Tras el espeluznante legado que deja atrás la presidencia de Barack Obama es del todo entendible que muchos se agarren a un clavo ardiendo. El Premio Nobel de la Paz que es responsable último del lanzamiento de más de 27000 bombas ha dejado EE.UU. con el empleo al nivel de 1978. Obama pone la deuda un 121% más arriba e incrementa el déficit un 35% respecto de 2015. Suben los cupones de comida y el Obamacare es un fiasco. Tal es el despropósito de la presidencia del Yes We Can que hasta en eldiario.es se hacen eco.

Trump es una consecuencia lógica. Es el heredero natural de la situación política, por más que en el establishment mass media americano no acaben de explicárselo. Esos que han ocultado cada metida de pata del POTUS saliente. Los que han atacado a Trump de forma tan burda y falaz en ocasiones, que han conseguido granjearle no pocas simpatías. Tantas que hasta alguno ha llegado a creer que Trump puede ser el nuevo adalid de la Libertad. Y no.

Es constante a derecha y a izquierda, a republicana y a demócrata, tomar la parte por el todo. Extraer pequeñas parcelas de eso todo llamado Libertad y plantearlas a la opinión pública como el sumun y la repanocha. Puede que en los planteamientos de Trump haya algún retazo, pero desde luego el amigo sigue insistiendo en su muro, en su autocracia, en sus aranceles. Expulsar a un periodista, por muy mentiroso que sea, de una rueda de prensa, es ponerse a la altura del betún. Trump, como cualquier presidente de un país democrático, ha de someterse al escrutinio escrupuloso de la prensa, por muy mentirosa que la considere, por muy mendaz que ésta sea. El pelirrojo es el presidente de todos los americanos. Mientan o no.

Antes que él, que Trump, hubo otros. También aquí. La corrupción campaba por sus respetos en España – como ahora, vamos – y también llegó la consecuencia lógica. Un señor bajito y con bigote. Y tomó parte de la Libertad y vendió que era toda la Libertad. Muchos compraron. Tantos como una mayoría absoluta. Incluso, como otros presidentes de otros países hicieron antes, tomó decisiones positivas en materia económica y, curiosamente, la economía, un poco más libre, mejoró. Pero solo tomó una parte libertaria, la que le interesaba, la que le ayudó a ganar las elecciones. Luego llegó la soberbia, la mayoría, la absoluta. Llegó la guerra injusta. Llegaron las sucesiones. Llegaron Rato y Rajoy, bueno anduvieron por allí todo el tiempo. Y Montoro también.

Los parásitos de la Libertad, esos que solo venden el trocito que les interesa, la utilizan para sus fines, pero no es más que otro medio. Al final, la cabra tira al monte y el jevi al kalimotxo. Trump es el que es, y se le ve venir. Aznar fue el que fue por muchos lavados de cara con recorte de bigote, por muchas encuestas globo sonda y por mucho hacer deporte hasta la vigorexia. Dejen de comprar duros a cuatro pesetas. La Libertad es un concepto que no tiene apellidos. Cuando se los ponen se queda vacía de significado. Troceada, la Libertad se desangra.

José Luis MontesinosAcerca del autor: José Luis Montesinos

Ingeniero, empresario, bohemio, cantando en Metal Puppies y autor del libro Johnny B. Bad. Miembro del Comité Ejecutivo Federal del Partido Libertario (P-LIB)

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Parásitos de la Libertad
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