Algunos estamos comenzando a hartarnos de una tendencia que viene siendo ya habitual en cualquier espacio donde confluyan ideas de ideologías distintas: la falsa superioridad moral. Esa auto-designada pureza ideológica que lleva a muchos a declararse protectores de la moral pública y censores de la sociedad. Ocurre cada segundo en Twitter y en cada conversación de bar, y ocurrió el pasado miércoles en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Y que conste que no es por defender a Cebrián y González, para los cuales cabría otro artículo de crítica dedicado enterito a ellos. Pero lo que les ocurrió fue inaceptable.

Es repugnante que vosotros, un grupo (aunque minoritario dentro de la universidad) que forma parte de la supuesta élite intelectual del país, sea capaz de exhibir un comportamiento tan infantil, violento y deleznable. Grave es también que políticos como Errejón e Iglesias le intenten restar importancia al incidente diciendo que es “una conquista” que los estudiantes puedan protestar en la universidad o que es algo “sano”. Hay algo que debéis aprender cuanto antes vosotros y los que son como vosotros, incluidos los estudiantes que participaron en el boicot: protestar cuando alguien diga algo que no te guste es legítimo; impedir que lo diga, no.

La libertad de expresión implica que gente como Cebrián y Felipe González pueda dar una conferencia libremente en la universidad, aunque lo que digan no sea de vuestro agrado (tampoco lo sería del mío, probablemente). También implica que vosotros tenéis derecho a organizar una protesta pacífica o un debate alternativo. Vuestro problema es que os creéis que tenéis a autoridad moral de decidir lo que es fascismo y lo que debería estar prohibido en un campus universitario. Y lo más irónico es que para imponer vuestro erróneo criterio recurrís precisamente a prácticas fascistas. El miércoles, fuisteis fascistas. De pacotilla, sí, pero fascistas.

La universidad no es vuestra casa. No es un “lugar seguro” donde podáis cercioraros de que no se comparte conocimiento o ideas que contradigan vuestra ideología. La universidad no es un coto ideológico, no está para resguardar vuestras infantiles mentes de escuchar aquello que no os guste o que hiera vuestros “sentimientos”. Es un espacio libre donde deberíais ser capaces de formaros vuestras propias opiniones informadas con la ayuda de los profesores, siempre con visión crítica pero aceptando el paradigma alumno-profesor que implica que tenéis mucho que aprender. Porque lo tenéis. No sabéis lo que significa “fascismo”, eso está claro. Y tampoco conocéis, a la vista está, las diferentes acepciones de la libertad de expresión.

John Stuart Mill explicó de la mejor manera posible la importancia de la libertad de expresión en la sociedad, cuando dijo que todas las ideas, incluidas las malas (especialmente las malas) deben ser escuchadas y sometidas a debate público. Sólo así podrá llegarse a la conclusión de que son efectivamente malas ideas: dejando hablar al que opine así. Y es que además de comportaros como fascistas de pacotilla pecáis de falta de inteligencia: si de verdad creéis que González y Cebrián (o cualquier otro) son efectivamente unos fascistas, dejad que hablen y que lo demuestren, dejad que sea cada uno el que juzgue lo que oye.

Los escraches en la universidad no son algo nuevo, lleva años ocurriendo en EEUU y Reino Unido, y ya tuvo que sufrir uno Rosa Díez en la Universidad Complutense de Madrid. Y fuera o no organizada esa protesta por Pablo Iglesias, lo que está claro es que el líder de la tercera fuerza política de España no sólo no es capaz de condenar este comportamiento, sino que además parece que le gusta. Fuera o no organizada la protesta del miércoles por miembros de podemos, es preocupante ver en sus declaraciones visos de este absoluto desprecio de la libertad de expresión del que no piensa como ellos.

A todo esto, por qué esa obsesión con la palabra “fascista” en la extrema izquierda? Cuántos fascistas creéis que dan conferencias en universidades hoy en día? Cuántos fascistas creéis que participan en actos públicos? Estáis obsesionados. Lo cierto es que os gustaría que hubieran más, y que hubieran más racistas a los que señalar, para poder regocijaros en vuestra “pureza” moral, satisfechos por creeros más progresistas y tolerantes que todos los demás. Esto parece ser, a mi juicio, un simple problema de oferta y demanda. Sigue habiendo mucha gente buscando fascistas, nazis o xenófobos a los que identificar, pero cada vez hay menos (afortunadamente). Por tanto, hay que buscarlos donde no los hay.

David C. Dolbear
Acerca del autor: David C. Dolbear

Graduado en Ciencias Políticas y periodista.

David Dolbear

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Superioridad moral y violencia política en la universidad
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