Escasez crítica de medicamentos en Venezuela

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“Se te mueren los pacientes porque no hay con qué tratarlos” afirma desesperada la doctora Edilia Carrascosa. Durante el mismo turno en el Hospital Universitario de Caracas, a la doctora Carrascosa le robaron su coche, se le murió un paciente por falta de suministros y fue amenazada por la familia de éste porque, supuestamente, “no hizo su trabajo”. Al día siguiente la internista renunció al que se considera el hospital más prestigioso de Venezuela, y ahora espera salir del país en busca de un futuro distinto. “Sobretodo alejada del chavismo, que tanta hambre, miseria y pobreza ha traído a Venezuela”.

Su caso puede ser extremo, pero no difiere mucho de lo que viven cientos de médicos en Venezuela, que deben realizar su trabajo en medio de la tensión política, social y económica en el país.

La Asamblea Nacional, que desde enero está en manos de la oposición, declaró una emergencia sanitaria, hace tres meses, con el objetivo de que el gobierno atienda la crisis hospitalaria y la escasez de medicamentos y suministros en general.

Escasez y mortalidad

La Federación Farmacéutica Venezolana denunció en abril que en el 85% de las farmacias no se encuentran los medicamentos básicos y que los hospitales del país tienen sólo el 5% de las medicinas y suministros necesarios para operar con normalidad. Cifras oficiales al respecto no hay, pero según la Memoria y Cuenta del Ministerio de Salud la mortalidad general aumentó en un 31% en el 2015, una cifra que para las asociaciones médicas es “un escándalo”. El gobierno de Nicolás Maduro, sin embargo, dice que la crisis en salud ha sido exagerada por grupos de oposición dentro del sector médico y defiende su política en la materia, que instaló cientos de centros ambulatorios por todo el país atendidos por médicos cubanos.

El sueldo “no alcanza”

Para resumir las condiciones en las que trabajaba, el doctor Antonio José Hernández, internista del Hospital Universitario de Caracas, dice: “No tienes buen sueldo, no tienes seguridad y se te mueren los pacientes porque no hay con qué tratarlos. Esta es la realidad.”

En promedio, un médico de postgrado, residente, gana en Venezuela unos 13.518 bolívares al mes, más nocturnidad y guardias, mientras que un médico interno y uno rural ganan en la actualidad 13.079 bolívares. Esto quiere decir que un médico residente gana unos 2.140 dólares dependiendo de la tasa de cambio y un médico interno gana unos 1.580 dólares, cantidades que no están mal para la media de los salarios en Venezuela -1.100 Bs- pero que en todo caso no alcanza para la cesta básica familiar mensual que, según el centro de estudios independiente Cendas, es de 177.000 bolívares al mes.

El doctor Hernández cuenta que su salario le alcanza exclusivamente para desplazarse por la ciudad: el alquiler y la alimentación los pagan sus padres. En el Universitario varios médicos confirman que, en contra de lo que estipula el reglamento de las especializaciones, tienen un segundo o tercer trabajo en una clínica privada para ajustar las cuentas. Es decir: después de una guardia de 24 horas en un hospital público se van a trabajar un turno de 8 horas más en otro trabajo, sea relacionado con la medicina u otro sector.

Hay otros doctores, en especial los que apenas terminan el pregrado, que no tienen tiempo para un segundo trabajo, así que se las arreglan para alimentarse con la comida destinada a los pacientes y desplazarse con quienes tienen vehículo propio, entre otras cosas. Pero a falta de dinero para sus gastos personales, no es raro ver que los doctores del hospital hagan una colecta para comprar un medicamento o un suministro que le falta a un paciente.

“Yo no me metí a médica para ser rica, pero con este sueldo no puedo aspirar a tener un carro, una vivienda, así que deje de dormir para trabajar en otra parte“, dice el doctor Hernández. Por eso, el internista está esperando a terminar su especialización para irse a República Dominica, donde desea homologar su título.

Según el Colegio de Médicos, más de 8.000 médicos se han ido de Venezuela y la mitad de los que se gradúan no ejercen o emigran.

Inseguridad dentro del hospital

Porque además del sueldo, los doctores también han protestado en todo el país por la inseguridad. En el Universitario de Caracas, que está entre los dos o tres hospitales más importantes del país, se produjeron dos tiroteos en el último año en el área de emergencias. Los automóviles de varios médicos han sido desvalijados o robados en el estacionamiento al frente del hospital, según el personal. Y en el séptimo piso del edificio, que es una zona fuera de servicio desde que se construyó el hospital, los doctores creen que hay una banda dedicada al robo, por lo que recomiendan no bajar ni subir por las escaleras.

Y como no podía ser de otra forma en un país fuertemente controlado por el régimen chavista, a todo eso los médicos suman un problema de politización. “Si nosotros nos quejamos, dicen que es porque somos de la oposición”, declara Gherson Casanova, que es presidente de la Sociedad de Médicos Residentes del Hospital. “Pero eso es sólo una excusa para no reconocer que el hospital está mal“, asegura.

“Con las manos atadas”

Pero si bien la inseguridad, los bajos sueldos y la politización complican la labor de estos médicos venezolanos, ellos dicen que nada les perjudica más su día a día que la escasez de medicamentos y suministros. En el momento de elaborar este artículo, en el Universitario no había soluciones, ni material para suturas, ni reservas de sangre para transfusiones. Incluso la mayoría de los gorros que que se usan para entrar a los quirófanos son en realidad un forro para zapatos. Es la triste realidad de un país colapsado por el fracaso del régimen socialista, en el que los doctores deben llevar sus propios ordenadores personales si no quieren escribir una historia clínica a mano, y de no tener teléfonos móviles tampoco podrían comunicarse con sus colegas en los otros pisos ni sacar fotos a las radiografías, porque no hay papel ni impresoras.

“Estamos con las manos atadas” dice frustrada la doctora Ofelia Herrera, que trabaja en el área de cirugías. “Somos incapaces de tratar convenientemente a los pacientes por la falta de suministros“, se queja, para poner el ejemplo de los enfermos de diabetes, que al no haber soluciones fisiológicas son tratados con soluciones glucosadas e insulina, una maniobra que si bien detiene una crisis, tiene consecuencias graves a largo plazo para la vista, la tensión y el corazón, entre otros.

“No tenían por qué fallecer”

La doctora Edilia Carrascosa cuenta que ha llegado a sentarse a llorar por la impotencia de no poder sanar a pacientes que, dice, “no tenían por qué fallecer“. Y recuerda la ocasión en que estuvo 18 horas buscándole suministros y antibióticos por todo el hospital a un paciente que tenía una infección, hasta que murió. También evoca el día en que, a falta de ventiladores mecánicos, un paciente con un paro respiratorio debió ser ventilado manualmente durante 24 horas por varios doctores hasta que las manos se les encalambraron y el paciente murió.

Los médicos del Universitario han recibido charlas de psiquiatras para enfrentar el impacto emocional que implica la situación actual. “Muchos hemos entrado en un estado de depresión“, confirman tanto Carrascosa como Hernández. “No queremos ir al hospital porque va a llegar un paciente y yo no voy a tener con qué atenderlo” declara la doctora Carrascosa. “La gente se muere en tu cara y tú debes ir a decirle a la familia que su pariente murió porque no había con qué tratarlo“, se lamenta Hernández. Y concluye “Es un sentimiento de impotencia”.

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