadas, o piolets según se mire, porque también la izquierda tiene su puntito de tradición, no se crean, y después de todo somos animales de costumbres, aunque algunos más animales que otros.

En Galicia la fragmentación de la izquierda, alimentada cuidadosamente desde la derecha primero con el BNG de Beiras y más recientemente con las (no tan) confluencias de Podemos, ha consolidado al PP en su tradicional feudo y plaza fuerte. El clientelismo y el pesebre subvencionado hacen el resto. Y es que oigan, el alma y dinero del PP, que vienen a ser lo mismo para esta forma de entender la política, es gallega por mucho que se empeñen ¿O no?. Y eso es mucho ser. Y por el otro lado apenas se vislumbra hueco en el corral entre tanto gallo, que no se ponen de acuerdo ni para cacarear al amanecer, y tras arrancarse las plumas a picotazos todavía se sorprenden de cómo han llegado tan bajo. Si ya lo decía un mando militar franquista, que un mando único gana una guerra y un mando colegiado pierde una guerra. Y el fenómeno lo clavó entonces y lo clava ahora.

Núñez Feijóo tiene ahora, si cabe, más poder que antes. Y tras el futuro descalabro de Rajoy, que recordemos que ha perdido tres millones de votos respecto a 2011, y al que el gobierno que presida no le durará mucho si el resto de los partidos en el Congreso son mínimamente inteligentes, Núñez Feijóo puede jugar un papel decisivo desde su baronía gallega ya con la sucesión en marcha. Al fin y al cabo en este momento es el “Susana Díaz” del PP… más o menos. Otra cosa es que le interese cruzar espadas con el clan de los Sorayos, con Cospedal, o incluso con Pablo Casado. Porque al fin y al cabo, seamos sinceros, él ya vive muy bien en Galicia. Los gallegos no tanto. Pero eso por lo visto es otra cuestión y no parece muy dispuesto a que la realidad le estropee la fiesta que pagamos todos los demás. Pero miren, dentro de poco se cumplirá el año desde que se alzaran las voces pidiendo la celebración del congreso del PP, y mientras Rajoy sigue deshojando a Pedro Sánchez, con la entusiasta colaboración de éste y de Miquel Iceta, está la cosa pendiente del PNV y de la investidura, que ya parece ser una cosa mística. La Investidura. Así, con “i” mayúscula. A este paso veo a los fanboys del PP paseando a Rajoy bajo palio al Congreso como lo consiga. Pero a lo que iba. Que podemos ver sorpresas en un congreso del PP, por una vez, porque conviene no olvidar que el triunfo de Rajoy está siendo propiciado más por los deméritos ajenos que por los méritos propios, y eso lo saben todos. Ahora sólo hace falta que lo admitan y hagan algo, porque Pedro Sánchez no es el único que se juega mucho en estos momentos.

En el caso del PNV la situación es muy diferente. El PNV ha conseguido un triple triunfo. El primero el triunfo propio, revalidando la mayoría. El segundo el triunfo en campo ajeno, reduciendo al PSE-EE a un estado lamentable con una dirección lamentable, al mismo plano que el PP solo que sin ser alternativa de gobierno en Madrid. Y esto, amigo, marca la diferencia y el tercer triunfo de los conservadores vascos, que ahora pueden sacarle los ojos, las muelas, y lo que haga falta a Mariano, que con su sonrisa y nuestros bolsillos, está dispuesto a pagar lo que se tercie con tal de seguir asentando sus posaderas y el Marca en la Moncloa. Chapeau por los vascos, que llamándole política cuando quieren decir negocios, nada personal y exactamente como el resto, van a conseguir lo que se propongan. Si juegan bien sus cartas van a sacar solomillo a precio de pechuga, y lo fío caro, un gobierno débil de Rajoy, y nuevas elecciones en cuanto el PSOE haga los deberes en casa. Y sin que Iñaki Anasagasti se despeine. Nada mal. Que poner de nuevo el pelo del bueno de Iñaki en su sitio tiene miga y no es plan.

Con este panorama asistiremos ahora a los consabidos “donde dije digo, digo Diego”, y un quítame allá esos principios que tengo estos que son mejores, oiga, y le regalo una toalla. Todo muy baratito que pagan otros. Se sorprenderán de lo rápido que destiñen las líneas rojas y se difuminan. No hay problema. El problema para ellos sería quedarse fuera del juego. Y por supuesto el problema real para el resto de las personas es empeñarse en seguir votando a unos partidos políticos que demuestran continuamente que su concepto de la política está más cerca de los Corleone, pero sin su sentido del honor, que de los ciudadanos. Les contaré un secreto. La roca, por mucho que se estrellen contra ella con su vehículo, no se moverá jamás. Es mejor dejarla a un lado.

Israel AlonsoAcerca del autor: Israel Alonso

Librepensador. Libertario. Uso la imaginación como argamasa de los sueños sobre los planos de la realidad para así construir un mundo mejor. Me metí en política activa porque este desastre sólo se cambia de una manera. Sé que juntos podemos cambiar las cosas.

 

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