Legalidad vs Justicia

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¿Qué es más importante: lo legal, o lo justo? En esta columna, vamos a determinar cuál es la respuesta que, en teoría, todo liberal-libertario debería elegir, y el por qué de esta.

En primer lugar, debemos determinar qué es lo legal. O, mejor dicho, la ley. Una ley es una regla o norma establecida por una autoridad superior para regular, de acuerdo con la justicia, algún aspecto de las relaciones sociales. Es decir, la ley es una cuestión de poder, entendiendo el poder como la supuesta legitimidad que se autoconfiere una autoridad, bien sea por conquista o elección por sufragio. De este modo, la autoridad concreta determinará lo que es legal y lo que no, de acuerdo al criterio que esta misma siga, basado, o no, en la justicia.

¿Cómo se legitima a sí misma una autoridad y aplica un marco legal que se supone inviolable por parte de los individuos residentes en el territorio sobre el que este es efectivo? Por medio del monopolio de la violencia, claro. Una autoridad, llámese Estado, solo puede mantener un marco legal inviolable aplicando la violencia por medio sistema penal que castigue a todo aquel que no cumple con la legalidad vigente.

Esto, en principio, no debería suponer un problema mayor. Podemos asumir que, para convivir en sociedad, se debe aplicar un marco legal que asegure esta convivencia y que permita que todos los individuos puedan vivir su vida y desarrollar sus proyectos personales sin la interferencia del resto. Y, claro, no sería un problema si se cumpliese. Lo que pasa es que esto no siempre ocurre.

Y, ¿qué es la justicia? Es un concepto difícil de definir, y que puede variar dependiendo de la cultura y la civilización en la que nos fijemos. No obstante, podemos determinar que la justicia es la virtud de dar a cada cual lo que le corresponde. De acuerdo a este criterio, pasamos a considerar qué es lo justo desde un punto de vista liberal-libertario.

Para todo amante de la libertad, la idea de justicia debería recoger unos valores básicos, que son la libertad, la propiedad y la vida. Por tanto, lo que es justo vendría determinado por estos tres grandes ejes, junto a una concepción negativa de los derechos, entendiendo negativa como la no generación de obligaciones en el resto de individuos, más allá de la no injerencia en estos aspectos. Justo, pues, sería que la propiedad de un individuo no fuese violada por ningún otro, así como por ninguna “autoridad”; que su vida no se viese amenazada o quebrantada por nadie; y que sus libertades no fuesen coartadas por ninguna fuerza externa, más allá de su propio criterio (siguiendo, claro está, el principio de la delimitación de las libertades, por el cual tu libertad acaba donde empieza la de los demás).

Todo este popurrí de ideas se visualiza mejor poniendo un ejemplo. Imaginemos que el Estado español saca adelante una ley que permite la expropiación de la propiedad privada con el fin de saciar el “interés común” (sí, esa invención colectivista para justificar innumerables ataques a la libertad) de los españoles. Esto, sin duda, es legal: la autoridad vigente ha determinado que lo es, y su monopolio de la violencia asegurará que no sea discutible. Pero, ¿es justo? Si recapitulamos y tenemos en cuenta que la justicia es dar a cada cual lo que le corresponde, ¿podemos decir que al resto de españoles le corresponde apropiarse de, por ejemplo, su casa, querido lector? Obviamente, esto no es justo, y constituye una violación explícita e inaceptable de su libertad y derecho a la propiedad.

Por el contrario, y aceptando que exista un Estado que aplique un marco legal, podemos calificar como “justa” una ley que determina que la propiedad del individuo es inviolable, y que la violación de la misma será castigada por el Estado. Se aplica el monopolio de la violencia, sí, lo cual tampoco es deseable, pero se aplica en defensa de la justicia real, de la libertad y de los derechos individuales. Eso, queridos lectores, sí es aceptable.

Lo que no es aceptable, por el contrario, es que el primer ejemplo que he dado en esta columna sea uno de los principios que recoge nuestra Constitución. ¿A que parecía sacado de una película de terror? Pues consulten ustedes el Título VII, artículo 128.1 de la Carta Magna, que reza así: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”

Alucinante, ¿verdad? Ahora, reflexionen según lo leído, y piensen quién será el que determine qué es exactamente ese “interés general”…

En definitiva, queda más que claro qué es lo que un liberal-libertario debería responder cuando alguien le pregunte si es más favorable a la legalidad o a la justicia. Porque la ley es una mera cuestión de poder, y la justicia no entiende de gobiernos o autoridades autolegitimadas: se trata de defender la libertad.

“Tratamos al Estado con una indulgencia que jamás concederíamos al sector privado”

(Thomas Woods)

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Acerca del autor: Carlos Navarro

Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Valencia. Miembro de las Nuevas Generaciones del PP. Co-fundador de Ágora Libertaria y miembro de ESFL Valencia. Blog personal 

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Legalidad vs Justicia
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2 opiniones en “Legalidad vs Justicia”

  1. Considero que es más justo, como libertario, que cada quien defienda su propio hogar, o en su defecto, voluntariamente contratar un servicio que le dé esa seguridad, no aprobar conscientemente al Estado para este servicio, pues como has mencionado, se crea un monopolio de la violencia, sin embargo, aunque la cita con la que culminas el artículo es muy buena, aclararía mejor las cosas la siguiente:

    “Aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad.” Benjamín Franklin.

    Por lo tanto, tolerar al Estado porque brinde seguridad y derechos, sigue siendo un asunto inmoral. Saludos.

    1. Buenas tardes, Miguel Ángel. En primer lugar, gracias por tu comentario; me viene bien para hacer un par de aclaraciones.

      Siento no haberlo especificado en el artículo, sí es cierto que pueden malinterpretarse mis palabras y llevar a alguna confusión, como te ha ocurrido a ti. Por supuesto, tienes toda la razón. A lo que me refiero en la columna es a que lo que expongo sería lo medianamente “justo” suponiendo no poder librarnos del marco legal impuesto por el monopolio estatal a día de hoy. Es decir, asumiendo que, a corto plazo, esto sería casi imposible.

      Por descontado, mi opinión es totalmente igual a la que tú expones en este comentario: el monopolio estatal de la violencia debe acabarse, y el individuo debe ser el único que se preocupe de su propia seguridad, bien por medio de la autodefensa, bien mediante la contratación de un servicio privado de seguridad.

      De nuevo, gracias por comentar y darme la oportunidad de aclarar este pequeño vacío. Un saludo, espero que te guste.

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