Opinión

Taxi en Lucha

Roxana Nicula
Roxana Nicula
Autónoma, de profesión jurista y traductora, actualmente desempeña el cargo de Presidenta de la Fundación para el Avance de la Libertad y de Secretaria General del Partido Libertario (P-LIB).

Este es el grito de guerra de éstos últimos días en las ciudades españolas en plena operación vacaciones de verano. El sector del taxi aprendió de los controladores aéreos que año tras año, particularmente los franceses, nos convierten en “escudos humanos” para chantajear a las autoridades y a las empresas “licenciadas” por esas autoridades, sus empleadores.

Lo ocurrido estos días en Barcelona, Madrid y en otras ciudades de nuestro país es la consecuencia de que España NO es un país moderno, capitalista y con libre mercado sino todo lo contrario: es un país altamente intervencionista en nuestra economía y en nuestras vidas. Las licencias municipales del taxi son una prueba irrefutable. Y también las licencias VTC bajo las cuales operan los servicios como Uber o Cabify lo son en la misma medida.

Esta situación de tensión, enfrentamiento, violación de la propiedad privada y hasta ataques a la vida y a la integridad de algunas personas es culpa de dos de los tres grupos de afectados por lo que está pasando; el tercer grupo siendo los usuarios de estos servicios de los cuales nadie a excepción del Partido Libertario (P-LIB) defiende y tiene en cuenta en sus propuestas para desbloquear la esta situación de emergencia nacional. Por un lado están los taxistas que han estado cabildeando por los pasillos del Estado toda su vida para asegurarse la propiedad del puesto de trabajo a expensas del consumidor, una servidora junto a millones de otros ciudadanos de aquí y de fuera que visitan cada año nuestro país. Y por otro los nuevos llegados al sector de transporte, los practicantes de la nueva economía, la economía colaborativa que al estar ya dentro asentados se olvidaron de las premisas que les habían traído hasta aquí: las ansías de libre mercado, y por tanto las ganas de emprender sin sobre-costes absurdos derivados de las ataduras burocráticas estatales, de licencias, corruptelas en otorgarlas y especulación de las mismas llegado el momento debido a la escasez artificial que generó el propio Estado en este sector.

Las comparativas en general entre un servicio de taxi y uno derivado de la economía colaborativa no son odiosas sino necesarias para entender el por qué los consumidores preferimos lo segundo en vez de lo primero. Un breve resumen nos arroja no sólo un mejor servicio: mejores coches, mejores dotes de relaciones públicas del conductor que sabe estar en cada situación y no nos inoportuna con sus preferencias personales a menos que les invitemos a ello; pero también hay una significante diferencia de precio. Obviamente los taxistas se quejan de que los precios de estas alternativas son más baratos porque no han pagado una licencia de decenas de miles de euros como hicieron ellos. Por lo tanto, ya ven el problema en toda su magnitud: el gran sobre-coste llamado Estado. Y también recordemos que se habla bastante de que los propios taxistas en previsión de la chapuza estatal seguramente hayan adquirido licencias VTC.

Llegados a este punto cabe invitar a los taxistas a reflexionar y entender el por qué su modo de vida está abocado a la desaparición. Quién realmente les ha condenado al fracaso no han sido ni los Uber, ni los Cabify, ni siquiera, nosotros los consumidores, sino el propio Estado que les ha licenciado con un sobrecoste que, nosotros, los consumidores, antiguos rehenes del taxi, no queremos seguir siendo tales, y queremos tener Libertad de escoger. Supongamos que hablamos del pan, un alimento esencial. Hay panaderos que eligen operar bajo licencia porque así le pagan al matón de turno por su “seguridad”. Ello le empuja a encarecer la barra de pan de 80 céntimos a 1,6 euros. Pero hay otros panaderos alternativos que producen y me venden a 80 céntimos en lugar de  1,6 euros y hasta me dan mejor servicio y la calidad del pan es superior porque se permiten invertir en mejores ingredientes y mejores máquinas. Es decir, estos otros panaderos han hecho sus cálculos. Tras ver que pagarle al matón de turno para una “sobre-protección” en realidad les limita mucho más su negocio a largo plazo y su seguridad económica, deciden irse al mercado libre. También su decisión ha sido claramente condicionada por las licencias imposibles de conseguir para poder prestar el servicio, porque recordemos que el Estado no otorga licencias de forma automática pagando un coste normal, sino limita y mucho la cantidad de estas licencias. El sentido común les dicta a estos panaderos que ni pueden asumir, ni quieren asumir un modelo viejo. Además, su mentalidad moderna no está tampoco dispuesta a entrar en los trapicheos y las corruptelas intrínsecas a todo modelo basado en la escasez; el modelo de licencias. Como consumidora estoy en mi derecho de comprar el servicio que YO elija, no el que me imponga el panadero “licenciado” por mucha licencia vistosa y llena de sellos que tenga.

Pues esto es lo mismo con la lucha taxista, antes con el lobby hotelero en contra de los pisos turísticos y en el futuro con los ataques a servicios de reparto a domicilio tipo Glovo. En toda la historia de la Humanidad siempre que hemos avanzando hacia mayor progreso, ha habido modelos económicos y sociales que se han vuelto obsoletos. Ahora ha llegado el momento del taxi. Puede que con este gobierno socialista, con el anterior también porque el PP ES también otro partido socialista, hayan pensado que ganaron. Puede que estén ganando una ínfima batalla, pan para hoy, hambre para mañana. Pero desde luego, yo les digo que NO han ganado, ni ganarán la guerra del libre mercado. Por mucho que pongan palos en la rueda del progreso de la mano del libre mercado, la rueda seguirá avanzando. Las expresiones libertarias serán cada vez más presentes en nuestra actividad económica y social, y por fortuna llegan también al terreno político de la mano de los libertarios.

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Autónoma, de profesión jurista y traductora, actualmente desempeña el cargo de Presidenta de la Fundación para el Avance de la Libertad y de Secretaria General del Partido Libertario (P-LIB).

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