Con la que está cayendo, entre amenazas y atentados, refugiados que no lo son, violaciones de los derechos humanos, violaciones de señoras y señoritas y otras variadas cuestiones que saltan a los titulares y que tienen que ver con las migraciones, forzosas en muchos casos, hay muchas voces, con mucha más repercusión que la mía y seguramente más versadas y cultas,  ofreciendo diversas teorías. Analizando y proponiendo soluciones. Dando puntos de vista. Debatiendo sobre si debemos o no cerrar las fronteras. O cómo debemos hacerlo.

Algunos libertarios –con o sin carné, allá cada cual– han defendido y defienden que las fronteras deben estar controladas. Es común que siempre que se defiende este control desde el libertarismo, se pone de manifiesto que la intervención fronteriza evitaría, entre otros problemas, el uso de lo público por el inmigrante. El que viene puede usar calles y otros servicios, empezando por el uso de la propia frontera para el acceso, con cargo al residente. Obviamente la cuestión de la seguridad ciudadana, como queda patente en el primer párrafo, siempre sobrevuela en estos tiempos cualquier discusión sobre países y fronteras.

El planteamiento así entendido parte de una incongruencia. Si es inadmisible para el libertario es la existencia de “lo público” o al menos de gran parte de ello y se admite sin embargo que el Estado puede abrir o cerrar fronteras, puede controlarlas, se admite entonces su legitimidad para hacerlo, y por lo tanto se acepta lo público como legítimo y al Estado como su propietario. Más allá de la Defensa, la Seguridad o la Justicia, y quizá alguna cosa más, y de las instalaciones para gestionar dichos campos no parece que deba ningún Estado poseer nada, a los ojos de un libertario.

Así planteado no se trata pues del control migratorio, si no del problema de un Estado que controla demasiadas parcelas, la migratoria entre ellas. Que tiene propiedades. Y que las gestiona a su satisfacción. Demasiadas veces los libertarios pecamos de confundir el mundo en el que vivimos con las soluciones que proponemos nosotros y analizamos las cosas bajo un prisma libertario mientras vivimos en un mundo de base estatista. Si vives en Ancapia, debes aplicar los principios libertarios para obtener los modelos que rigen la convivencia. Si partes de supuestos más o menos estatistas, como son los principios sobre los que se asienta el mundo de hoy, debes aplicar un análisis adecuado, y por tanto estatista. No obstante si de lo que estás hablando es de transición de menos a más Libertad, se trata de un planteamiento de cuestiones operativas. Hay, desde mi punto de vista, tres formas de analizar cualquier convivencia, como acabo de plantear.

Si los análisis se realizan sobre una base pero con los esquemas de la base contraria estamos haciendo un pan como unas hostias. Y eso es lo que pasa con el cierre de fronteras defendido por libertarios. Se aplican principios libertarios, el de la propiedad, sobre un punto de partida estatista, como es la realidad actual. El análisis falla necesariamente.

Mi planteamiento es claro. Se trata de minimizar el Estado del Bienestar, subsidiador y paternalista. Seguir el principio de la Libertad, sin más. Ahora, vivimos donde vivimos, en el pesebre y en el subsidio. Mientras esto exista, hay que tener un cierto control sobre la emigración, pero de lo que se trata es de ir desmontando el mencionado paternalismo y eliminando las subvenciones, de forma que se minimice la posibilidad de que nadie que venga lo haga por razones distintas a las del trabajo. Mercado laboral flexible y cero subvenciones son la base de la solución que planteamos algunos.

En general, mis planteamientos prácticos siempre van en la misma dirección: lo mejor es abrir las opciones a la elección y que el mercado haga el resto. Lo malo de este caso es que no es una cuestión de mercado. Es cuánto y cómo se interviene. Y como se trata de intervenir, lo que hay que impulsar es la nula intervención. Es decir, minimizar el Estado. Con un Estado mínimo o nulo las fronteras serán una cuestión meramente descriptiva.

José Luis MontesinosAcerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

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Fronteras abiertas
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1 Comentario

  1. No creo que sea incongruente creer que una política migratoria limitada sea algo lícito, como estado intermedio en la migración entre un estado de tipo socialdemócrata y un sistema de estilo libertario. Se me antoja uno de esos casos donde el pragmatismo puro ofrece ventajas estratégicas sobre el idealismo.

    A los partidarios de las políticas libertarias no nos conviene que el país en el que nos encontramos se den grandes flujos migratorios procedentes de lugares con culturas predominantemente totalitarias, o con rasgos teocráticos. Esto es así porque tales personas tienen unas elevadas probabilidades de ser adversarios políticos de lo liberal incluso aunque los libertarios apoyen su derecho al libre movimiento migratorio. Importar enemigos no es una estrategia ganadora aunque se trate de la única estrategia ética.

    El hecho de que estos flujos migratorios succionen el dinero del contribuyente, en concepto de servicios estatales para los inmigrantes, no es más que otra triste consecuencia.

    En una zona geográfica donde los principios libertarios son fuertes, se pueden asumir movimientos migratorios del tipo que Europa está asumiendo, porque unos pocos inmigrantes no serían capaces de desequilibrar políticamente un lugar donde la mayoría de la población cree firmemente en sus principios, y porque no existiría una forma sencilla para ellos de absorber los impuestos del contribuyente. España no es un lugar de estas características.

    No obstante, creo que, en la práctica, las políticas de control de fronteras tienen una efectividad limitada, lo que convierte el debate en poco más que una discusión ociosa.

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