Opinión

Reglas electorales arbitrarias

Juan Ramón Rallo
Juan Ramón Rallo

Las arbitrariedades y las contradicciones de las reglas de agregación de preferencias electorales en democracia son absolutamente evidentes en un día como hoy.

Como ya he comentado en otras ocasiones, si en unas elecciones generales se nos permitiera a los españoles votar no sólo en positivo (a qué partido apoyo) sino en negativo (a qué partido rechazo), Partido Popular y Podemos obtendrían muchísima menor representación parlamentaria neta que hoy, de modo que muy probablemente PSOE o Ciudadanos (o una coalición de ambos) determinaría el gobierno. Pero, por el motivo que sea, nos impiden en esta democracia nuestra votar en negativo: y la consecuencia de ello es que PSOE y Ciudadanos carecen de mayoría parlamentaria.

Ahora bien, cuando se trata, en esta misma democracia nuestra, de que los diputados voten al presidente del Gobierno, entonces sí se permiten los votos no sólo en positivo, sino también en negativo. Nótese que si les aplicáramos a los diputados la misma regla que se nos aplica a los votantes (sólo se puede votar en positivo, es decir, sólo puedes expresar tu apoyo a un candidato, no rechazar a otro), entonces Pedro Sánchez sería hoy presidente, dado que sería el político que más apoyos positivos cosecharía en el Congreso.

Es decir, si tuviéramos una regla de agregación de preferencias medianamente coherente, el acuerdo PSOE-Ciudadanos sería el que habría resultado triunfante: ya sea directamente en los comicios (por permitir a los votantes votar en negativo, como hacen los diputados) o ya sea en el Congreso (por no permitir a los diputados votar en negativo, como no se les permite a los votantes). Una incoherencia interna que en ambos casos otorga un poder político sobreproporcional (con respecto a la escala de preferencias de los ciudadanos) a las fuerza políticas que más rechazo neto generan entre los españoles.

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Juan Ramón Rallo
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