Parece que uno de los miedos más expresados a la convivencia en un sistema libertario es la seguridad personal. La ausencia de un sistema penal con una presencia represora monopolista, como la policía, crea la falsa apariencia de vulnerabilidad.

Si bien es el ideal la ausencia de la extorsión coercitiva, no podemos presuponer que todo viene gratis, o que nada es proporcionado. En un sistema libertario seguimos teniendo hospitales colectivos, fuerzas de seguridad colectivas o sistemas penales colectivos, pero no son obligados: existirá una oferta de servicios para estos productos. Habrá gente que prescinda de ellos, por supuesto. En esos casos, estoy convencido, se ejercerá presión social para tener respaldo de esos servicios.

Esta es una idea muy simple, que nadie puede poner en duda. Quizás ocurre que parece que jamás hemos tenido la oportunidad de ver o comprobar la viabilidad de un sistema así, hay un debate sobre esto muy interesante entre Juan Ramón Rallo y Miguel Anxo Bastos.

Eso ocurre porque no nos detenemos ante los ejemplos. Uno de los más importantes tribunales colectivos de gestión privada y jurisdicción voluntaria es el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Todos los clubes deportivos se someten a sus reglas, y algunos otros. Su funcionamiento es perfectamente copiable. Cuando se amenaza de no hacer caso al TAS, los distintos organismos deportivos se ponen de acuerdo de no admitir al rebelde, provocando una situación similar al destierro. Si esos tribunales fallaran constantemente de manera inapropiada o injusta, los rebeldes acabarían montando otra organización. Lo que viene a ser irse a vivir a otro barrio.

Ante la libertad de fuero, la responsabilidad de la vigilancia. La defensa individual constante es costosa y, para algunos, molesta. En muchas urbanizaciones vemos sistemas de seguridad privada patrullando y teniendo un control de accesos. De la misma manera tienen un censo de la zona. ¿Acaso en un mundo libre no se exigirán fuertes requisitos para poder acceder a determinadas zonas? No debemos pasar de largo ante una evidencia: la ausencia de fronteras estatales no es la ausencia de controles.

Es lógico que empresas de seguros y de seguridad compitan por ofrecer jurisdicción, y comprometan al asegurado a cierta pérdida de intimidad: entrega de huellas, documentación, ADN u otros…y acaso sea esta una de las mayores medidas disuasorias del delito. Una buena coordinación entre servicios de seguridad proporcionará una red de prevención e investigación del delito rápida y eficiente. Probablemente casi pasando inadvertidos, gracias a la tecnología actual. Pero eso no significará que debamos nuestra obligación de tener armas, puesto que nadie garantiza que esos servicios no se vuelvan violentos.

Para los sectores de ropa, alimentación y medicina hay demasiados ejemplos como para dedicarles media línea: Zara, Mercadona, VitalDent, grupo Quirón, IVI…sin salir de España. La pregunta es ¿Quién o quiénes serán los primeros en dar el paso hacia la rebelión agorista? El mundo es, en realidad, una anarquía. Tan sólo hay un grupo de humanos que se han puesto de acuerdo en mantener una ciudadanía reprimida, y tenemos que hacer que deje de funcionar.

Gerónimo Perea

 

Acerca del autor: Gerónimo Perea

Soy gestor de patrimonio inmobiliario. Autónomo. Emprendedor. Multidisciplinar. Lo más importante, mi familia. Página personal

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