La España que conozco

¿Cómo se puede hablar de la España que conozco, cuando siento que son tantas? Conozco la España imperial, la socialdemócrata, la ibérica, la dictatorial, la constitucional, la de ‘Asturias es España, y el resto tierra conquistada’ (mi favorita) y así un sinfín de ellas. Todas, en realidad, parte de lo mismo, pero piezas distintas y autónomas, tantas Españas como personas en ella viven. Los católicos, los ateos, los feministas, los comunistas, los independentistas y un infinito número de grupos tienen infinitas visiones de cómo debe ser España y cómo se rompe o permanece. Todas, puede, partes de una, grande y libre, o puede ser otra cosa.

Me parece una discusión sobre quién te entrega el pasaporte. Lo que es lo mismo: quién es tu dueño. Y esta discusión se suele acotar al ámbito geográfico, jamás al ámbito de las ideas. Es decir, que aunque ideológicamente esté más próximo un madrileño de un alemán, compartirán dueño aquellos que más cerca estén. Un Gran Hermano muy grande, y todos hemos visto por TV lo que es eso, y quienes lo componen.

Es una verdad histórica relevante que nuestros dueños actuales han pasado por un sinfín de vicisitudes. Por ello, les gusta comentarlas, y me gusta saberlas. En realidad, no tengo ningún problema en que el espacio geográfico en el que vivo se llame España, y que en el futuro ese nombre pueda volver a albergar grandes extensiones. No perderé la vida por ello, aviso.

Pero tengo un problema con eso de estar sometido a las mismas leyes que aquellos que no piensan como yo. La primera, que reniego de este concepto de que un ser humano necesite un dueño, de que se le otorgue o no un permiso de viaje. Por tanto, no estoy de acuerdo con la constitución española. Puede que por esto pierda la vida, aún sin pretenderlo.

Estoy convencido de que nacer en determinado espacio confiere determinadas características, y en ellas reconozco a muchos de los que me rodean. Los hábitos y los rasgos me proporcionan familiaridad y sensación de hogar, reconozco unas raíces.

Pero eso no quiere decir que le permita a mis vecinos decidir sobre mis propiedades, o les de derechos sobre mi, superiores a los que yo mismo no tengo. Tampoco quiero mantener a aquellos que no me caen bien, o aquellos con los que no comulgo ideológicamente (aunque me caigan bien). No quiero dar dinero a proyectos en los que no creo. Ni quiero obligar a nadie a hacerlo. Ni quiero obligar a nadie a no hacerlo, si así se siente bien. Pero quiero reservarme el derecho a participar de sus decisiones.

Por tanto, ya me surgen dos Españas desde las cuales podemos empezar a convivir: la España geográfica y la España legal. Con la geográfica, me siento muy a gusto. Con la legal, muy a disgusto.

Quiero renunciar a ser parte de ella, sin que por ello se me niegue la realidad de que soy un ser humano, libre. Esa sería la España que me gustaría conocer: una España de panarquía. Entonces, sin duda sería libre, y probablemente se haría más grande, sin batallar.

Gerónimo Perea


Acerca del autor: Gerónimo Perea

Soy gestor de patrimonio inmobiliario. Autónomo. Emprendedor. Multidisciplinar. Lo más importante, mi familia. Página personal

 

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