La cultura de la subvención

Con la llegada de la primavera, y por tanto del buen tiempo, comienzan también a florecer en las agendas culturales de nuestras ciudades una importante batería de festivales musicales, ferias multiculturales, jornadas en exaltación del plato típico de la zona, mercados medievales, árabes, celtas…y por supuesto, comienza la temporada taurina, que este año debido a la entrada en los gobiernos municipales y regionales de partidos que anteriormente no tenían representación, y que llevan en su ideario la abolición de este tipo de festejos, avivan un debate que ya de por sí estaba muy presente en nuestra sociedad. La subvención anual municipal a la empresa taurina de turno, que normalmente se hubiera aprobado con relativa facilidad, este año ha centrado los debates plenarios del día, y ha llenado páginas en los diarios locales y regionales. Llegando en algunos municipios a peligrar la celebración de los festejos debido a la oposición de alguno de los partidos de la coalición de gobierno local.

No me considero taurino, pero tampoco estoy en contra de estos festejos siempre que no suponga un gasto para el bolsillo de aquel que no lo disfruta, es decir, del contribuyente que no es aficionado a los toros. Pero tras este debate subyace otro mucho más profundo, y que muchas veces en el acalorado enfrentamiento entre anti taurinos y los amantes de la Fiesta no se tiene en cuenta, y es el de la politización de la cultura mediante las subvenciones.

La cultura es un intercambio entre el creador de la misma y el receptor de la obra, que está dispuesto a abonar al artista aquello que solicite por su creación, la entrada de la subvención corrompe este intercambio, pues castiga a aquellos que, bien por no cumplir los requisitos o por desconocimiento, no pueden acceder a ella y, lo que es aún más peligroso, puede crear artistas o promotores culturales más preocupados de cazar subvenciones que en crear productos que resulten atractivos al consumidor final de esa obra. El interés de estos “cazadores de subvenciones” además puede no solo encaminarse a cubrir estos requisitos, sino también a cumplir con determinados idearios del partido en el poder, que es el que otorga dichas subvenciones.

Por tanto, debido a las subvenciones, los partidos políticos tienen mucho poder en decidir qué tipo de cultura será consumida por sus futuros votantes y de esta manera pueden elegir dotar de mayores recursos económicos a determinadas manifestaciones culturales, solo por el peso específico de los votos de aquellas personas que consumen esa cultura, en detrimento del valor cultural objetivo de esta. Con el consecuente perjuicio que esto acarrea a la riqueza cultural del país, dejando atrás a muchos artistas que no consiguen acceder al circuito oficial.

La cultura es un pilar fundamental en el desarrollo de cualquier Estado o comunidad, y por esto no debemos permitir que se manipule su difusión, debe ser decisión de cada persona el contenido que desea consumir, y es el deber de todos nosotros garantizar la máxima diversidad cultural. Además, desde el punto de vista meramente económico, como casi toda subvención, consigue el efecto contrario al que persigue, se produce un trasvase de fondos públicos que siempre perjudica a los colectivos más desfavorecidos de la sociedad, que son los únicos a los que deberían destinarse ayudas públicas


David SalazarAcerca del autor: David Salazar

Administrador y asesor de empresas, especializado en gestión de crisis. Apasionado de la política y la economía. Debemos luchar cada dia por la libertad. Colaboro con Ciudadanos y puedes ver mis opiniones personales en: @davidsalazar83

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