Los traidores de la filosofía liberal

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Es muy habitual, en los tiempos actuales, escuchar a las voces de los movimientos anti-conceptuales pregonar que los filósofos liberales —sobre todo los defensores de la escuela de Ayn Rand— traicionan a su propia audiencia. También se dice, en otro sentido, que dado que un filósofo siempre se debe a sus lectores, oyentes y seguidores, este debe ser ducho en la práctica de la perfecta obediencia de sus demandas. Es decir: que debe ser un perfecto sirviente de la masa. Y si la masa demanda acción, actualidad, noticias frescas, emociones intensas y misticismos rancios, y no quiere pensar y reflexionar demasiado sobre temas abstractos y de un sofisticado nivel conceptual, entonces, su mensaje —el del filósofo— debe mediocrizarse, volverse burdo, pragmático y patéticamente juvenil, inmaduro, aunque divertido y agradable al paladar.

Lo más lamentable de todo es escuchar estas voces dentro de un lugar donde, por naturaleza, no sería esperable encontrarlas: el movimiento libertario. Indefectiblemente, su presencia es un claro síntoma de que la corrección política, propia del marxismo cultural, ha logrado penetrar en nuestras instituciones, amenazando con destruir, desde dentro —y de modo análogo a una enfermedad mortal, dolorosa, pero lenta— los principios rectores y singulares del pensamiento capitalista.

Por todas partes, incluso en el seno de importantes think tanks libertarios, no se deja de escuchar el murmullo de estas voces. Voces que pecan de una obsesiva fascinación por la imagen seductora de los populismos de izquierdas. Pues, si bien de forma directa y pública dicen despreciarlos, secretamente y en privado, es claro que no aspiran sino a volverse como ellos.

Propaganda y eslogan fácilen lugar de un sistema filosófico coherente—, gusto por la conspiración y lo banalen lugar de por la objetividad—, adoración de la mediocridaden lugar de exigencia de virtud y excelencia moral—, deseo secreto de influir en las masasen lugar de apelación al individualismo heroico—. Tales son las características de este movimiento marxista dentro del movimiento libertario. Otros signos distintivos son la adopción de estrategias de comunicación leninistas o fascistas; un gusto infantil y místico por el anarquismo de mercado; una tolerancia ciega de la religión y moral cristiana; y por último, una secreta afirmación de la metafísica de la impotencia.

Es así como se introduce, en el seno del liberalismo, la destrucción de la metafísica de la libertad: predicando que el individuo no puede pensar por sí mismo, sino que debe ser hablado y tratado como un idiota.

¿Qué clase de moral vemos detrás de esta forma de corrección política adoptada por el movimiento libertario? Sin duda: altruismo-colectivismo. Es la consecuencia moral de la degradación conceptual del mensaje. La negación de la filosofía es, en realidad, la negación del individuo, del ego y del ser humano independiente. Por eso muchos son relativistas morales y negadores de la objetividad. La mayoría, además, desprecia visceralmente la filosofía de Ayn Rand —pues representa las bases más puras de lo que ellos han tratado siempre de combatir— y por eso, acaban pregonando una patética defensa de la humildad hayekiana y de los órdenes espontáneos —que es una forma velada de colectivismo—.

Los que así piensan, en realidad, no entienden qué es un filósofo y mucho menos entienden a qué se dedica. El filósofo es un profesional de los conceptos, un estudioso de su diseño y de su validación racional. Ningún filósofo auténtico se ha dedicado jamás a ayudar a sus conciudadanos. Estos siempre han rechazado la grandeza de su sistema —el estilo de vida del filósofo siempre ha  representado su desprecio por las miserables, patéticas y aburridas vidas de los demás—. El único móvil del filósofo es su verdad. Su verdad y su trabajo. Su meta y su vida —que en realidad son la misma cosa—. Su sistema, no las masas que lo usarán. Su visión, no los beneficios que la audiencia debe extraer de ella. Pues la filosofía de cada pensador no es sino la forma de su verdad, de su verdad personal, de su estilo de vida: esa verdad que ha sostenido por encima de todo y contra todos.

Un filósofo no debe ser altruista. Exigir tal cosa es pretender poner la mente del hombre al servicio del poder y de la masa. Y es, precisamente, en la oposición heroica a esta corrección política, donde es posible contemplar el verdadero poder subversivo de la filosofía de Ayn Rand. Lo diré más claramente: el filósofo no responde ante nada ni ante nadie, pues vive, como el creador y el artista, tan sólo para sí mismo, nunca para los demás.

Y escribiré lo siguiente, sin temor alguno, para que quede dicho de una vez y para siempre: quien, con su escritura, tolera lo irracional e lo inmoral, se convierte en traidor de la verdad y en cómplice de la degradación intelectual de nuestro tiempo; quien, con su escritura, exige poco del lector al que se dirige, es cómplice del marxismo cultural, de la metafísica de la impotencia y de la adoración de la mediocridad que representan la base del socialismo.

En pocas palabras: el libertario que rechaza la filosofía es un marxista disfrazado y traiciona secretamente la metafísica de la libertad.

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Adrián RodríguezAcerca del autor: Adrián Rodríguez

Adrián Rodríguez López es doctorando en Filosofía por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Estudió el Máster de Filosofía Teórica y Práctica en la misma universidad. Se especializó en Historía de la Filosofía y Pensamiento Contemporáneo. Su interés filosófico se centra en el estudio del lenguaje político y en el pensamiento liberal. Es un amante apasionado de la lógica formal y de las obras de Ayn Rand. Actualmente vive en Madrid.

Blog: Ágora Liberal [/vc_column_text][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-default”][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”Más de Adrián Rodríguez” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-3142″ category_id=”33″ limit=”2″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”POLÍTICA” header_color=”#d6c700″ post_ids=”-3142″ category_id=”33″ limit=”2″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][/vc_column][/vc_row]

Los traidores de la filosofía liberal
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2 opiniones en “Los traidores de la filosofía liberal”

  1. ¿Otro signo de distinción [de los traidores de la filosofía liberal] es la “tolerancia ciega de la religión y de la moral cristiana”? Pienso que la tolerancia es un signo de distinción de los libertarios. En base al axioma de no agresión, los ideales y credos de todas las personas deben ser tolerados siempre que no agredan a terceros.

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