La primera reunión del equipo gestor tendrá lugar hoy lunes a las 12 de la mañana. Los miembros, presididos por el asturiano Javier Fernández, se encargarán de las funciones ejecutivas del partido hasta celebrar el Congreso Federal extraordinario.

La gestora que se encarga ahora del PSOE tras la dimisión de Pedro Sánchez deberá hacer frente a varios retos a partir de ahora. El paso más inmediato es fijar la hoja de ruta a seguir hasta que se celebre un congreso extraordinario, del que previsiblemente saldrá el nuevo líder del partido. Después, habrá que establecer la nueva dirección del PSOE en el Congreso y en el Senado y tratar de frenar la sangría interna entre sus miembros.

La gestora no podrá, sin embargo, fijar una postura ante una posible investidura de Rajoy, puesto que esta es competencia del Comité Federal, que previsiblemente se celebrará en la segunda quincena de octubre para decidir si el PSOE se abstiene, si no, e incluso si se propone intentar la formación de un Gobierno alternativo, una posibilidad que se ve cada vez más mermada tras los últimos acontecimientos.

Sin embargo, este domingo algunos miembros fuertes del partido, incluyendo algunos pertenecientes a la propia gestora, han defendido mantener el “no” a Rajoy e incluso buscar opciones para llegar a un gobierno progresista, como es el caso del balear Francesc Antich.

A la cabeza de la gestora, el presidente asturiano Javier Fernández no ha defendido de forma expresa la abstención a Rajoy, si bien el pasado viernes aseguró que las únicas opciones son que gobierne el PP al ser la lista más votada o ir a unas terceras elecciones. Esta postura sí está en sintonía con la de otros dirigentes territoriales, como la andaluza Susana Díaz, para quien al PSOE no le queda otro remedio que estar en la oposición con 85 escaños.

Inclinarse por la abstención puede provocar nuevas convulsiones internas que agraven el delicado estado de salud del PSOE, ante la amenaza de algunos diputados de que se mantendrán firmes a sus convicciones y a votar no a Rajoy.

Ante lo sucedido en los últimos días tras la rebelión de los críticos y el agitado Comité Federal del sábado, a la gestora le va a corresponder tratar de calmar el partido. Para ello, se ha optado por un perfil discreto de sus componentes, incluido el del propio Fernández, no muy dado a prodigarse en declaraciones a los medios, con la excepción del andaluz Mario Jiménez, portavoz del PSOE en el Parlamento autonómico.

Entre las primeras decisiones que se espera que tome la gestora es la reordenación de las direcciones de los grupos parlamentarios. El portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, y en el Senado, Óscar López, han sido leales a Sánchez hasta el final y firmes partidarios del no a Rajoy, por lo que se da por hecho su relevo. En el Congreso, todas las miradas apuntan a Eduardo Madina para que asuma la portavocía. Madina aseguró el pasado viernes que trabajará para que los diputados socialistas sigan unidos y aislarles de los problemas orgánicos con el fin de que el grupo “se comporte como una unidad” en su estrategia y en las votaciones.

Por el momento, Sánchez ha dimitido de secretario general, pero sigue en su escaño, si bien cederá el cargo de presidente del grupo parlamentario. Entre quienes podrían optar a este puesto está el diputado sevillano y exsecretario de Política Federal, Antonio Pradas, quien llevó a Ferraz el pasado miércoles las firmas de los miembros críticos de la Ejecutiva que dimitieron.

También se esperan cambios en el Parlamento Europeo, donde Elena Valenciano podría volver a ser la portavoz después de que en septiembre de 2014, cuando Sánchez llegó a la secretaría general, fuera desplazada del cargo por Iratxe García.

Otro de los retos que tiene pendiente la gestora es tratar de normalizar la relación con las federaciones, divididas en dos por el enfrentamiento entre Sánchez y los barones críticos. Fernández cuenta con el aval de ser un referente moral del partido, aunque su inclinación por el bloque de los detractores del exlíder del PSOE ha provocado distanciamiento con otros dirigentes territoriales.

No menor será el reto de recomponer la relación y de restaurar la confianza entre los militantes, que también se han partido por la mitad por el debate entre el no a Rajoy o apostar por otra estrategia.

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