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descargaEl día después de los terribles atentados acaecidos en París leí una reflexión que me dejó muy tocado y que me gustaría compartir. Dicho planteamiento es ya muy sonado y circula por todas las redes sociales (en mi caso lo descubrí por Twitter). La reflexión hacía referencia a las imágenes de los atentados de París en las que se veía gente corriendo y huyendo de la masacre terrorista por las calles de la capital francesa y lo que se planteaba era lo siguiente: imagínense por un instante que ahora toda esa gente, huyendo de los disparos y las explosiones, se encuentra un muro en plena huída y se quedan atrapados con sus hijos. ¿Verdad que ni se lo imaginan? Pues eso es lo que se encuentran los refugiados, gente como tú, querido lector, y como yo, huyendo del terror y la desesperación con toda su familia a través de mafias nada fiables, arriesgando sus vidas, para encontrarse al final de su duro camino un muro o una valla que les evita llegar a nuestros países, donde no buscan gran cosa, tan solo vivir sin estruendos de bombas a escasos metros, sin disparos por todos los lados, sin bebés llorando, sin mutilaciones, sin sufrimiento, sin muertes. En definitiva, vivir.

Y no hay que olvidar a los que ni siquiera llegan a completar el camino, que son muchos y cada vez más. Y es que una vez que llegan no solo se encuentran una valla o un muro, sino también malos tratos, hambre, frio, suciedad y gases lacrimógenos. ¡Por Dios, que en vez de llegar a Europa parece que llegan a una zona de guerra!

Porque es que esto no es una crisis política de refugiados, sino una crisis humanitaria sin paliativos. Y no es una crisis cualquiera, ni mucho menos. Esta crisis en concreto puede sentar un precedente perverso en un continente como el nuestro que está acabando con la que era nuestra principal ventaja y atributo: la “solidaridad”. A esta crisis hay que añadirle otras muchas que tenemos en Europa, y es que los incompetentes de los burócratas del Estado son incapaces de poner una solución en condiciones sobre la mesa a ninguna de ellas.

¡Con lo fácil que hubiese sido contar más activamente con la sociedad civil! Esa sociedad europea dispuesta a recoger a refugiados en sus casas y en las iglesias de la zona, esa sociedad dispuesta a desplazarse a los lugares fronterizos a alimentar a los refugiados. En definitiva, una sociedad civil que como siempre gana por goleada a los Estados. ¡Y es que todavía hay gente que confía en éstos ciegamente! Pero bueno, eso ya es otro tema.

En cuanto a la sociedad civil española, destacar el último CIS en el que ni un solo encuestado sitúa la crisis migratoria entre los 39 problemas de España. Muchos emoticonos tristes en las redes sociales pero a la hora de la verdad… que vergüenza de país, de verdad. Pero claro, esto no es ninguna sorpresa, al menos para mí. Así nos va. Aunque aquí hay que hacer un paréntesis, en el que hay que meter a la Iglesia española que sí que se está volcando con los refugiados. Yo no suelo alabar nunca a nuestro catolicismo, pero está vez merecen un olé por mi parte.

Se podrían tratar muchos más temas en este artículo, como las actitudes de algunos países en concreto hacía estas personas o que hubiese sido si esta situación se hubiese repetido anteriormente, donde antiguos refugiados han alcanzado una posición social relevante dentro de una comunidad gracias a sus logros, o porque han superado grandes dificultades para construir una nueva vida, y que hoy en día admiramos, como por ejemplo Albert Einstein. Pero bueno, estos temas para un siguiente artículo, en el que espero que para entonces la situación se haya solucionado. ¿Es mucho pedir, verdad?

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Julio FeitoAcerca del autor: Julio Feito

Libertario y ateo. A veces escribo. Blog personal: My opinion box

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No es una crisis de refugiados, es una crisis humanitaria
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