Opinión

Por qué hay que cerrar RTVE

Francisco Nunes
Francisco Nunes
Creador y director de Apolo Post y redactor en El Herald Post.

En Corea del Norte sólo existe la televisión del Estado, ya que no se permite ejercer el periodismo en una empresa privada. Nunca he estado allí, pero sí he leído numerosos testimonios de presos y turistas que visitaron el país y si en algo coinciden todos respecto a la televisión es en su información sesgada, sin objetividad alguna y su uso como propaganda del régimen.

Los ciudadanos que allí viven no se cuestionan nada, no conocen otra cosa ya que no hay nadie que les ofrezca información veraz. Eso, sumado al aislamiento y otros factores, asegura la dictadura al menos por largo tiempo.

España no es Corea del Norte, y esperemos que nunca nos veamos en la triste situación que se vive en el país asiático, pero no nos salvamos de la horrorosa televisión pública, que no es más que maquillaje del gobierno de turno, y que casi nadie parece interesarse por eliminar.

Los trabajadores de RTVE aseguran haber recibido presiones para dar información sesgada, faltar a la verdad y, por tanto, fallar a su profesión, al periodismo. No seré yo quien ponga en duda sus declaraciones, pero me parece del todo inútil luchar por una televisión pública veraz. Es un oxímoron.

Una vez el Estado se ocupa de cierto sector, no hay marcha atrás. La mayoría de la población, como si no lo pagaran ellos y creciera dinero de los árboles, lo tomará como un derecho que se les debe garantizar y tacharán de insolidario a todo aquel que se rebele contra la injusticia de pagar un servicio indeseado.

Nada más encender la televisión y pulsar el número uno en nuestro mando, podemos darnos cuenta de las principales preocupaciones de ‘Televisión Española’: El presidente saliendo a correr, las operaciones del rey, de las que fácilmente pueden informar treinta minutos seguidos, omitir declaraciones de ministros,etc. Nunca, a no ser que el caso ocupe las principales portadas, verán una noticia perjudicial para los políticos que están detrás del canal.

No hace tanto el economista de la Escuela Austriaca Juan Ramón Rallo fue expulsado de ‘Los desayunos de TVE’ tras las presiones de UGT al pedir cerrar todas las televisiones públicas. La televisión de todos, de forma totalmente imparcial, decidió quitarse un obstáculo del medio. ¿Quién en su sano juicio permitiría dentro de su sistema sembrar la semilla de su propia destrucción?

Aunque el economista criticó duramente esta decisión, no fue readmitido en ella, a pesar de ser uno de los muchos millones de españoles que financian una televisión que, insisto, no eligen voluntariamente.

“TVE tiene que dejar de ser un aparato del partido que gobierne”, decía Pablo Iglesias públicamente, como si realmente creyera lo que dice. Muy claro ha dejado su nula preocupación por la objetividad periodística y su afán por hacer propaganda izquierdista desde lo que, según el mismo, es de todos. Ya lo demostró cuando afirmó que las televisiones privadas, que nadie obliga a financiar, son un ataque a la libertad de expresión.

También lo demostraron su partido, Podemos, y el gobierno del PSOE, que han propuesto a Andrés Gil, periodista claramente de izquierdas, como presidente de RTVE. Todo esto fue parte de una negociación previa, ya que al principio el PSOE prefirió a Arsenio Escolar, también de izquierdas, mientras que Podemos ofreció el puesto a Ana Pardo de Vera, directora de Público, en el que también escriben miembros de Podemos y Alberto Garzón, diputado de Izquierda Unida en el Congreso de los diputados, comunista declarado y conocido colaborador de la dictadura de Nicolás Maduro.

Ciertamente estoy de acuerdo con Iglesias, RTVE tiene que dejar de ser un aparato propagandístico del partido que gobierne, pero me temo que planteamos distintas soluciones.

Mientras él prefiere quitar a sus adversarios para colocar a sus colaboradores, yo prefiero que cada uno pague lo que desee, sin coaccionar a otros para que lo hagan y sin faltar a la verdad para maquillar a un partido. TVE debe cerrar, y ningún español debe verse obligado a financiar un servicio que no ha pedido voluntariamente.

Muerto el perro se acabó la rabia.

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Creador y director de Apolo Post y redactor en El Herald Post.

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