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Hace unos días, la todopoderosa vicepresidenta de la Generalitat Valenciana, la liberticida Mónica Oltra, anunciaba una de las medidas estrella del gobierno tripartito PSOE-Compromís-Podemos para la Comunitat Valenciana: la introducción de una nueva tasa turística para aumentar la recaudación y, según ellos, “combatir el fraude fiscal”. Dicen los gurús económicos del gobierno valenciano que conseguirán 30 millones de euros más al año con esta tasa al turismo, pero ¿qué tiene esto de cierto? ¿Es una medida acertada, u otra pantomima del tripartito de izquierdas como lo fue el cierre de centros comerciales los domingos, causando centenares de desempleos?

En primer lugar, cabe destacar que es un hecho que subir los impuestos o añadir nuevos no permite aumentar la recaudación. No hace falta ser un Nobel en Economía para saberlo, basta con echar un vistazo a lo que expone la curva de Laffer: cuando los impuestos son elevados (como es el caso de España, por ejemplo) y se desea aumentar la recaudación, las medidas a seguir no deben basarse en aumentarlos, sino en bajarlos o eliminar parte de ellos. ¿Cómo es eso? ¿Que aumentar el tamaño de la bolsa con la que te roba el Estado no asegura que esa bolsa se vaya a llenar? En efecto, aunque nuestros gobernantes se nieguen a mirar más allá de sus narices y su arrogancia.

Los impuestos elevados, que suponen una reducción importante de la capacidad económica del trabajador y, por ende, de su nivel adquisitivo, resultan tener un efecto disuasorio a la hora de trabajar o, al menos, de trabajar cotizando. La gente, por lo general, preferirá no trabajar o trabajar “en negro”, es decir, sin que el dinero resultante del trabajo le conste al fisco. Así, lo que ocurrirá es que la recaudación disminuirá por el hecho de que haya menos gente trabajando, al menos a los ojos del Estado. En cambio, una reducción de estos impuestos actúa a modo de incentivo, puesto que la gente verá una cantidad menor de su salario arrebatado por las garras de la Hacienda pertinente y, por ende, se animará más a trabajar o, al menos, a declarar parte de sus ingresos.

El segundo elemento a tener en cuenta en todo este asunto es la ignorancia descarada que muestra el gobierno valenciano diciendo que se recaudarán 30 millones de euros más al año. Claro, para que eso sea así hay que asumir que el turismo en la Comunitat va a mantenerse completamente estable a pesar de la tasa turística. Introducir un coste añadido al turista, lejos de no tener efecto alguno sobre él, supone un impedimento (más) a la hora de elegir destino. Seamos racionales, y pensemos: ¿dónde iríamos antes, a una parte de la costa en la que el “único” coste es el hotel y lo que nos gastemos durante nuestra estancia, o a otra en la que, además de todo eso, tenemos que pagar una tasa turística? La respuesta es clara. Ni el turismo se mantendrá estable ni, por supuesto, se conseguirán 30 millones más al año. Hay que ser, como mínimo, un poco ingenuo para pensar que todo seguirá igual.

Por último, cabe pararse a pensar en lo que supone, como tal, la imposición de una tasa turística. Se trata, ni más ni menos, de un impuesto más. Un impuesto por el simple hecho de ser un ciudadano que ha decidido visitar un lugar concreto, invirtiendo en los negocios allí establecidos y contribuyendo a la creación de riqueza por parte de los mismos, que se traduce en empleo, salarios y, en definitiva, bienestar para todos. Pero, por supuesto, seríamos demasiado inocentes si siquiera pudiésemos imaginar que la Administración podía quedarse observando este bello espectáculo del mercado sin meter la mano de por medio y llevarse un trozo del pastel, lo cual es, al fin y al cabo, su única razón de ser: el expolio indiscriminado.

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Acerca del autor: Carlos Navarro

Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Valencia. Miembro de las Nuevas Generaciones del PP. Co-fundador de Ágora Libertaria y miembro de ESFL Valencia. Blog personal 

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La torpe tasa turística
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