La Semana Santa

[vc_row][vc_column width=”2/3″][vc_column_text]

En los próximos días dará comienzo una de las fiestas más esperadas en nuestro país: la semana santa. Es un buen momento para detenernos a reflexionar sobre lo que significa apoyarla intelectualmente y considerar si tal cosa es o no deseable para el liberalismo.

En primer lugar, debemos recordar que toda celebración se apoya en un relato. Y todo relato, a su vez, se construye a partir de los valores que se destilan de una filosofía más o menos explícita sobre la vida. Esto es: todo relato aporta una visión sobre la existencia (metafísica) y sugiere una propuesta para la acción (ética). Por eso le propongo responder a dos preguntas: primero, ¿qué clase de filosofía hay detrás de la semana santa? y segundo, ¿son sus valores de fondo coherentes con el pensamiento liberal?

A la primera cuestión es fácil responder. De hecho, la semana santa no comenzó como una fiesta genuinamente religiosa. Más bien fue el resultado, por parte de la Iglesia Católica, de la usurpación de los rituales paganos realizados durante el equinocio de primavera, que comenzaban, por costumbre, con la primera luna llena de la nueva estación. En Roma, por ejemplo, se celebraba una serie de rituales en honor a Cibeles, la diosa de la fertilidad. Y tal cosa no era por azar. Su filosofía era clara: celebrar la vida y la prosperidad de las cosechas. Constituía, por tanto, una defensa moral de los valores terrenales, del trabajo y de la producción.

Friedrich Nietzsche

No se puede decir lo mismo de la festividad cristiana que ocupó su lugar por evidentes motivos políticos. Esta fiesta conmemora la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús. Es decir, representa de forma clara aquello que Nietzsche definió como moral de esclavos y que Ayn Rand denominó como moral de sacrificio. El relato que se representa en las procesiones narra el sacrifico del gran hombre (el ser humano superior), cuya muerte perdona las faltas de los mediocres, de los pecadores y de todos los miserables de la tierra. Su imperativo moral es contundente: los mejores deben ceder su vida a los caprichos de la masa y a los intereses y deseos de los peores. Esto es todo lo que la semana santa espera que usted acepte: una metafísica de la impotencia. Es decir: la idea rectora de que el ser humano es un ser despreciable que no puede ser soberano de sí mismo (independiente y libre) y feliz en la tierra. Con razón, el gran Nietzsche señaló, muy acertadamente, que el socialismo fue la secularización más lograda de la moral cristiana: a la vista está que no le faltaba razón. Pues, detrás de toda filosofía que niegue la mente del hombre, se esconde la pretensión de su dominación, se esconden los valores suicidas del altruismo: la negación de la vida.

Dicho lo cual, la segunda cuestión planteada debe ser respondida rotundamente. Sobra decir que un liberal nunca prohibiría la semana santa, pero si ese liberal es coherente con su filosofía (que es aquella que define todo modelo capitalista) tampoco la defendería ni intelectual ni moralmente, sino más bien lo opuesto: militaría activamente contra ella y propondría un retorno a los antiguos y clásicos valores paganos, más coherentes con los valores del capitalismo.

[/vc_column_text][vc_separator color=”custom” border_width=”2″ accent_color=”#c4bd00″][vc_column_text]
Adrián RodríguezAcerca del autor: Adrián Rodríguez

Adrián Rodríguez López es doctorando en Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Estudió el Máster de Filosofía Teórica y Práctica en la misma universidad. Se especializó en Historía de la Filosofía y Pensamiento Contemporáneo. Su interés filosófico se centra en el estudio del lenguaje político y en el pensamiento liberal. Es un amante apasionado de la lógica formal y de las obras de Ayn Rand. Actualmente vive en Madrid.

Blog: Ágora Liberal [/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-default”][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][td_block_11 custom_title=”Más de Adrián Rodríguez” header_color=”#d6c700″ category_id=”33″ limit=”2″ ajax_pagination=”next_prev”][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][vc_raw_html]JTNDYSUyMGNsYXNzJTNEJTIydHdpdHRlci10aW1lbGluZSUyMiUyMGhyZWYlM0QlMjJodHRwcyUzQSUyRiUyRnR3aXR0ZXIuY29tJTJGRWxIZXJhbGRQb3N0JTIyJTIwZGF0YS13aWRnZXQtaWQlM0QlMjI3MTA4Nzg4NzcyMjk0NDUxMjElMjIlM0VUd2VldHMlMjBwb3IlMjBlbCUyMCU0MEVsSGVyYWxkUG9zdC4lM0MlMkZhJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTIxZnVuY3Rpb24lMjhkJTJDcyUyQ2lkJTI5JTdCdmFyJTIwanMlMkNmanMlM0RkLmdldEVsZW1lbnRzQnlUYWdOYW1lJTI4cyUyOSU1QjAlNUQlMkNwJTNEJTJGJTVFaHR0cCUzQSUyRi50ZXN0JTI4ZC5sb2NhdGlvbiUyOSUzRiUyN2h0dHAlMjclM0ElMjdodHRwcyUyNyUzQmlmJTI4JTIxZC5nZXRFbGVtZW50QnlJZCUyOGlkJTI5JTI5JTdCanMlM0RkLmNyZWF0ZUVsZW1lbnQlMjhzJTI5JTNCanMuaWQlM0RpZCUzQmpzLnNyYyUzRHAlMkIlMjIlM0ElMkYlMkZwbGF0Zm9ybS50d2l0dGVyLmNvbSUyRndpZGdldHMuanMlMjIlM0JmanMucGFyZW50Tm9kZS5pbnNlcnRCZWZvcmUlMjhqcyUyQ2ZqcyUyOSUzQiU3RCU3RCUyOGRvY3VtZW50JTJDJTIyc2NyaXB0JTIyJTJDJTIydHdpdHRlci13anMlMjIlMjklM0IlM0MlMkZzY3JpcHQlM0U=[/vc_raw_html][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][vc_raw_html]JTNDaWZyYW1lJTIwd2lkdGglM0QlMjI1NjAlMjIlMjBoZWlnaHQlM0QlMjIzMTUlMjIlMjBzcmMlM0QlMjJodHRwcyUzQSUyRiUyRnd3dy55b3V0dWJlLmNvbSUyRmVtYmVkJTJGUVhvSjh3RU84aG8lMjIlMjBmcmFtZWJvcmRlciUzRCUyMjAlMjIlMjBhbGxvd2Z1bGxzY3JlZW4lM0UlM0MlMkZpZnJhbWUlM0U=[/vc_raw_html][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][vc_raw_html]JTNDaWZyYW1lJTIwd2lkdGglM0QlMjI1NjAlMjIlMjBoZWlnaHQlM0QlMjIzMTUlMjIlMjBzcmMlM0QlMjJodHRwcyUzQSUyRiUyRnd3dy55b3V0dWJlLmNvbSUyRmVtYmVkJTJGem91NHdRaDBkS1UlMjIlMjBmcmFtZWJvcmRlciUzRCUyMjAlMjIlMjBhbGxvd2Z1bGxzY3JlZW4lM0UlM0MlMkZpZnJhbWUlM0U=[/vc_raw_html][/vc_column][/vc_row]

La Semana Santa
Valora este artículo

Deja un comentario