Liberticidio educativo

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La educación es, y siempre ha sido, uno de los temas de obligada mención que todo político debe llevar en su agenda. Ya sea para reformarla a mejor o a peor, no hay dirigente que no trate este tema con mayor o menor profundidad. Se trata, en efecto, de algo crucial, de uno de los pilares de la formación del individuo, pero ¿es adecuado que sea un político quien decida acerca de algo tan importante para nosotros?

Hemos visto verdaderas desfachateces en lo que a política educativa se refiere. Tropecientas leyes disfuncionales que, con el objetivo de llevar a mínimos la tasa de abandono escolar, han conseguido precisamente lo contrario; intentos desesperados por llenar hasta los baños de las universidades de estudiantes para colgarse la medallita, provocando una masificación y sobrecarga excesiva de oferta con respecto a la demanda; supresión de la ya de por sí mermada libertad educativa existente en nuestro país con el establecimiento de distritos únicos o el cierre de aulas de educación concertada, como estamos viendo en Valencia; y un largo etcétera de desmanes políticos que, como suele ocurrir, no traen nada bueno.

Tal vez, tras todas estas lamentables experiencias, es hora de apartar la educación de las decisiones políticas y apostar por la libertad, que siempre es lo correcto. ¿Cómo es esto? Pues bien: desregulando totalmente el sector educativo. Dejando a los padres poder decidir a qué colegio llevan a sus hijos; dejando a los colegios decidir qué asignaturas dan o dejan de dar y a qué religiones se adhieren o cuáles rechazan; permitiendo que el profesorado vuelva a ser un campo de excelencia y virtudes pedagógicas, en vez de un recinto proteccionista y nada meritocrático que premia más las cuotas que los resultados; liberando a los estudiantes del yugo “memorístico” de la educación impuesta para que puedan probar nuevas formas de enseñanza más enfocadas a la práctica y a la creatividad; en definitiva, dejando de fabricar ladrillos que formarán parte en el futuro de un muro de estatismo y regulaciones, como dijo Pink Floyd.

Comprendo que para mucha gente resulte una locura todo esto de no legislar en materia educativa. Que resulte una locura que el Estado, un “benévolo e imparcial ente”, deje de meter la mano en nuestros libros de texto para decidir qué se enseña y qué no. Les diré una cosa, queridos lectores: el Estado no es ninguna especie de dios supremo que decide qué es lo mejor y lo peor para nosotros, sus súbditos. Es un organismo administrado por personas, o colectivos, con unos intereses tan concretos como los de cualquier individuo. Y esos intereses son, básicamente, formar a su gusto a las nuevas generaciones, para poder tenerlas bien sometidas a su criterio. Claro ejemplo de ello es el adoctrinamiento tributario que se realiza sobre nuestros pequeños: el Estado es bueno y los impuestos están para ayudar a la gente. No hace falta que les recuerde de qué vive el Estado y, por ende, las personas detrás de él.

Lo importante en todo este asunto es que reine la libertad, la capacidad de decisión y la autodeterminación del individuo. Que nuestros hijos puedan ir al colegio que creamos mejor para su desarrollo; al que, según nuestro punto de vista, ofrezca un mejor currículum académico; al que ofrezca una mejor relación calidad-precio; al que tenga profesores mejor formados; y un largo etcétera de consideraciones propias que, como no puede ser de otra forma, dejo a elección de cada uno de ustedes.

Lo digo y lo repito constantemente: podemos vivir sin que el Estado decida hasta qué tipo de azúcar le ponemos al café cada mañana. Podemos, debemos, y lo haremos. Pero esto es cosa de todos, no solo de que yo coja cada martes y saque una nueva columna diciendo lo arrogante que es el estatismo y lo sumisos que somos nosotros aceptando que regule todas y cada una de las cosas que hacemos en nuestro día a día. Empecemos asumiendo que no necesitamos que unos burócratas decidan qué leen nuestros hijos en sus libros de Ciencias Sociales, y acabaremos dándonos cuenta de que no necesitamos muchas más cosas.

[/vc_column_text][vc_separator color=”custom” border_width=”2″ accent_color=”#c4bd00″][vc_column_text]Carlos NavarroAcerca del autor: Carlos Navarro

Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Valencia. Miembro de las NNGG del PP y Vicesecretario de Acción Política de Unió d’Estudiants Valencians. Co-fundador de Ágora Libertaria y miembro de ESFL Valencia. Blog personal 

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-default”][td_block_11 custom_title=”Carlos Navarro” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-3651″ category_id=”34″ limit=”3″ ajax_pagination=”next_prev”][vc_raw_html]JTNDaWZyYW1lJTIwc3JjJTNEJTIyaHR0cCUzQSUyRiUyRnJjbS1ldS5hbWF6b24tYWRzeXN0ZW0uY29tJTJGZSUyRmNtJTNGdCUzRHRoZWhlcnBvcy0yMSUyNm8lM0QzMCUyNnAlM0QxMiUyNmwlM0R1cjElMjZjYXRlZ29yeSUzRGdlbmVyaWNvJTI2YmFubmVyJTNEMTU4RFowOVlYMzYzUDNCNDRBMDIlMjZmJTNEaWZyJTIyJTIwd2lkdGglM0QlMjIzMDAlMjIlMjBoZWlnaHQlM0QlMjIyNTAlMjIlMjBzY3JvbGxpbmclM0QlMjJubyUyMiUyMGJvcmRlciUzRCUyMjAlMjIlMjBtYXJnaW53aWR0aCUzRCUyMjAlMjIlMjBzdHlsZSUzRCUyMmJvcmRlciUzQW5vbmUlM0IlMjIlMjBmcmFtZWJvcmRlciUzRCUyMjAlMjIlM0UlM0MlMkZpZnJhbWUlM0UlMEE=[/vc_raw_html][/vc_column][/vc_row]

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