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Recientemente el equipo científico del Hospital General de Massachusetts nos sorprendían con el anuncio del primer corazón que no generará rechazo en cualquier paciente de trasplante que lo reciba. Los científicos llevan trabajando desde 2008 en buscar las maneras de vencer la incompatibilidad que se da entre un paciente y un corazón nuevo y parece que una solución ya está a la vuelta de la esquina: la población masiva de células madre del paciente a la estructura del corazón que se le trasplantará. Aunque parezca ciencia-ficción, el primer corazón completamente funcional ya ha superado las primeras pruebas funcionado con normalidad durante 14 días en un simulador que reproduce exactamente un humano. No me centraré en el avance médico-científico sino en la argumentación que hay detrás de ello, argumentación expuesta por el jefe del equipo de investigación del proyecto, Harald Ott. Dice Ott que la generación de miocardio personalizado poblado de células madre del paciente es un paso importante hacia nuevas estrategias de para la ingeniería de aparatos que potencien soluciones y terapias médicas diseñadas específicamente para cada individuo, lo que ayudará combatir de forma más eficiente la enfermedad. En un artículo anterior hablaba de la solución libertaria a una enfermedad mortal como el cáncer hablando de los grandes avances llevados a cabo en este campo y que tienen una fuerte componente individual.

En efecto, como Ott explica en referencia al objetivo último del corazón a medida, al final todo cuanto emprendemos sea en la esfera científica, social, cultural, económica y política lleva inevitablemente hacia la personalización de las cosas, hacia la individualización. Los colectivistas nos quieren hacer creer que seguimos en el consenso de las masas importan, sin individualizar cuando el mundo, la sociedad, la medicina de la mano de los avances tecnológicos y científicos siempre trabajaron y siempre lo harán con y para el individuo como núcleo de esas acciones. En este sentido, cualquier avance por muy pequeño y grande que sea no hace sino reconfirmar la posición libertaria en la forma de ver, comprender y construir los proyectos vitales de los seres humanos para el siglo XXI. La salud es un aspecto demasiado esencial como para estatalizarlo alejándolo del ámbito privado, de la misma manera en la que no se nos ocurre pedir la estatalización de la alimentación, lo que siempre lleva a la escasez, desaparición de la mayoría de los productos del mercado, y totalitarismo ya visto allí donde se ha implementado.

La legítima persecución de objetivos económicos, entre otros, por parte del equipo de investigación del hospital privado de Massachusetts nos ofrece aquellos productos sanitarios que el mercado de pacientes en espera de un trasplante necesita. Estoy convencida que el equipo de especialistas de Harald Ott trabajaron usando sus conocimientos, su pasión, su pericia y por supuesto su interés personal, incluyendo la obtención y mantenimiento de una buena posición económica que les permita la tranquilidad mental y el enfoque necesarios para volcar su atención en concluir con éxito este proyecto. Y el resultado de una inversión privada en dinero y esfuerzo personales de un grupo de individuos es que hoy todos nosotros, los potenciales receptores de un trasplante, estemos más cerca de acceder a nuestro corazón a medida.

[/vc_column_text][vc_separator color=”custom” border_width=”2″ accent_color=”#c4bd00″][vc_column_text]Acerca de la autora: Roxana Nicula

Consultora en el sector internacional de la consultoría en comunicación, posicionamiento online y servicios de traducción. Especialista en creación y gestión de estrategias transversales en Internet para la medición, el seguimiento y el posicionamiento de todo tipo de marcas. Emprendedora y autónoma. Desde diciembre de 2014, Secretaria de Organización del Partido Libertario (P-LIB) y miembro de su Comité Ejecutivo Federal.[/vc_column_text][vc_raw_html]JTNDaWZyYW1lJTIwd2lkdGglM0QlMjI0MjAlMjIlMjBoZWlnaHQlM0QlMjIzMTUlMjIlMjBzcmMlM0QlMjJodHRwcyUzQSUyRiUyRnd3dy55b3V0dWJlLmNvbSUyRmVtYmVkJTJGdWtuc1FIcGtBYUklMjIlMjBmcmFtZWJvcmRlciUzRCUyMjAlMjIlMjBhbGxvd2Z1bGxzY3JlZW4lM0UlM0MlMkZpZnJhbWUlM0U=[/vc_raw_html][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-default”][vc_raw_html]JTNDc2NyaXB0JTIwYXN5bmMlMjBzcmMlM0QlMjIlMkYlMkZwYWdlYWQyLmdvb2dsZXN5bmRpY2F0aW9uLmNvbSUyRnBhZ2VhZCUyRmpzJTJGYWRzYnlnb29nbGUuanMlMjIlM0UlM0MlMkZzY3JpcHQlM0UlMEElM0MlMjEtLSUyMFRoZSUyMEhlcmFsZCUyMFBvc3QlMjAtLSUzRSUwQSUzQ2lucyUyMGNsYXNzJTNEJTIyYWRzYnlnb29nbGUlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBzdHlsZSUzRCUyMmRpc3BsYXklM0FibG9jayUyMiUwQSUyMCUyMCUyMCUyMCUyMGRhdGEtYWQtY2xpZW50JTNEJTIyY2EtcHViLTI3Mzk3OTY5NDgzNDk5MTAlMjIlMEElMjAlMjAlMjAlMjAlMjBkYXRhLWFkLXNsb3QlM0QlMjI2MjIxMjAwMTgxJTIyJTBBJTIwJTIwJTIwJTIwJTIwZGF0YS1hZC1mb3JtYXQlM0QlMjJhdXRvJTIyJTNFJTNDJTJGaW5zJTNFJTBBJTNDc2NyaXB0JTNFJTBBJTI4YWRzYnlnb29nbGUlMjAlM0QlMjB3aW5kb3cuYWRzYnlnb29nbGUlMjAlN0MlN0MlMjAlNUIlNUQlMjkucHVzaCUyOCU3QiU3RCUyOSUzQiUwQSUzQyUyRnNjcmlwdCUzRQ==[/vc_raw_html][vc_widget_sidebar sidebar_id=”td-footer-2″]

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Un corazón a medida
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