Opinión

Partido Popular: Descomposición y fin de etapa histórica

Juan Pina
Juan Pina
Juan Pina trabaja como directivo en el sector privado. Preside la Unión de Contribuyentes y es Secretario General de la Fundación para el Avance de la Libertad. Es autor del libro “Una política para la Libertad” (2014) así como de dos novelas publicadas en 2007 y 2011.

Una vez presentadas las siete candidaturas que se disputarán en primera vuelta el liderazgo del PP, francamente no se encuentra en ninguna de ellas valores, principios ni propuestas políticas que entronquen siquiera con la tradición liberal clásica europea, ni menos aún con el libertarismo. En la mayor parte de nuestro continente, los liberales clásicos y posteriormente los libertarios han optado por construir formaciones políticas propias y no por unirse a una parte de sus rivales (los democristianos y conservadores) contra otra parte de éstos (los socialdemócratas). En España, el error reiterado desde la transición ha sido forzar la coexistencia de proyectos tan dispares en un mismo partido, y ha sido siempre un pésimo negocio para los liberales moderadísimos que pueda haber albergado el PP, porque sus ideas y propuestas se han visto relegadas una y otra vez ante el sentir mayoritario del centroderecha democristiano en el seno de esa formación, que desde luego no va a desaparecer para dar paso a una visión más liberal, ni siquiera en economía.

De los candidatos que concurren, dos son simples apparatchiks del tinglado clientelar del PP. Se trata de María Dolores de Cospedal y, quizá en mayor medida aún, de Soraya Sáenz de Santamaría, que representan un partido ajeno y refractario a toda tendencia política: un mero organismo burocrático de poder. Hay que recordar cómo a De Cospedal le cupo el dudoso honor, hace unos años, de firmar un sorprendente y repulsivo acuerdo de cooperación política con el Partido Comunista Chino (no de Estado a Estado, sino entre partidos). Su implicación en el turbio despido de Luis Bárcenas es otro episodio que en cualquier democracia occidental normal la invalidaría para la función a la que ahora aspira. Sáenz de Santamaría, por su parte, es la principal autora intelectual de la acción de gobierno iniciada en 2011 por Mariano Rajoy. Resuenan aún sus palabras sobre la inexistencia de corriente alguna de pensamiento político en el PP: “basta decir que se es del PP”, espetó a quienes la confrontaban con etiquetas como “liberal” o “democristiana”, que sin duda producen sarpullidos a esta funcionaria de la política. Su papel en relación con los principales grupos mediáticos, junto al control que parece haber ejercido sobre la inteligencia española, hacen de ella una persona particularmente descalificada para continuar representando un rol protagonista en la política de nuestro país.

Junto a tres candidatos comparsas de menor entidad, concurren también José Manuel García Margallo y Pablo Casado. El primero ha sido muy probablemente el menos afortunado de nuestros titulares de la cartera de Asuntos Exteriores. Debemos detenernos en el segundo, ya que algunas voces lo presentan como cercano al liberalismo económico. Los libertarios siempre estaremos en disposición de tender puentes con cualquier dirigente o facción de un partido convencional que se distinga por una mayor sensibilidad hacia la libertad, sea en lo económico o en cualquier otra materia. Sin embargo, cabe lamentar que el liberalismo de Pablo Casado se limite estrictamente a la economía, y que, aún en ésta, se quede bastante corto. Justo es reconocer que ha expresado en algunas ocasiones una visión económica menos estatista que la de sus compañeros de partido, aunque también una dura posición estatista en otras materias, como la territorial. Pero, en cualquier caso, las declaraciones efectuadas ayer por este candidato no dejan lugar a dudas: insiste una y otra vez en que el PP debe ser un partido cómodo para liberales, democristianos y conservadores, y hasta se permite mencionar a los socialdemócratas; y se presenta como el líder capaz de contentar a todos esos sectores y hacerles convivir en esa formación. Es decir, o se dispone a perseverar en el trágico error que su partido lleva décadas cometiendo, o bien a engañar a los no liberales y forzar su visión una vez entronizado en la calle Génova. Lo primero sería más de lo mismo, y lo segundo es una estrategia tan deshonesta como condenada al fracaso. Las ideas de la libertad son incompatibles con las de la no libertad. El PP es una organización profundamente afectada por la corrupción, y el actual proceso congresual no puede ocultar su extrema crisis de identidad y valores. ¿Cómo van a estar “cómodos” en un mismo partido gentes con ideas frontalmente contrapuestas? El PP debe reconocer como uno de los motivos de su profunda crisis la incapacidad de definirse en una línea concreta, la que sea. Como dice el refrán, quien mucho abarca poco aprieta.

Estamos ante el final de una etapa histórica, la del PP que hemos conocido desde la refundación de Alianza Popular. Los libertarios consideramos probable el agravamiento de la crisis y la ulterior desaparición o marginalización del actual Partido Popular, que deberá prescindir de una marca y de unas siglas absolutamente amortizadas. El futuro mapa de partidos debería expresar la pluralidad de opciones y singularizar definitivamente a los que realmente antepongan la libertad a cualquier otro valor, aunque lo hagan de la manera tan desesperantemente tibia y moderada que acostumbran. Sólo entonces serán posibles áreas de encuentro en las que el libertarismo pueda aportar su visión y compartir tal vez algún espacio de diálogo o algún esfuerzo conjunto. Pero incluso considerarlo es inviable cuando el interlocutor es una hidra en descomposición, cuyas cabezas son a cuál más estatista.

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Juan Pina trabaja como directivo en el sector privado. Preside la Unión de Contribuyentes y es Secretario General de la Fundación para el Avance de la Libertad. Es autor del libro “Una política para la Libertad” (2014) así como de dos novelas publicadas en 2007 y 2011.
Una respuesta
  1. JUAN ANTONIO  Responder

    Saludos Sr. Juan Pina, primero que nada, veo que de nuevo ha vuelto a escribir en un medio, después de hacerlo en VozPópuli, le deseo que continúe mucho por aquí. Dicho lo cual, yo también creo que la llamada derecha, por lo menos en España, sinceramente, no tiene remedio alguno. Hemos visto en todos estos años sus políticas conservadoras y claramente estatistas, y sus eternos complejos de inferioridad ante la sacrosanta izquierda, cimientos con los que no se puede edificar ninguna empresa medianamente liberal. Si añadimos a todo eso la gran corrupción que anida en su seno, tenemos el cóctel perfecto para que, cada vez más, se deslicen por la pendiente hacia la nada. Es una pena, porque somos uno de los países mas estatistas de Europa, junto con Francia, y aquí se podrían haber hecho las cosas de otra manera, separándonos de los conservadores, abriendo paso a una alternativa netamente liberal-libertaria, que tal vez, sólo tal vez, podría haber fructificado en todos estos años en un gran partido liberal, opuesto frontalmente al conservadurismo y al socialismo, pero habrá que seguir intentándolo, las veces que hagan falta, hasta que un porcentaje amplio de la población compruebe en sus propias carnes el completo fracaso del estatismo, en todos sus niveles.

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