Las armas de la ideología totalitaria

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Es imposible concebir plenamente las ideologías estatistas de la actualidad sin entender antes el sistema filosófico hegeliano (Phänomenologie des Geistes, 1807). No podremos ocuparnos de semejante tarea en este breve artículo, pero podremos ofrecer algunas claves de lectura. Tal como defendió (muy acertadamente), el pensador A. Zimmer: “[el pensamiento hegeliano es] el arsenal de armas [que nutre por completo, todos] los movimientos totalitarios”. Estudiar, detenidamente y a conciencia, la filosofía del pensador alemán, es la tarea esencial que todo pensador liberal necesita para deconstruir esa perversa ideología.

El lenguaje, en manos de pensadores relativistas, deja de funcionar como un medio de comunicación para convertirse en una navaja que acuchilla, de forma despiadada, la conciencia de la humanidad. De otra manera: el uso criminal, bajo, dialéctico y no virtuoso del lenguaje, es profundamente dañino para la facultad conceptual del hombre. Corrompe las democracias y las sociedades libres. Inocula en ellas el perverso ideal de retornar, contra la Razón, a estados primitivos de la humanidad. El relativismo epistemológico es la base ideológica de las sociedades místico-militares.

Las armas totalitarias de la filosofía de Hegel (la noción de espíritu social encarnado en el Estado, el tribalismo político, la teoría del amo y el esclavo, la interpretación dialéctica de la Historia y la necesidad heroica de la guerra) son las bases estructurales que dan forma a todos los relatos totalitarios que han existido y que existirán en la historia.

A continuación desarrollaremos, uno por uno, los ejes retóricos de esta peligrosa estructura narrativa:

1. Nacionalismo. Se trata de un concepto que expresa la idea histórica que legitima, políticamente hablando, la encarnación de cierto Espíritu superior (conciencia o identidad social) en un Estado fuerte y absolutamente representativo de ese sentir popular – de esa emoción colectiva. La Sangre, la Raza, la Descendencia, los Ancestros, así como sus diversas manifestaciones y representantes, definirán la base de cierto signo identitario, de cierta ficción de pertenencia. La Nación, incluso, puede ser también elegida o bien por Dios -una entidad superior y espiritual- o bien por la materialidad dialéctica de la Historia. No obstante, el fin de toda Nación es siempre uno y el mismo: dominar al resto de Naciones y afirmar su identidad.

2. Campo de conflicto permanente. Así define el pensamiento totalitario el escenario geo-político y la política exterior: el Estado propio es siempre el enemigo natural del resto de Estados extranjeros. La existencia de otro Estado, Nación, Raza, Casta o Linaje, amenaza siempre la integridad de lo propio. Para el pensamiento totalitario, no se concibe la existencia del otro sin la amenaza de lo propio. Esta es la base retórica del tribalismo político. Una Nación de carácter tribal reafirma su identidad mediante la guerra permanente con el extraño y el extranjero.

3. La historia es el juez de los Estados. Para el pensamiento totalitario, no existe ningún criterio moral capaz de juzgar, de forma objetiva, el fin perseguido por cada uno de los Estados. Menos aún, que duda cabe, puede hacerlo un derecho natural, inherente a los hombres mismos. Nada en una Nación es aceptado como obligación moral o de derecho. El colectivo no rinde cuentas a ningún individuo: el pensamiento crítico es siempre síntoma de traición. Para el pensamiento totalitario es, o bien la Historia o bien Dios, los únicos capaces de juzgar. Sus veredictos serán siempre dobles: o bien la gloria total o bien la aniquilación total (Patria o muerte). La razón de esto es evidente: la unidad colectiva, mantenida íntegra y pura, es la unidad mínima de todo éxito político; no obstante, la descomposición, la escisión o la separación, es la unidad mínima de todo fracaso político. Por eso no se puede permitir la discrepancia moral. No puede haber lugar alguno para los potenciales críticos. La mentira y la deformación de la verdad (mediante la propaganda) se vuelve así la necesidad vital de todo Estado totalitario.

4. Retórica de guerra. Esta retórica representa la acción colectiva misma que está a la base de todo sistema político. No obstante, en el pensamiento totalitario, ocupa una centralidad discursiva fundamental y determinante en muchos sentidos. El discurso es siempre el mismo: las Naciones jóvenes contra las Naciones antiguas. La lucha de lo nuevo, contra lo viejo. La necesidad del progreso, contra el atraso y la prudencia. La guerra (armada e intelectual) del pensamiento totalitario necesita, a toda costa, definir el destino triunfal de toda Nación, su fama. Acabar con su humillante y traumático pasado. En fin: conquistar un heroísmo patriótico.

5. Ideal de vida heroico. El pensamiento totalitario es una preparación para la guerra: prepara para el conflicto permanente. La tribu necesita, entonces, su bestia rubia, necesita su animal de rapiña. Por eso es capital, para toda esta retórica bélica, la construcción de un estilo de vida superior capaz de humillar, por su nobleza y casta, al despreciable comerciante, al burgués, al hombre libre. Tal cosa es fundamental para la sociedad místico-militar. Necesita ensalzar falsamente la vulgar mediocridad de la plebe, la virtud innoble del populacho, el pensamiento mágico de la masa irracional y estúpida. El ideal de vida heroico es una transmutación de los verdaderos valores vitales del ser humano y una defensa ciega de valores falsos y nihilistas.

6. El gran hombre. Todo relato totalitario necesita una personalidad histórico-universal, un personaje mesiánico: un salvador de la tribu. El hombre de conocimientos y grandes pasiones, el superhombre. El semi-dios, el conductor del pueblo a través de desierto de la Historia que está destinado a ofrecerles el Mana y la Gloria eterna. El mesías está llamado a ser el redentor de los pecados de su pueblo. El mesías esta llamado a ser el jefe de la horda que devorará el pasado trágico de su Nación, del mismo modo en que el dios Cronos devoró los cuerpos de todos sus hijos: sin piedad, sin memoria y sin recuerdo. El tiempo del pensamiento totalitario es el tiempo que avanza sin la memoria del pasado. Se debe pues, defender un gran destino para el pueblo: el fin de la Historiael momento en que la lucha cesa, el momento en que lo propio triunfa sobre lo diferente: el juicio final, el nirvana.

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Adrián RodríguezAcerca del autor: Adrián Rodríguez

Adrián Rodríguez López es doctorando en Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Estudió el Máster de Filosofía Teórica y Práctica en la misma universidad. Se especializó en Historía de la Filosofía y Pensamiento Contemporáneo. Su interés filosófico se centra en el estudio del lenguaje político y en el pensamiento liberal. Es un amante apasionado de la lógica formal y de las obras de Ayn Rand. Actualmente vive en Madrid.

Blog: Ágora Liberal [/vc_column_text][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][/vc_column][vc_column width=”1/3″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-default”][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”Adrián Rodríguez” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-3395″ category_id=”33″ limit=”2″ ajax_pagination=”next_prev”][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”ÚLTIMAS NOTICIAS” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-3395″ limit=”3″ ajax_pagination=”next_prev”][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”2/3″][/vc_column][vc_column width=”1/3″][/vc_column][/vc_row]

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