A propósito del “no” en la consulta italiana de Renzi escuché en una televisión española las opiniones de una politóloga italiana, de cuyo nombre no quiero acordarme, indicando que una de las causas del “no” fue el voto joven que actuaba así debido a la “ruptura del pacto generacional” y diciendo que era, en esta cuestión, una situación similar a la española y que “ha obligado a muchos jóvenes a tener que abandonar el país en busca de oportunidades”.

Una generalización, una nominalización: se le echa la culpa a un concepto abstracto, “ruptura del pacto generacional” y …problema explicado. Alucinante. Otras nominalizaciones tenebrosas llevan a grupos a autoproclamarse la voz del “pueblo” o últimamente “de la gente”.

Yo no he suscrito ningún pacto de mi generación con nadie. Además, ¿quién soy yo para firmar algo que vincula a toda una generación? ¿Cuál es el contenido concreto de ese pacto? ¿Qué clausulas se han roto?

Las nominalizaciones sirven hoy para todo. La culpa la tienen “los ricos”, “los bancos”, “la desigualdad” o “la ruptura del pacto generacional”, y así, con un culpable nominalizado – que no definido – nos sentimos mejor.

Luego trato de indagar es lo que se considera “pacto generacional” y, al parecer son una serie de obligaciones que toda una generación tiene para con la siguiente.  ¡Y yo sin enterarme! Yo que creía que los pactos y obligaciones son voluntarios y normalmente de adscripción individual -aunque sea dentro de un colectivo-

En el imaginario “nominalizador” se rompe el pacto si los jóvenes de hoy no tienen garantizado el trabajo después de su formación. Si no se garantiza el itinerario formación-trabajo-hipoteca-casa-niños-jubilación ya se rompe el pacto. Y, sí, utilizo el impersonal “se garantiza” ya que así no he de decir quién lo garantiza ni porqué…

Los que empezamos nuestra vida laboral en los 90 tuvimos que lidiar con la crisis de aquella década, por supuesto cada uno con su problemática. Yo fui empleado de desguace, camarero, vendedor de recambios… luego surgió la oportunidad de trabajar como responsable de rrhh y así hasta que pude comenzar mi propia firma. Y era lo normal, al menos en mi entorno de un barrio humilde. Puedo asegurarles que el escenario no era mejor que el actual: tasas de paro similares, con tipos de interés altísimos y tasas de inflación de susto. Ni remotamente sabía, ni se me ocurría pensar, que la “culpa” era porque se había “roto el pacto generacional”. ¿Qué culpa tenían mis padres? Bastante hacían sacando adelante una familia de seis hijos con un modesto negocio de barrio.

Veinte años atrás, otra generación tuvo también que sufrir una crisis en los 70 tan dura o más que la de los 90 y que la actual. Tampoco creo que le echaran la culpa a la “ruptura del pacto”.

Efectivamente vivimos en una sociedad “floja”. Nos hemos acostumbrado a que nos “den” las oportunidades y no a buscárnoslas. Como decía Mark Twain no nos damos cuenta de que “El Mundo no te debe nada. Estaba antes que tú”.

La vida, las circunstancias, las posibilidades o las vicisitudes no son programables; como no lo es la economía. No hay un camino garantizado por ningún pacto generacional. Hay individuos y escenario.  Nuestros jóvenes se marchan fuera simplemente porque la oferta es mayor y mejor en otros países. Países en los que emprender es más fácil, en los que la presión fiscal va a la baja, en los que no existe el tope de entrada de un salario mínimo o en los que el autónomo ha de pagar una cuota, aunque no venda ni un clavel. Países en los que las trabas administrativas son menores, en los que no hay 17 legislaciones profusas que cumplir o en los que se puede rotular tu negocio en idioma klingon si así crees que tus clientes entrarán en la tienda -para eso es tu tienda y arriesgas tu dinero-

Si alguna ruptura generacional ha habido es la que no ha entendido que es la libertad (también de emprender) la que crea prosperidad y no los “caminos programados o subvencionados”.


Acerca del autor: Filemón Galarza

Mentor, consultor empresarial y de asociaciones empresariales. Profesor Universitario de Post Grado (MBA) y estudiante eterno de antropología cultural. Desde 1996 asesorando organizaciones. Página web.

 

Filemón Galarza

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Nominalizaciones, jóvenes y pacto generacional
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