Selección de élites políticas (I)

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Han pasado ya casi cuatro meses desde las pasadas elecciones del 20 de diciembre y nuestros políticos aún no han conseguido llegar a un acuerdo para la formación de un nuevo Gobierno. En este periodo, hemos visto como fracasaban uno tras otro los diferentes intentos por llegar a un pacto que posibilitará el nombramiento de un nuevo Presidente del Gobierno, diferentes propuestas que no llegaban nunca a buen puerto por dispares motivos, diferencias ideológicas irreconciliables, peticiones imposibles de conceder por parte del partido en mejor posición negociadora, egos encontrados, acusaciones cruzadas en vez de intentar encontrar puntos en común… y en algunos casos, el encontronazo con la fatídica realidad de que las matemáticas continúan siendo una ciencia exacta, aún lejos de la mano reguladora de nuestros líderes para adaptarla a sus necesidades.

Durante todo este tiempo, desde la celebración de elecciones, hemos tenido la constante sensación de que ya conocíamos el final de la obra, que todo era un gran paripé que desembocaría en una nueva convocatoria a las urnas, y en consecuencia en un estrepitoso fracaso de nuestra clase política. Todos los partidos políticos, organismos internacionales, observatorios de opinión y en general toda la ciudadanía coincidían en la necesidad de formar un nuevo Gobierno con la mayor rapidez posible para que la recuperación económica que estábamos comenzando a notar no se frenara debido a la inestabilidad política y descendiera la inversión extranjera que comenzaba de nuevo a llegar a nuestro país.

Aun siendo conocedores esta situación, nuestros líderes políticos no han sido capaces de sobreponer nuestro interés común por encima de sus intereses partidistas, en lo que muchas veces parecía un spoiler de una nueva campaña electoral, con claros guiños a sus votantes más fieles. Todo esto nos lleva a preguntarnos si realmente nuestros líderes políticos son los mejores representantes que podemos tener, es cierto que somos nosotros los que los hemos votado, pero elegimos en un menú previamente seleccionado por los partidos políticos, que son los verdaderos intermediarios entre los representados y sus representantes en las Cámaras, y este punto muerto en el que nos encontramos, vuelve a poner en el punto de mira los procesos de selección de élites políticas que utilizan los partidos.

El ciudadano que no está afiliado a ningún partido político, no puede elegir quién irá en la papeleta que después podrá decidir votar o no, incluso en determinados partidos, aun siendo afiliado, puede ser que no tenga derecho a decidir qué candidato considera el más adecuado para representar a su partido en unas elecciones, por lo que muchas veces, la elección de estos líderes viene fuertemente condicionada por los intereses de la cúpula de los partidos políticos y no responde necesariamente a criterios de méritos, y en consecuencia, nuestros representantes no son los más idóneos para afrontar determinados problemas.

Es por este motivo que debemos preocuparnos no solo de las buenas prácticas y la transparencia de nuestros cargos electos, sino de todo el proceso desde que comienza en las bases de los partidos, pues de ello dependerá garantizarnos unos líderes que sean capaces de estar a la altura de los desafíos que se les platearán, para así asegurarnos estar votando en verdadera democracia.

El proceso de selección es muy diverso de un partido a otro, en próximos artículos iremos analizando uno a uno y explicando sus virtudes y defectos.

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David SalazarAcerca del autor: David Salazar

Administrador y asesor de empresas, especializado en gestión de crisis. Apasionado de la política y la economía. Debemos luchar cada dia por la libertad. Colaboro con Ciudadanos y puedes ver mis opiniones personales en: @davidsalazar83

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