Opinión

Fe púbica

Juan Pina
Juan Pina
Juan Pina trabaja como directivo en el sector privado. Preside la Unión de Contribuyentes y es Secretario General de la Fundación para el Avance de la Libertad. Es autor del libro “Una política para la Libertad” (2014) así como de dos novelas publicadas en 2007 y 2011.

Un conocido mío de las redes sociales, páleonoséqué, hipertradicionalista y alt-righter… vamos, uno de esos que sólo anhelan de la evolución tecnológica una máquina del tiempo para volver atrás varios siglos, me reta a que publique en El Herald Post su artículo sobre la nueva norma de consentimiento sexual. “A que no hay huevos de publicármelo en ese periódico de libertarios, amorales y gentes de mal vivir”, me espeta tras aclararme que desea permanecer en el anonimato. Pues con el permiso del director, aquí va el artículo:

“Hay decisiones políticas que marcan un antes y un después en el devenir histórico de las naciones. Hay leyes, o, como en este caso, reformas valientes y señeras del Código Penal, que  contribuyen a la sabia ingeniería social sin la que, pobres de nosotros, apenas seríamos un amorfo conjunto de individuos sin alma colectiva. Con el paso de las décadas y mediante esa noble y esforzada labor de artesano, el grandioso Estado, cima de la civilización humana, va dando forma a la sociedad y la hace así cada día un poco mejor: más dócil y menos refractaria a las ocurrencias de los padres de la patria, que irán cambiando en cada etapa política al calor de su color, pero que siempre coadyuvarán al bien común, al interés general y a todo el conjunto de entelequias improbables pero bellas en las que basamos la concordia. Destaca entre las antedichas decisiones políticas y reformas legislativas, la recién anunciada —cabe preguntarse si en firme o como inteligente globo-sonda— de exigir consentimiento expreso, previo, inequívoco, irrevocado y fehaciente de una de las partes (sólo una, la femenina) en toda relación sexual con uno o más varones.

Y digo que destaca esta medida porque sin duda constituye un paso de gigante en la necesaria ocupación estatal de un ámbito, el del sexo, donde apenas había presencia del Estado. Y no puede ser que queden bolsas de interacción humana no intermediadas por el Estado. Esas burbujas de anarquía, propias de pueblos primitivos y bárbaros, no han de tener cabida en una sociedad debidamente planificada y gestionada por sus mejores élites, y deben ser aplanadas sin contemplaciones en interés de todos. Queda mucho aún, desafortunadamente, para que llegue el momento cumbre en que el Estado hará realidad el brave new world del preclaro Aldous Huxley. Pero ese mundo feliz, donde el sexo está perfectamente regulado y dirigido por la Autoridad —un mundo anunciado ya por Zamyatin u Orwell— va quedando un poquito más cerca gracias al Partido Socialista Obrero Español.

No ha de quejarse la derecha, al menos la parte más sanamente colectivista de la misma, pues con esta medida el PSOE reducirá el número total de coitos, sobre todo fuera del sacramento del matrimonio, contribuyendo así a la derrota estatal del pecado. Es de ver cómo los socialistas de izquierdas y los socialistas de derechas, entre bambalinas de la comedia que escenifican para el populacho, se entienden de maravilla a la hora de recortar las infectas libertades —libertinajes, en realidad— que la minoritaria escoria hippy liberal y libertaria se obstina en defender. Así, el PSOE se ha convertido en un gran aliado de Hazte Oír en su cruzada contra la compraventa de servicios sexuales entre adultos, o contra la gestación subrogada. Dos estéticas aparentemente enfrentadas para un mismo objetivo a largo plazo: la preservación de la moral correcta y su imposición estatal.

Sí, es un día grande para todos y en especial para los notarios, pues verán ampliado su negocio para dar fe pública… qué digo pública, ¡fe púbica!, de los consentimientos legalmente exigidos. Eso sí, que lo hagan los notarios, y si es posible presencialmente, para así levantar acta no sólo del consentimiento inicial sino también de su no revocación durante el encuentro sexual, ya sea ésta total, parcial o zonal. El Derecho es el maravilloso arte de complicarlo todo, y la alambicada proliferación de sus infinitas e inabarcables ramificaciones dará sin duda mucho juego a nuestro notariado. Variarán las tasas y aranceles colegiales al consignarse en acta un simple consentimiento general o por tiempo determinado, para todos los orificios o para parte de ellos, entre dos o entre más, con látex de por medio o a pelo, y así hasta doblar el Aranzadi.

Circulan ya por las redes diversos formularios de consentimiento, algunos chuscos y malhablados, otros auténticas obras de arte de la prosa jurídica, pero todos ellos quedarán en papel mojado sin la presencia salvífica del representante máximo de la Autoridad, el fedatario púbico. Es de tal magnitud este cambio que cabría constituir incluso un cuerpo notarial aparte para la fe púbica, especializando a toda una nueva cohorte de notarios-voyeurs para que comprendan y consignen cabalmente si el consentimiento persiste, si el gemido escuchado es de placer o significa “apártate, heteropatriarca, que estoy revocando lo consentido”. Podrá también asistirles el VAR ese que han montado para el campeonato mundial de fútbol, ya que donde no llega el ojo humano, ni siquiera el de un alto representante del Estado, bien puede llegar la tecnología.

Ahora bien, existe también un peligro informático que amenaza el éxito de tan excelsa medida. Es la odiosa tecnología blockchain que podría sustituir al notario humano a la hora de dar fe púbica de la voluntariedad coital. Y sería injustísimo: ¿para eso tantos miles de horas preparando oposiciones y estudiando Derecho y porno hasta subir dioptrías? Porque, claro, si se utiliza blockchain para que el consentimiento lo atestigüen y adveren millones de internautas… entonces, Dios no lo quiera, sobra el fedatario púbico. Es de esperar que el Estado reaccione e intervenga todos los servidores y todas las comunicaciones de todos sus súbditos, en evitación de males mayores. Pero, en fin, peligros y amenazas jalonan siempre el camino del Estado hacia el control total de las personas, y no por ello se ha detenido jamás. Ahora que el objetivo está cada vez más cercano, someter incluso la actividad sexual es sin duda un acierto de los socialistas españoles que influirá positivamente en el planeta entero, ya lo verán ustedes”.

Bueno, pues yo creo que lo que sin duda veremos todos los lectores de El Herald Post es cómo el moralismo liberticida “de izquierda” y el “de derecha” confluyen hasta confundirse. Y mientras, la Libertad cada día más acosada por el Poder.

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Juan Pina
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Juan Pina trabaja como directivo en el sector privado. Preside la Unión de Contribuyentes y es Secretario General de la Fundación para el Avance de la Libertad. Es autor del libro “Una política para la Libertad” (2014) así como de dos novelas publicadas en 2007 y 2011.
Una respuesta
  1. JUAN ANTONIO  Responder

    ¿Pero este tío es de este planeta?. ¿De verdad hay gente así?. Para éste Hitler era un moderado, y Stalin también. ¡ Dios mío¡ Manda huevos, como dijo aquél.

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