Entre las brumas de la sobremesa, el telediario se dibuja como una sombra de la realidad, confundiéndose con una especie de junta de vecinos discutiendo sobre el sexo de los ángeles. La manía de rellenar tiempo en televisión puede ejercer un delirio nocivo en nuestros dirigentes políticos, alienados por su psicopatía natural, pero agravado por el consumo de ficción, como la de los telediarios. El resultado: las cosas que se comentan en los telediarios pueden convertirse en leyes reales.

Ahora los medios le dan vueltas a esta historia de que los robots coticen a la seguridad social. El tiempo libre abre puertas a la creatividad de políticos destinados a ciudades europeas, que han encontrado una nueva manera de extorsionar al maldito empresario. Cuando veo a Correa, o al del móvil de la bellota, a los de los sellos o a los políticos europeos, siempre me acuerdo de aquella frase que De Niro le decía a su hijo en la pantalla, “Talento malgastado”. Si dedicaran su tiempo a algo útil, seguro que algo lograban. Pero, no.

Tenemos una nueva amenaza: miles de folios en legislación, que en primer lugar deberá aclarar qué es un robot. En segundo lugar, a cuántas personas sustituye. ¿Cuánto debe cotizar un aspirador doméstico autónomo? Si gobernara PACMA, ¿los robots que sustituyen animales también deben cotizar? ¿Podría haber corridas electrónicas con muerte? ¿Pertenecerían a grupos de cotización? ¿Quién negocia los convenios?

Tamañas mentes no se detienen a la simple extorsión para no dotarla de poesía. En sus pretensiones se incluye denominarlas ‘personas electrónicas’ y dotarlos, cómo no hacerlo, de derechos y obligaciones.

A mi me gustó mucho la película póstuma de Kubrick, que quizás Stanley hubiera dirigido diferente, pero el mensaje estaba ahí. Ahora bien, no debemos caer en la ilusión de que las máquinas hablan: ejecutan programas. E incluso si la inteligencia artificial y los ordenadores cuánticos son capaces de desarrollar personalidad, voluntad y un código ético propio: ¿hasta que punto alguien que supere en todos los sentidos a un ser humano va a querer ser juzgado por sus inferiores? ¿Es eso vida?

La necesidad de que los robots coticen es ninguna. Si ocurriera que todos los robots sustituyen el trabajo humano, siendo que se obtienen mayor cantidad de materias primas y su productividad fuera mayor, ¿qué necesidad habría de trabajar? ¿Acaso no es ese el sueño de todo trabajador y turbocapitalista? Alguien que siembre, descuartice, cocine, construya, cure, sermonee, repare… si todo está cubierto ¿cotizar para qué?

Eso sin pensar que los humanos, por su curiosidad natural, aumentarán exponencialmente sus capacidades, gracias a estas herramientas, y surgirán miles de oportunidades.

¿A qué puede obedecer estas propuestas delirantes? Sólo puede ser querer aumentar la recaudación y los puestos del Estado. Al final, se quedará en que estimen cuánto es el salario necesario que necesita un ciudadano, y el resto le será confiscado con múltiples impuestos y tasas. Es un comunismo explicado al revés: no se toma todo para repartirlo, se entrega todo y se requisa la mayor parte. Y esta memez de darle la vuelta a la tortilla ha conquistado a miles de personas.

El panorama es atroz, amigos. La explosión zombi no es como la contó Romero.

Gerónimo Perea


Acerca del autor: Gerónimo Perea

Soy gestor de patrimonio inmobiliario. Autónomo. Emprendedor. Multidisciplinar. Lo más importante, mi familia. Página personal

 

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