Salir o no salir. He ahí la cuestión

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Hay una anécdota muy graciosa de Winston Churchill. Cuentan que cuando un periodista le preguntó cual era su opinión sobre los franceses respondió algo así como: “No sabría decirle, no he hablado con todos”.

En menos de tres meses los ciudadanos británicos tienen que decidir si quieren ser parte de la UE o no. Y me han preguntado, sin exagerar, unas veinte veces cuál creo que será el resultado. Así pues, aún a pesar de que no he hablado con todos lo británicos, me voy a arriesgar a dar mi opinión al respecto.

En primer lugar, le voy a dar su razón de ser a los euroescépticos. A pesar de mi amiga Cristina, una pelirroja de las que quitan el hipo que vive allí, cuando oigo Bruselas, recientes atentados aparte, pienso en esos jueces que no extraditaban etarras, lo cual me tirria y en la burocracia de la Comisión y demás órganos superútiles sin los que no podríamos vivir, y me entra un bostezo. ¿Quién quiere aguantar a esos burócratas?

Mis simpatías por los del “Vote Leave” empiezan y acaban ahí.

Tras esto, vienen, los datos, fríos y sin sentimientos. La campaña del “Britain Stronger in Europe” se reduce a eso, una proliferación de datos. Te hablan de todos los trabajos que se generan, de los bajos precios, de los criminales británicos detenidos en la costa del Sol gracias a la UE, de los miles de negocios británicos que importan de la UE (disclaimer: incluyendo el mío) o prestan servicios o los reciben en la UE. De la importancia de nuestros socios comerciales, a pesar de la Commonwealth (mayor acierto estratégico del Reino Unido en su historia visto con la perspectiva de los siglos) los socios comerciales del Reino Unido no son ni Canadá ni Australia, sino Francia y Alemania.

En un mundo perfectamente racionalista este sería el final de la historia. Pero resulta que el mundo no es así, la gente no vota tras realizar un pormenorizado análisis de cifras, pros y contras. Mas bien con las entrañas.

Dijo una vez Margaret Thatcher, que al Reino Unido no le interesaba una Alemania unida, puede que esté ahí el fondo del porqué los “tories” tan pro-business en unas cosas hayan promovido el euroescepticismo, como una forma de presionar en una Unión en la que la locomotora alemana toma todas las decisiones importantes.

Europa al fin y al cabo, nace y acaba en Alemania.

Primero un poco de geografía, para entender el contexto. Valga el topicazo, El Reino Unido es un país de contrastes, y el más importante de todos ellos es Londres vs el resto.

Londres es una especie de ONU,  la forma de vivir, de pensar, de sentir de aquí es completamente distinta al resto del país. No son pocos los londinenses que se refieren a “England” como una cosa ajena a ellos, Inglaterra es eso que hay más allá de Greater London. Londres podría ser perfectamente un país independiente, incluso me inclino, en un alarde de generosidad dejar que la Reina del país de al lado mantenga aquí su residencia y oficina. Aquí todo el mundo vive con gente de otros sitios, trabaja con gente de otros sitios, la ciudad más cosmopolita  de Europa y en un día normal te puedes encontrar con gente de medio mundo.

Como muestra. En un evento al que fui este Miércoles, entre las tarjetas de visita que recogí hay rumanos, británicos, norteamericanos de origen ruso, ucranianos, españoles, franceses, chipriotas, mejicanos, alemanes, indios , colombianos y un nombre rarísimo que no logro identificar a qué cultura puede pertenecer.

Todo parece indicar que aquí ganará el Stay. La city quiere quedarse, y la city mueve Londres y Londres mueve el resto del País. El brexit sería la primera vez que los londinenses votan a favor de no comerciar con terceros.

Volviendo a las entrañas. No he conocido todavía a ningún inglés que vea Europa como algo propio. Al contrario, todos dicen “Europa” cómo si esta isla estuviera en el pacífico y no pudieran ver a sus primos de la Bretaña francesa desde la costa. En muchas ocasiones ves como esos británicos de fuera de Londres, se sienten más cercanos a los primos terceros de Australia que a sus vecinos franceses o irlandeses. Nunca han visto en Europa algo más que una cosa de políticos que les permite viajar a Magaluf sin pasaporte. Están los listos que te aseguran con la certeza de quien ha hablado con todos ellos que Gales y Escocia se separarían en caso de Brexit porque ellos son “más europeos”… Eso es tan cierto como que los catalanes son unos rácanos, que en Alemania se pasan el día comiendo salchichas, que las fiestas de mi pueblo son las mejores del mundo ó cualquier otro estereotipo que se les ocurra. Escocia y Gales son regiones muy rurales, poco acostumbradas a la inmigración hasta hace 4 días. Si conoces a un galés, probablemente sea galés, de padres galeses, abuelos galeses, bisabuelos galeses y así hasta su tatatatarabuelo que luchó en la gran guerra contra la invasión de esos malditos… romanos, que pretendían enseñar latín y hacer acueductos.

¿De verdad, creen que esa gente entiende lo que significa Europa o qué van a apoyar la permanencia en la Unión Europea? El resultado final del referéndum no será pues una cuestión de sentimientos, ni de datos ni de análisis. La decisión no se tomará en base a sí es objetivamente mejor o peor para los británicos permanecer o no. Se tomará en base a si prima el sentido común,  de que nunca ninguna nación se arruinó por el comercio  (Ben Franklin dixit), o el sentimentalismo barato de “no queremos a los alemanes en nuestra casa, que roban nuestros trabajos y nuestras mujeres y nos dan electrodomésticos baratos y eficientes, ¡marditos!”

[/vc_column_text][vc_separator color=”custom” border_width=”2″ accent_color=”#c4bd00″][vc_column_text]Acerca del autor: Víctor Justo

Víctor Justo es un CFA Charterholder, autor de “Manual Para Futuros Warren Buffetts” y ganador de un Premio Wayra. Actualmente reside en Londres.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][vc_widget_sidebar 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Salir o no salir. He ahí la cuestión
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