Qué lástima, Andorra

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Qué lástima, Andorra. Andorra era el maravilloso país de los Pirineos. Uno de los países más antiguos de Europa. Un país de escala humana, con todo el pintoresco interés histórico de la Europa liliputiense: ese puñado de países y territorios desgajados a tiempo de los procesos de concentración que dieron pie a los grandes Estados-apisonadora. Andorra era el mayor microestado independiente de Europa, y su considerable superficie habría permitido grandes ambiciones, desde el helipuerto comercial que nunca fue, con vuelos al Prat y a Toulouse-Blagnac para conectar, hasta la aparición de industria ligera de vanguardia. Andorra era la demostración de cómo el alto nivel y la magnífica calidad de vida eran el resultado de una economía mucho más libre que las de su entorno. Andorra era una de las pruebas irrefutables de que no hacen falta impuestos directos ni casi indirectos, porque Andorra prácticamente se bastaba y se sobraba con un pequeño arancel a la importación para costear una sanidad puntera, un bienestar envidiable y todo su Estado (el gobierno entero cabía en el Edifici Administratiu). Andorra era esquí, naturaleza, turismo de invierno y de verano y comercio de electrónica y de perfumes, pero, desde luego, era mucho más que eso. Era un refugio para infinidad de ciudadanos de todas partes frente a la indiscreción financiera y frente al expolio fiscal, creciente y desalmado, de los Montoros del mundo.

Pero, qué lástima, la condición de Estado soberano, como algunos nos temíamos, les ha venido demasiado grande a los andorranos. Herederos de los pagesos —lo digo con todo el respeto— que se enriquecieron por la súbita multiplicación del valor de sus terrenos montañosos en los años del boom turístico, muchos andorranos han sido incapaces de entender su país como eso, un país, con todas las consecuencias. Pese al impulso que supuso en 1993 la promulgación de la actual constitución y el ingreso en la ONU, con la consiguiente apertura de embajadas, la élite andorrana ha seguido mirando a París y a Madrid como si fueran su metrópoli, y no ha logrado sacudirse un complejo de inferioridad que ha terminado por llevarla a emprender resueltamente el camino hacia la irrelevancia del principado pirenaico.

Sí, es una pena. Andorra pudo haber sido el Singapur de los Pirineos, como titulé hace ya quince años un breve artículo que acompañaba a la entrevista que le hice al entonces primer ministro liberal andorrano, Marc Forné. Era más deseo que pronóstico, y tal como me temía, no se ha cumplido. Forné solía bromear sobre el rearme de su país con una gran cantidad de cañones, para luego revelar a sus asombrados interlocutores que se trataba de cañones de nieve artificial para las pistas de esquí. Yo añadía mentalmente que el mejor “rearme”, lo que realmente podía consolidar a Andorra, era establecer sin dilación un centro financiero offshore puntero, con una legislación innovadora y vanguardista, para convertir al país en una segunda Suiza, en un emporio inexpugnable por su fortaleza económica, que rivalizara con los demás “paraísos” europeos y los superara. Partían de una buena posición, ya que los impuestos directos simplemente no existían, y la confidencialidad bancaria se consideraba entre las mejores de Europa. Sólo tenían que quitarse de encima la tontería aquella de que las sociedades mercantiles requirieran un socio mayoritario local, o acabar con estupideces como la prohibición del juego (que impedía por ejemplo el desarrollo del juego online, sector en el que Gibraltar ganó la partida con una legislación ad hoc bien diseñada). Al carecer de una legislación mercantil orientada al sector offshore, Andorra habría podido hacer la mejor del mundo para atraer capitales ingentes desde los cuatro puntos cardinales. Podría haberse inspirado en el marco jurídico de la Isla de Man, reconocido por su seguridad jurídica para los usuarios del territorio pero también por su blindaje frente al blanqueo de dinero procedente de tráficos ilícitos, y podría haberlo mejorado. Por ejemplo, Andorra habría podido tener una buena ley de sociedades con acciones al portador, y otros instrumentos jurídicos útiles a la planificación fiscal internacional. Pero no, los andorranos optaron por pensar en pequeño y enfocar sus esfuerzos a las tiendas de perfumes y los forfaits de esquí. Una llamada del palacio de Santa Cruz o del Quai d’Orsay, y la mano temblorosa de cualquier gobernante andorrano asciende veloz para cuadrarse al grito de “a la orden”, pronunciado en impecable francés o castellano.

ARTÍCULO ORIGINAL

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Acerca del autor: Juan Pina

Juan Pina trabaja como directivo en el sector privado. Preside el Partido Libertario (P-LIB) y es autor del libro “Una política para la Libertad” (2014) así como de dos novelas publicadas en 2007 y 2011.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-footer-2″][td_block_ad_box spot_id=”sidebar”][td_block_11 custom_title=”Más de Juan Pina” header_color=”#c4bd00″ category_id=”23″ limit=”3″][vc_raw_html]JTNDaWZyYW1lJTIwc3JjJTNEJTIyaHR0cCUzQSUyRiUyRnJjbS1ldS5hbWF6b24tYWRzeXN0ZW0uY29tJTJGZSUyRmNtJTNGdCUzRHRoZWhlcnBvcy0yMSUyNm8lM0QzMCUyNnAlM0QxMiUyNmwlM0R1cjElMjZjYXRlZ29yeSUzRGdlbmVyaWNvJTI2YmFubmVyJTNEMTU4RFowOVlYMzYzUDNCNDRBMDIlMjZmJTNEaWZyJTIyJTIwd2lkdGglM0QlMjIzMDAlMjIlMjBoZWlnaHQlM0QlMjIyNTAlMjIlMjBzY3JvbGxpbmclM0QlMjJubyUyMiUyMGJvcmRlciUzRCUyMjAlMjIlMjBtYXJnaW53aWR0aCUzRCUyMjAlMjIlMjBzdHlsZSUzRCUyMmJvcmRlciUzQW5vbmUlM0IlMjIlMjBmcmFtZWJvcmRlciUzRCUyMjAlMjIlM0UlM0MlMkZpZnJhbWUlM0UlMEE=[/vc_raw_html][vc_raw_html css=”.vc_custom_1458492030501{margin-left: 30px !important;}”]JTNDaWZyYW1lJTIwc3JjJTNEJTIyaHR0cCUzQSUyRiUyRnJjbS1ldS5hbWF6b24tYWRzeXN0ZW0uY29tJTJGZSUyRmNtJTNGbHQxJTNEX2JsYW5rJTI2YmMxJTNEMDAwMDAwJTI2SVMyJTNEMSUyNmJnMSUzREZGRkZGRiUyNmZjMSUzRDAwMDAwMCUyNmxjMSUzRDAwMDBGRiUyNnQlM0R0aGVoZXJwb3MtMjElMjZvJTNEMzAlMjZwJTNEOCUyNmwlM0RhczQlMjZtJTNEYW1hem9uJTI2ZiUzRGlmciUyNnJlZiUzRHNzX3RpbCUyNmFzaW5zJTNEQjAwS0FJQUJCVSUyMiUyMHN0eWxlJTNEJTIyd2lkdGglM0ExMjBweCUzQmhlaWdodCUzQTI0MHB4JTNCJTIyJTIwc2Nyb2xsaW5nJTNEJTIybm8lMjIlMjBtYXJnaW53aWR0aCUzRCUyMjAlMjIlMjBtYXJnaW5oZWlnaHQlM0QlMjIwJTIyJTIwZnJhbWVib3JkZXIlM0QlMjIwJTIyJTNFJTNDJTJGaWZyYW1lJTNFJTBBJTNDaWZyYW1lJTIwc3JjJTNEJTIyaHR0cCUzQSUyRiUyRnJjbS1ldS5hbWF6b24tYWRzeXN0ZW0uY29tJTJGZSUyRmNtJTNGbHQxJTNEX2JsYW5rJTI2YmMxJTNEMDAwMDAwJTI2SVMyJTNEMSUyNmJnMSUzREZGRkZGRiUyNmZjMSUzRDAwMDAwMCUyNmxjMSUzRDAwMDBGRiUyNnQlM0R0aGVoZXJwb3MtMjElMjZvJTNEMzAlMjZwJTNEOCUyNmwlM0RhczQlMjZtJTNEYW1hem9uJTI2ZiUzRGlmciUyNnJlZiUzRHNzX3RpbCUyNmFzaW5zJTNEQjAxQk80T1E4TSUyMiUyMHN0eWxlJTNEJTIyd2lkdGglM0ExMjBweCUzQmhlaWdodCUzQTI0MHB4JTNCJTIyJTIwc2Nyb2xsaW5nJTNEJTIybm8lMjIlMjBtYXJnaW53aWR0aCUzRCUyMjAlMjIlMjBtYXJnaW5oZWlnaHQlM0QlMjIwJTIyJTIwZnJhbWVib3JkZXIlM0QlMjIwJTIyJTNFJTNDJTJGaWZyYW1lJTNF[/vc_raw_html][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”2/3″][vc_raw_html]JTNDaWZyYW1lJTIwc3JjJTNEJTIyaHR0cCUzQSUyRiUyRnJjbS1ldS5hbWF6b24tYWRzeXN0ZW0uY29tJTJGZSUyRmNtJTNGdCUzRHRoZWhlcnBvcy0yMSUyNm8lM0QzMCUyNnAlM0Q0OCUyNmwlM0R1cjElMjZjYXRlZ29yeSUzRGdpZnRfY2VydGlmaWNhdGVzJTI2YmFubmVyJTNEMVNZR0o1WVBCU0JUOUJFWTM1RzIlMjZmJTNEaWZyJTIyJTIwd2lkdGglM0QlMjI3MjglMjIlMjBoZWlnaHQlM0QlMjI5MCUyMiUyMHNjcm9sbGluZyUzRCUyMm5vJTIyJTIwYm9yZGVyJTNEJTIyMCUyMiUyMG1hcmdpbndpZHRoJTNEJTIyMCUyMiUyMHN0eWxlJTNEJTIyYm9yZGVyJTNBbm9uZSUzQiUyMiUyMGZyYW1lYm9yZGVyJTNEJTIyMCUyMiUzRSUzQyUyRmlmcmFtZSUzRSUwQQ==[/vc_raw_html][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-default”][/vc_column][/vc_row]

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