Opinión

La verdad y la posverdad

Miguel Rives
Miguel Rives
Poco que decir, pensionista, casado, dos hijos, hincha del RCD. Español. Muy, pero que muy catalán y consecuentemente muy, pero que muy español. Me encanta leer, la buena comida y el baloncesto. No soy cocinillas, pero me interesa mucho la cocina.

Creo que todos o casi todos estamos hartos de escuchar aquello tan viejo de que “En este mundo traidor nada es verdad o mentira, todo es del color del cristal con que se mira”. Por tanto, nuestra sociedad sabe y acepta desde siempre que la verdad, lo que se dice la verdad, en esta España de nuestros pecados, se vende a precio de baratillo.

Últimamente – hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad – se ha ido imponiendo la utilización de un concepto novedoso, me refiero a eso tan socorrido de la posverdad. Supongo que les suena, sobre todo si son aficionados a las tertulias políticas o a leer los comentarios de las redes sociales. Para que nos entendamos, que tampoco eso es tan sencillo como parece, vamos a concretar qué diablos es eso de la posverdad. Dicen los que afirman saber de estas cosas que el término se refiere a toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público. Creo que la definición nos deja claro qué es eso de la posverdad; que conste que no es del DRAE, a la Real Academia de la Lengua no le ha dado tiempo todavía para incluir el invento en su diccionario; pero sirve sin duda para que sepamos de qué estamos hablando.

Y hablamos simple y llanamente de la manipulación de la verdad. Decía y supongo que todavía lo dice mi admirado Ruiz Zafón que “Un buen mentiroso sabe que la mentira más efectiva es siempre una verdad a la que se le ha sustraído una pieza clave”, deleznable costumbre absolutamente aceptada por muchísimos ciudadanos. Los políticos de todos los colores, los medios de comunicación y las redes sociales nos venden la posverdad como si de verdad se tratara y así nos luce el pelo.

¿Ejemplos? Pues los tenemos a puñados. Muchos de ustedes saben porque así se lo han contado los medios de comunicación, los representantes del PSOE, Podemos y C,s y las redes sociales que el gobierno de Rajoy y los fascistas del PP han gobernado ignorando a las familias y beneficiando descaradamente a las empresas.  La realidad, la verdad, es muy distinta; en España las rentas de las familias han crecido 40.000 millones desde 2014, frente a los 20.000 millones de empresas y sector público, así que son falsas de toda falsedad las afirmaciones en contrario.

Otro ejemplo, todos nosotros hemos escuchado hasta la saciedad que Rajoy no creaba empleo y cuando los de siempre ya no pudieron sostener semejante afirmación, quitaron valor a la creación de empleo del gobierno popular, clamando que el empleo que se creaba era precario y/o de poca calidad. Otra verdad aceptada mansamente por todos o casi todos; sin embargo las cifras dicen cosa muy distinta. En el pasado mes de mayo teníamos prácticamente el mismo número de asalariados que en 2006, la única diferencia es que en este año el numero de contratos fijos era de un millón más que en el año anteriormente citado.

Creo que los dos ejemplos dejan bien claro qué es la posverdad, tampoco es que la progresía haya inventado nada nuevo, el ingenio zurdo no da para tanto, lo de la posverdad no es otra cosa que aquello de las medias verdades de toda la vida de Dios.

Y alguno podrá decir, oiga usted dice que nos engañan, pero ¿cómo saber si una cosa es cierta? Aunque como decía mi señora madre, consejos ni los pedidos, por una vez haré una excepción. Modestamente utilizo un procedimiento que me va muy bien. De manera habitual cuando las palabras contradicen a los hechos me quedo con los hechos, con esto y aquello de que por sus hechos los conoceréis, me arreglo bastante bien.

Sobre la Verdad, poco o nada puedo decir. Me cuentan fuentes generalmente informadas que continúa ingresada en la UVI en coma profundo, con las constantes vitales muy debilitadas a cuenta de los ataques recibidos desde las redes sociales, el partidismo, el populismo y la demagogia y que ignoran si se recuperará o no y que lamentan comunicar que el diagnóstico no puede ser otra cosa que muy pesimista.

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Miguel Rives
Miguel Rives
Poco que decir, pensionista, casado, dos hijos, hincha del RCD. Español. Muy, pero que muy catalán y consecuentemente muy, pero que muy español. Me encanta leer, la buena comida y el baloncesto. No soy cocinillas, pero me interesa mucho la cocina.

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