Quiero compartir con ustedes mi indignación y enfado por las subidas de impuestos decretadas por el gobierno de Rajoy.

La primera medida que ha tomado el nuevo gobierno, tras dos elecciones, mucho baile político, y un año sin gobierno, ha sido una subida de impuestos por valor de 7.500 millones de euros; además de limitar los pagos en efectivo a 1000€, y el aumento del salario mínimo.

Lo primero que hay que decir es que esta subida de impuestos es lo contrario de lo que se prometió en campaña electoral; y lo que es peor, lo contrario de lo que la base social que vota al PP le pide como partido. En España no hay ni un solo partido que defienda a los pagadores de impuestos (salvo el Partido Libertario @partidolibertad). Quizá esto es lo más grave, pues muestra que en el debate público en España todos los representantes en el parlamento están de acuerdo con los aumentos de impuestos y por tanto los ciudadanos estamos indefensos ante la voracidad del Estado y sus políticos. Y la falta de indignación, coordinación y acción política de todos los perjudicados con estas medidas indican que podrán venir medidas similares, pues no parecen tener coste político o “popular” a quienes reiteradamente las perpetran faltando a sus promesas electorales y fallando a su base electoral. Muchos repetimos ahora: SIN GOBIERNO VIVÍAMOS MEJOR.

También quiero rechazar es el discurso paternalista que adorna los impuestos que se aumentan, como el impuesto al tabaco, a las bebidas azucaradas, o los impuestos medioambientales. Esto es sumar ofensa al atraco. La hipocresía de “aumentamos los impuestos, pero es por tu bien” es la lógica más nefasta que podríamos aceptar. Por orden: El Estado no tiene potestad para protegernos de nosotros mismos si queremos fumar, beber alcohol o hacer con nuestras vidas lo que deseemos. Además, la evidencia contrastada de los otros lugares donde se han aumentado los impuestos a las bebidas azucaradas son contrarios a tomar estas medidas, no sé si son ignorantes o hipócritas, pero podrían haber hecho una mínima búsqueda en Google scholar antes de decir a la ciudadanía que el impuesto a las bebidas azucaradas reduce la obesidad pues eso, simplemente, no es verdad.

Como defensor de la dolarización, de una moneda fuerte, y mi rechazo profundo a las políticas monetarias que siempre son empobrecedoras y perversas, cada vez me doy más cuenta de que LA DEFENSA DEL EFECTIVO ES LA DEFENSA DE LA LIBERTAD. Los gobiernos han declarado una “guerra al efectivo” con la excusa de la evasión de impuestos, sea en España, Ecuador, la India o Noruega. La realidad es que los límites de pago en efectivo tienen como objetivo el control estatal de todas nuestras acciones (el efectivo no es rastreable, cualquier transacción en dinero digital sí), y fomentar la mayor efectividad de las políticas monetarias (el mayor uso de efectivo hacen que las políticas monetarias sean menos efectivas por tiempos y consecuencias).

Pero lo que realmente me indigna es que todo el sufrimiento que ha atravesado la sociedad española en esta larga, dura, y profunda crisis en la que llevamos inmersos desde el año 2008 parece no haber servido para nada, pues pareciera que nada hemos aprendido. Estamos saliendo de la crisis sin abordar las reformas estructurales que la economía española tan desesperadamente necesita (una reforma laboral profunda, una reducción de impuestos, una reforma educativa, la reforma de las pensiones…) y lo que es más importante: una redefinición de la estructura estatal (seguimos en la intestina discusión de qué es España), y una reducción del tamaño del Estado.

Toda la sociedad española ha sufrido mucho con esta crisis, los que han perdido su trabajo, sus proyectos de vida, quienes se han visto en la necesidad, quienes hemos emigrado… pero de tanto dolor no hemos sacado enseñanzas, volvemos a cometer los mismos errores, aumentar el tamaño del Estado, aumentar el salario mínimo (lo que generará más paro aún), aumentar los impuestos a las empresas (lo que las hará menos competitivas), y seguir confiando en un estado paternalista que nos indique qué podemos beber, fumar, o consumir.

Es triste, muy triste, comprobar cómo en lugar de hacer reformas para ser más competitivos y evitar la siguiente crisis, ahondamos en los mismos errores que nos llevaron a la crisis que vivimos.

¡OH POBRE ESPAÑA! ¿Cuándo aprenderás de tu propia historia?


Luis Espinosa GodedAcerca del autor: Luis Espinosa Goded

Profesor de economía en la Universidad San Francisco de Quito. Liberal. Muy liberal. Madrileño, del atleti y del P-LIB.

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Indignación y enfado
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